Desde terreno nos escribe nuestra compañera Olivia Zinzan.
La semana pasada me quedaba con el sabor dulce de la historia que me contaba mi compañera Grace, coordinadora de la respuesta a emergencias aquí en Filipinas. En el centro de evacuación conoció a una mujer que con ocho meses de embarazo había tenido que abandonar su hogar y que llevaba unos días con las cientos de personas que se refugiaban en el centro de evacuación. Grace reconoció enseguida el momento en el que la mujer comenzaba a tener contracciones fuertes y demasiado seguidas al tiempo que comprobó que padecía una deficiencia de potasio por los dolorosos calambres que estaba sufriendo en las piernas.
No había ninguna ambulancia disponible en el centro así que Grace la llevó en el coche de Save the Children hasta el centro sanitario más cercano. Allí no había incubadora, una máquina que podía salvar la vida de un bebé que llegaba con antelación y en circunstancias complicadas. No había otra opción y Grace decidió conducir hasta el hospital del distrito, a dos horas de distancia y ya en mitad de la noche.
El bebé nació prematuramente pero él y su madre están seguros en el hospital de distrito, donde la incubadora y el personal sanitario están ofreciéndoles los mejores cuidados para poder seguir con su vida “en casa”.
Para este bebé recién nacido, es probable que la vida “en casa” empezará en el centro de evacuación con cientos de personas y familias.
Durante la semana pasada, he visitado varios de estos centros de evacuación que están siendo hogar para más de 170.000 personas ya que siguen las inundaciones en muchas provincias del país.
Viviendo en la escuela
El Colegio Nacional Nereo Joaquin en la provincia de Laguna se convirtió en hogar para 800 personas de la noche a la mañana.
La escuela se ha dividido en dos, con las clases que continúan en cualquier espacio posible. Dando una vuelta por el centro me fijé en un bebé que trataba de dormir sobre una pila de ropa en una de las clases. Se llama Marie Cris y apenas tiene un mes de vida. Había nacido una semana antes de que las inundaciones destruyeran la mayor parte de la casa de su familia y fuesen forzados a evacuarla.
Ahora, la pequeña está viviendo en una clase con otras 24 familias, 99 personas y con apenas un baño para todos.
En una clase un piso más arriba, conocí a Rowena, que está en su noveno mes de embarazo y a punto de dar a luz a su sexto hijo. “Volveré aquí con el bebé porque todavía hay mucho barro en casa”, me contaba. “Es mejor estar aquí porque mi casa está cerca del río y hay muchas bacterias que podrían infectar al bebé.”
Por muy saturado y sucio que esté el centro de evacuación, la situación está mucho mejor que la que tienen en sus casas, muchas de las cuales permanecen inundadas.
Toda la atención a los recién nacidos
En los centros de evacuación estamos distribuyendo kits para los bebés y recién nacidos con pañales, cremas, jabones, ropa, etc. También compartimos sesiones con las madres embarazadas y lactantes para apoyarlas en la lactancia.
En el distrito siguiente, estuve visitando el Edificio Municipal que también está siendo utilizado como centro de evacuación. Más de tres bebés han nacido aquí desde que comenzaron las inudaciones. Marki nació justo un día después de que llegará el agua; su abuela le cogió en brazos y no le soltó hasta que estuvieron a salvo.
Su hogar es por el momento un pequeño trozo de suelo en uno de los pasillos del edificio donde su familia ha marcado un pequeño espacio con cajas y las escasas pertenencias que fueron capaces de coger de sus casas.
Para muchos de esos bebés, junto con cientos de miles de niños y adultos, estos centros de evacuación seguirán siendo un hogar durante los próximos meses.
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Tags: Filipinas, inundaciones




Gracias, Gracias!!! por vuestras informaciones. Aunque sean dolorosas, nos dan alegría de que se hace algo. Nos dan esperanza de que se puede seguir ayudando.
Soy Patrona de Save the Children y agradezco profundamente estas informaciones. Seguiremos ayudando desde cualquier sitio que estemos. Un abrazo. Merche.
Me siento feliz de colaborar por la tristeza vista en las imagenes.