Relato desde Mali: “No siento paz en mi cabeza”

El siguiente post ha sido escrito por nuestra compañera en Mali, Annie Bodmer-Roy.

Con esta frase terminaba su testimonio Aissatou, la joven de 15 años a la que entrevisté ayer. Habíamos estado hablando durante casi una hora, tenia muchas cosas que contarme. Y lo más sorprendente es que fuera capaz de contármelo después de todo por lo que ha pasado.

Forzada a abandonar su hogar hace más de un año, Aissatou estaba embarazada de ocho meses. Tenía entonces 14 años y apenas un mes después daba a luz a su hijo Salam mientras  huia, teniéndose que alojarse en Gao.

Todavía recuerda el día en que los rebeldes entraron en su pueblo; las palabras llegan duditatibamente al principio, en pequeñas piezas. “Tenía mucho miedo”, comienza. Le preguto qué estaba haciendo antes de que el ataque comenzase. “Me estaba divirtiendo, estaba jugando con mis amigas. Todo el mundo estaba fuera, era viernes.”

“Primero escuchamos los disparos”, recuerda. “Creíamos que era el ejército. Después empezamos a ver a la gente correr por todas partes.” Aissatou me cuenta que empezó a correr también, directamente hacia su casa. Y allí se quedó durante dos días seguidos, sin salir ni un segundo.

Fue el tercer día cuando finalmente decidió salir para saber qué había pasado. Una de sus amigas había resultado herida por una bala. Estaba viva pero necesitaba urgentemente atención sanitaria y había tenido que huir hacia un campo de refugiados en Níger.

La familia de Aissatou también había resultado directamente afectada. Mientras describe lo que había ocurrido, su relato comienza a apresurarse al tratar de encontrar lo antes posible las palabras exactas. Me cuenta que su cuñado fue acusado de robo y después trata de explicarme que bajo el control de los rebeldes, el castigo frente a este tipo de delitos es la amputación. Aissatou me cuenta que vio a su cuñado después de se le aplicara el castigo: su mano le fue amputada de su muñeca.  Su mirada se dirige a sus propias manos mientras me cuenta el terrible relato, dibujando con el dedo índice de su mano una linea invisible sobre la muñeca de su mano izquierda. “No era verdad”, me explica mirándome a los ojos. “Él no había robado nada”.

Pero el golpe más duro para Aissatou fue lo siguiente, lo que le sucedió a su amiga Ines. Y es en ese momento, al contarme la historia de su amiga Ines, cuando las palabras salen solas de su boca. Me mira directamente a los ojos y puede ver entonces los horrorosos acontecimientos que vuelven a proyectarse en su mente mientras trata de describirlos.

“Los rebeldes entraron en el poblado y se llevaron a las niñas; no a las mujeres, solo a las niñas. Tenían 15, 16 y 17 años. Dijeron que necesitaban a las niñas para prepararles la comida. Las metieron en sus coches y se las llevaron al bosque. Y allí las dejaron después de violarlas, pero antes de irse, volvieron a golpearlas. Lo se porque mi amiga fue una de esas niñas. Había 16 niñas en total. Mi amiga Ines tiene solo 15 años. Entonces tenia 14, como yo – íbamos al colegio juntas”, el rostro de Aissatou, junto a su relato, refleja una auténtica imagen de lo que le sucedió a su amiga Ines.

“Me contó que la cogieron por la fuerza. La amenazaron con sus armas para forzarla a acostarse con ellos. Había 20 hombres y solo 16 niñas, por lo que algunos de los hombres compartieron a la misma niña para violarla. Ines tuvo suerte: solo abuso de ella un hombre. Sin embargo, después de terminar la golpeó hasta cinco veces con una vara grande antes de que lograse escapar.”

Golpeada y abusada, la compañera de colegio de 14 años de Aissatou huyó del bosque pero, en medio de la confusion, se calló al suelo al llegar a la carretera. Aissatou me explica que así fue como la encontraron los hombres del poblado que la llevaron de vuelta a casa. Ines le contó su historia a su compañera de clase antes de que Aissatou cogiese a su hermano y la llevase al hospital. Aissatou y su familia huyeron del pueblo al día siguiente. Desde entonces –hace más de un año- no ha vuelto a saber nada de Ines.

Cuando termina su historia, Aissatou hace una breve pausa. Mira al suelo por un segundo totalmente insimismada. “Incluso ahorra, incluso estando aquí”, comienza, “…no logro olvida lo que ocurrió. Mi cabeza está llena del recuerdo de todos estos eventos –lo que le ocurrió a mi familia,  lo que le ocurrió a mis amigos…” Me mira una última vez tratando de que yo logre entenderla.

“No siento paz en mi cabeza”

*los nombres de las niñas han sido modificados por la protección de sus identidades.

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