Estradas para la Categoría ‘Sin categoría’

La importancia de la comunidad antes y después de una emergencia

10 de Febrero de 2012 | 3:37 pm

Nuestra compañera Elisa Barbado nos escribe desde Honduras, que en octubre sufría las consecuencias del paso de la Depresión Tropical E-12.

Buenas de nuevo! Esta vez reportando desde Honduras!!
En esta ocasión, he tenido la oportunidad de viajar a este maravilloso país centro americano que desgraciadamente tuvo que sobrellevar las inundaciones provocadas por la Depresión Tropical E-12 el pasado octubre.

Save the Children España, gracias al apoyo financiero de la AECID, y junto a su organización hermana en Honduras, está gestionando un proyecto de respuesta a emergencias con especial énfasis en protección a la niñez y al acceso a la educación.

Entre las actividades que se están realizando está la creación de Espacio seguros y amigables para la infancia donde las niñas y los niños recuperan su derecho al desarrollo, al aprendizaje y al juego, a la vez que son acompañados a su recuperación psico-emocional después de la emergencia. También se destacan las Escuelas Portátiles, donde los niños y las niñas que vieron impedido su acceso a la escuela durante las inundaciones, pueden recibir ahora un apoyo en sus procesos de lectoescritura y cálculo.

Anterior a estas actividades, las comunidades fueron capacitadas en temáticas importantes como la protección de la infancia en contextos de emergencias así como se les pudo entregar kits de alimento, de higiene y de cocina.  La comunidad es un actor clave en la respuesta y por ello de manera voluntaria participan también en comités de limpieza y drenaje colaborando en las obras de construcción y mejoramiento que el proyecto esté realizando en la zona.

Como veis en la foto, no faltan voluntarios  para agradecer a Save the Children y la cooperación española por haber colaborado en la respuesta a la emergencia en el sur del país.

Ser adolescente en Haití

11 de Enero de 2012 | 1:17 pm

Nuestro compañero Lane Hartill nos escribe desde Puerto Príncipe.

¿Qué significa ser adolescente en Haití?

Bueno, todo depende.

Si tus padres tienen medios, podrás ir a un colegio privado en Petionville, un barrio situado en lo alto de una colina en Puerto Príncipe donde se concentran los mejores locales y restaurantes de la ciudad. Alguien te llevará a la escuela. Tu uniforme habrá sido lavado con detergente y lavadora y cada día, lo llevarás a la escuela perfectamente planchado.

¿Suena bastante normal, no?

No lo es. En Haití, esta vida es más que un sueño para la mayoría de los niños y niñas.

Si vas al campo de desplazados de Gaston Margron, en el vecindario de Carrefour, te  encontrarás con una familia al completo de adolescentes; sin padres, son ellos los que gestionan todo. Marclene, un joven de 19 años, actúa como la madre de sus tres hermanas. Comparte una pequeña y sofocante tienda de campaña con su hermana, Darline, que recientemente ha tenido un bebé, Marckensley. Las dos hermanas duermen en un colchón sobre el suelo, con el bebé en el medio. La hermana más pequeña, Mouna, duerme fuera de la tienda, también sobre un colchón. Su ropa –la de ella y la de todas las hermanas- cuelga sobre la parte exterior de la tienda de campaña.

Cuando las visité, no tenían dinero para detergente; lavan la ropa en una gran barreño con agua. El mismo en el que también ellas se bañan; tampoco tienen dinero para jabón, así que simplemente se mojan con el mismo agua.

Sus principales preocupaciones son bastante básicas: comida, agua y donde dormir. Dependen de su hermano, Ted, que vende bolsas de plástico con agua en el mercado. Pero apenas saca unos peniques por cada bolsa, por lo que tiene que vender cientos de bolsas para ganar unos dólares. Me cuenta que consigue reunir 1 dólar al día. Todo el dinero que tienen para vivir los cinco hermanos.

Sin rendirse

La vida es dura, pero Marclene trata de no rendirse. Reza mucho –su Biblia, en creole, tiene totalmente desgastados los bordes- e intenta mantenerse positiva. Como cualquier joven de su edad, reunió el dinero suficiente para comprarse un móvil, pero encontrar dinero para cargarlo es algo prácticamente imposible.

Muchos chicos y chicas, niños y niñas, viven como Marclene y su familia. No es una vida fácil, pero ahí están. Hay una cosa por la que no se tienen que preocupar: la atención sanitaria. Save the Children cuenta con varias clínicas en el campamento y ofrece cuidado médico gratuito para todos los habitantes del campo. Cada mes recibimos entre 4.500 y 5.000 personas.

A pesar de que las noticias que llegan desde Haití son a menudo nefastas, no debemos abandonar el país. Los haitianos no lo hacen y esa debe ser la primera lección que debemos aprender.

2011. Un año de emergencias, un año de respuestas.

9 de Enero de 2012 | 4:20 pm

Nuestra compañera Catherine nos resume el que ha sido uno de los años más intensos para el equipo internacional de emergencias de Save the Children.

2011 ha sido uno de los años más intensos para el equipo de emergencias de Save the Children en todo el mundo. El más intenso en nuestros más de 90 años: 45 emergencias en 38 países diferentes.

Y en cada una de estas 45 emergencias, siempre, los primeros días resultan críticos. Es muy siempre, una línea que marca la diferencia entre la vida y la muerte. Cuanto más rápido se responda a una emergencia, más vidas se lograrán salvar.

Este año llevamos aviones a zonas de conflicto, nos enfrentamos a la amenaza nuclear en Japón, lanzamos respuestas frente a un número enorme de inundaciones, sequías y terremotos.

Y hoy, 31 de diciembre, seguimos trabajando a un ritmo constante, con precaución, pero sin descanso, en países dominados por el conflicto. A lo largo de todo este año que hoy acaba hemos logrado llegar a más de 3.3 millones de niños y niñas en situaciones de emergencia.

Hemos usado barcas destartaladas para distribuir ayuda entre las familias de Sri Lanka, donde las peores lluvias en 100 años habían forzado a las personas a abandonar sus hogares. Fuimos capaces de responder de inmediato, distribuyendo paquetes de comida y artículos esenciales entre más de 4.000 personas.

Apenas unos días después, Brasil sufría también unas fuertes lluvias que causaron enormes desprendimientos, provocando la muertes de alrededor de 500 personas y dejando sin acceso a multitud de hogares y escuelas. Dimos apoyo a más de 9.000 niños y niñas y les ayudamos a superar la situación.

Libia

Los violentos enfrentamientos en Libia expusieron a miles de niños y niñas en peligro, dejando a las familias sin gasolina, agua o electricidad.

Un grupo de emergencia entró en Libia, bajo riesgo extremo, para distribuir artículos esenciales entre las familias y ayudando a los niños y niñas aterrorizados, incapaces de huir de las escenas de violencia y muerte. Las paredes de nuestra oficina quedaron empapeladas de mapas del país, necesitábamos saber al instante el recorrido que seguían los enfrentamientos para saber por donde podíamos acceder para ofrecer ayuda.

Japón

En marzo del año pasado, un enorme terremoto golpeó la costa este de Japón, seguido de un terrible tsunami y múltiples réplica que provocaron la muerte de más de 15.000 personas.

La destrucción hizo que cientos de miles de niños, niñas y familias se quedaran ningún tipo de refugio y dejó a muchos niños y niñas separados de sus padres en medio del pánico y el caos. Desde Save the Children lanzamos una acción inmediata, con un llamamiento que nos permitió llegar a más de 5.000 personas.

Costa de Marfil

La violencia en Costa de Marfil puso en peligro a miles de niños y niñas que quedaron atrapados en sus hogares, por el temor de huir. Muchos otros escaparon con sus familias – o separados de ellas- a campos de desplazados en su país o en la vecina Liberia.

Desde el principio de la emergencia, estuvimos allí distribuyendo ayuda inmediata (alimentos, jabón, mantas y colchones). Nuestros compañeros y compañeras trabajaron sin descanso para reunir a los niños y niñas que se habían visto separados de sus familias y apoyando a todos aquellos que más ayuda precisaban.

Cuerno de África

Millones de niños y niñas se ha visto expuestos al hambre extrema tras la devastadora sequía que sufrió toda la región del Cuerno de África. Nosotros ya estábamos allí cuando se lanzaron las primeras alertas. De hecho, mucho antes de que se hicieran oficiales y junto con muchas otras organizaciones que estábamos en terreno, lanzamos alarmas importantes de la situación que ya se predecía.

Los medios de comunicación mundiales empezaron a informar de la situación en junio. El número de personas en riesgo fue creciendo vertiginosamente: de los 7 millones en el mes de junio a los 13 millones de personas afectadas en la actualidad. La del Cuerno de África representa nuestra respuesta más importante en los más de 90 años de trabajo.

Sin el dinero que contamos en nuestro Fondo de Emergencias tendríamos que haber espearado a que los medios mundiales empezaran a informar para así poder justificar nuestros llamamientos. Sin embargo, gracias a vuestro apoyo y a los muchos años de trabajo y experiencia, no tenemos que esperar. Ya estamos allí.

Historias de reencuentros en Etiopía

30 de Noviembre de 2011 | 2:50 pm

Nuestro compañero Getachew Dibaba comparte una preciosa historia de reencuentros desde el campo de refugiados de Boqolmayo, en Etiopía.

Kedeja Adem, de 34 años, llegó a Etiopía con sus cuatros hijas y uno de sus hijos desde Somalia, hace tres años, cuando su país sufría el conflicto que supuso multitud de retos físicos, emocionales y psicológicos para su población. También para Kedeja, que se vio obligada a trasladarse a este campo de refugiados de Boqolmayo. Aunque se encuentra en un lugar mucho más seguro para ella y para sus hijos, no ha dejado de sentir el dolor de haber dejado a sus otros dos hijos en su país, junto a su madre.

“Incluso sintiéndome segura en este campo, estaba muy preocupada de mis dos hijos y de la familia que he dejado en Somalia. No sabía qué hacer para ayudarles”, comenta Kedeja.

Cuando el flujo de refugiados comenzó en julio debido a la sequía extrema y el conflicto que asolaba el país vecino, Kedeja pensó que mucha gente se desplazaría hacia Etiopía, pero nunca creyó que también sus dos hijos tomarían esa decisión. Tampoco estaba segura de cómo personas que se conocían podrían encontrarse en los campos de refugiados, teniendo en cuenta que cada día llegaban más de 1000 personas a Dolo para trasladarse a cada uno de los cuatro campos asentados en esta zona fronteriza entre Somalia y Etiopía.

“Estaba muy triste y solía llorar todos los días”, nos cuenta Kedeja, recordando el tiempo de separación entre ella y sus hijos.

El reencuentro

Hablamos en pasado de la tristeza porque a veces, las cosas cambian. Para Kedeja todo cambió cuando se produjo la reunificación con sus dos hijos, Meslah y Assad, que llegaron a Dolo en agosto y pudieron encontrar a su madre gracias a Save the Children.

“Lloré, lloré mucho pero esta vez era la alegría la que me hacía llorar. Nunca creí que volvería a verles”, cuenta Kedeja. “Agradezco mucho a las personas de Save the Children haber hecho el esfuerzo para ayudarme a reunirme con ellos”.

“Estábamos con nuestra abuela, pero cuando murió no teníamos ningún sitio donde ir”, nos cuenta Meslah. “Siempre tuve la esperanza de que volvería a encontrarme con ella algún día. Cuando llegamos a Dolo, le dijimos a la gente del campo que queríamos encontrar a nuestra madre. Después de unos días nos trajeron al campo de Boqolmayo y encontramos a nuestra madre. Me puse muy contento de verla de nuevo, muy feliz”, insiste Meslah, que tiene ahora 16 años.
“Quiero recibir educación aquí y algún día convertirme en médico”, continúa Mesah.

El programa de protección de Save the Children ayuda a buscar y reunificar en los campos a los niños y niñas que han sido separados de sus familias. También hemos establecido un Comité de Protección en los campos en los que los miembros son los propios refugiados y que no solo se ocupan de ayudar a la reunificación sino que también protegen a los niños y niñas de cualquier peligro.

Testimonios difíciles de asimilar

4 de Noviembre de 2011 | 12:54 pm

Nuestra compañera Caterine continúa relatando las cosas que ve y siente mientras trabaja en la emergencia en Somalia. El testimonio de hoy es muy duro pero, al igual que la situación de muchas personas en el país, real como la vida misma.

Estoy al lado de una charca de agua estancada. Parece bastante inofensiva –sucia y llena de escombros- pero inofensiva.

Cuesta creer que apenas hace unos días este agua corría con fuerza por todo el campo de Sigale, dejando una oleada de destrucción a su paso.

El líder de la comunidad me habla de los retos a los que se enfrenta la gente aquí. Le hace una seña para que se acerque a una mujer mayor que permanece sentada junto a una niña.

La historia de Nuria

Su nombre es Nuria y llegó a Mogadiscio hace unos meses. Me quiere hablar de su hija y su experiencia durante las pasadas inundaciones.

Instintivamente miro a la pequeña que está junto a ella y que ahora le coge de la mano. “No, no”, me dice suavemente Nuria, “mi hija es su madre”

“Mi hija Sophia, estaba al final de su embarazo cuando empezaron las lluvias, ya había salido de cuentas y podía dar a luz cualquier día. Estábamos pensando en criar al pequeño juntas”.

“Pero estaba preocupada. No había comido durante muchos días y eso es algo muy malo si  estás embarazada. No había nada para comer. Mendigamos por comida, pero qué puedes conseguir cuando nadie a tu alrededor tiene comida?”

“Aquella noche Sophia había empezado a tener dolores muy fuertes. Estaba tumbada sobre el suelo en nuestra choza y el agua de la lluvia entraba por todas partes. Entonces empezó con el parto”.

“Yo estaba con ella y otras cinco mujeres estaban también allí intentando ayudarla. Pero la lluvia caía con fuerza y en seguida el nivel del agua subió tanto que tuvimos que cogerla y sacarla de la choza”

“No sabíamos donde podíamos llevarla, alrededor nuestra solo había gente corriendo y escapando del agua. Todas la sujetábamos en brazos y la posamos en una zona más elevada”.

“Conmigo también estaba mi nieta de seis años”. Miro a Shamos –que así se llama la niña-  pero es muy tímida y escapa la mirada.

“Me sente con Sophie e intenté animarla, pero estaba muy cansada y asustada por todo el caos alrededor. Estaba demasiado cansada para terminar con el parto y empezó a temblar de frío. Estaba muy mojada. No había ningún sitio cubierto donde protegernos de la lluvia. Yo la intentaba reanimar para que siguiese con el parto”.

“Después de un rato Sophia dejó de responderme”.

Nuria deja de hablar para recuperar su postura y sacude su cabeza con fuerza. “Sophia dejó de empujar al bebé hacia fuera”.

“Lo intentamos todo pero los dos murieron”

“Ahora estoy sola con Shamso y es muy duro. Soy ya mayor y Shamso echa de menos a su madre”.

“¿Qué vamos a hacer para sobrevivir? No hay comida, ni agua, ni refugio. Estoy desesperada”.

La tercera calamidad: llega la lluvia a Mogadiscio

19 de Octubre de 2011 | 3:45 pm

Han empezado las lluvias. En un país agotado por la sed, donde miles de personas y una gran cantidad del ganado ha muerto como consecuencia de la sequía, podrías pensar que la llegada de la lluvia es la mejor noticia que pueden recibir.

Y nuestra oficina de Somalia es todo un hervidero de actividad – pero no porque lo estemos celebrando.

Mientras que la lluvia será muy bien recibida en muchas áreas de la región, en Mogadiscio estamos organizando con urgencia una nueva respuesta: la de las lluvias y las consecuentes inundaciones.

Triple calamidad

Las paredes de nuestra oficina ya estaban cubiertas con mapas de Somalia y las rutas de acceso. El coordinador de nuestro equipo sobrevive a base de una dieta de cigarros y este que me estoy tomando, ya es el cuatro café del día.

Todo el mundo está agotado. La de Somalia ya es una triple calamidad – sequía, después las inundaciones y, por encima de todo, el constante estado de guerra.

Y son las personas que viven en los campos las que se encuentran al borde de la supervivencia.

Los campos

Los campos en Mogadiscio se denominan campamentos para desplazados internos. Estas personas han huido des sus hogares, temiendo su seguridad o desesperados por encontrar algo para comer o, en el peor de los casos, empujados por ambas situaciones.

Las familias vienen a Mogadiscio con la esperanza de encontrar algo –un poco de comida, agua limpia o un lugar seguro donde sobrevivir. Los buenos sitios ya están cogidos –hay edificios, casas y tiendas improvisadas. Hay otro terreno cerca, en peores condiciones pero que, de igual modo, ya está cogido por aquellos que no pueden permitirse los edificios, las casas ni las tiendas.

El único espacio que queda libre para vivir es donde nadie quiere ir. Son las tierras más bajas, con tendencia a inundarse o bien en las fueras de los asentamientos, siempre los más peligrosos.

O puede ser un lugar donde se junten todas las peores condiciones, con el campamento de Sigale, peligroso y localizado en un lugar en donde las inundaciones son una amenaza. Pero estás desesperado y te vas a quedar.

Ahora han llegado las lluvias y ya se han apoderado del campo, que ya está completamente rodeado por un remolino de agua y barro.

Las letrinas se han inundado y todo está sucio. Tus hijos todavía juegan porque son niños, pero juegan en una agua demasiado sucia que probablemente les hará ponerse enfermos.

No tienes ningún sitio donde lavarte las manos, hacer la comida y mucho menos lavar la ropa. Es peligroso y además es indigno. Y lo mismo seguirá ocurriendo durante todo el mes, porque ese es el tiempo que duran aquí las lluvias.

Es solo cuestión de tiempo que las enfermedades transmitidas por el agua empiecen a extenderse. El terreno está fértil: el lugar está mugriento y sobrepoblado.

Los niños y las niñas ya están muy débiles por la falta de comida, mucho más susceptibles frente a las enfermedades.

Hay mucho trabajo por hacer durante este mes, que se suma a la respuesta a la crisis alimentaria. Podemos intentar reconducir el agua, ayudar a drenarla fuera del campo, traer la mayor cantidad de suplementos sanitarios frente a la transmisión de enfermedades, etc.

Mogadiscio está catalogada como “la ciudad más peligrosa de la tierra”. Resulta paradójico pensar que incluso la lluvia –que tanto se ha esperado en el país y en todo la región- haya pasado a ser una brutal amenaza.

En Mogadiscio

14 de Octubre de 2011 | 6:23 pm

Un compañero recién llegado a Somalia comparte con todo detalle y sinceridad sus sensaciones durante su trabajo en terreno. Durante estos días compartiremos sus post porque nos parece importante recordar que detrás de organizaciones como la nuestra hay un montón de personas que trabajan muy duro pero que, sobre todo, sienten.

Este era mi primer viaje a Mogadiscio. Un avión pequeño, apenas 25 asientos. Una hora y media de vuelo en un día bastante nublado. Empezamos a descender y empiezo a ver el mar. La playa desde arriba parece increible. Preciosa, arena blanca, agua totalmente azul. Pero desierta.

Los aviones patrullan la costa. Helicópteros y aviones caza. Casi se puede palpar el peligro con las manos.

Nos esperan en el aeropuerto y, en un coche, nos llevan al hotel. Guardas armados nos escoltan detrás de nuestro coche. Las carreteras, igual que la playa, están totalmente desiertas.

Los edificios se levantan y se caen a ambos lados – todos están agujereados, algunos se mantienen en pie a duras penas. Las balas y las bombas marcan todo lo que alcanzo a ver.

Me han dado un chaleco antibalas pero se por experiencia que es mucho más dificil hablar con las familias y los niños con una barrera tan evidente como un chaleco antibalas. Decido no llevarlo.

Nuestro hotel está muy vigilado. Nos reunimos con el coordinador de terreno y con miembros de una de las asociaciones locales con las que trabajamos en Mogadiscio, El Centro para la Paz y la Democracia. Nos informan de todo meticulosamente, no podemos cometer errorres en un ambiente tan peligroso como el que vive actualmente la ciudad.

Compartimos oficina con el Centro para la Paz. No hay ningún signo, ningún cartel que indique que trabajamos allí. De nuevo, razones de seguridad.

Nuestros documentos no llevan logo, nuestras camisetas tampoco. Y sin embargo, todo los compañeros y compañeras trabajando aquí siguen los valores y la misión de Save the Children hasta en el detalle más insignificante.

El fantasma de la violencia

Después de comer, nos dirigimos hacia los campos de desplazados. Una visión desgarradora. Pequeños y abarrotados. Apenas hay espacio para respirar. He estado en muchos campos de desplazados antes, pero los de aquí son diferentes. El fantasma de la violencia y de la gerra está por todas partes.

Las familas viven en minúsculas chozas levantadas con restos de ropa y ramas de los árboles. Algunas de las chozas se han reforzado con mosquiteras. Pero muy pocas tienen lonas de plástico, lo que significa que no tienen ninguna protección frente a las lluvias.

En cada choza, las familias disponen de los utensilios más básicos y, solo quizás, una alfombra sobre la que dormir. Los niños están muy sucios. No hay suficiente agua para beber o para asearse. Todas las caras que me encuentro parecen agotadas de la lucha constante por sobrevivir aquí, en Mogadiscio.

En seguida puedes ver los reveladores signos de la falta de agua. Heridas en la piel que se infectan porque no hay agua para limpiarlas. Ya se han identificado muchos casos de sarampión y diarrea.

Hablar con las familias

Empecé mi trabajo hablando con los hombres y mujeres del campo de desplazados. Les hago las entrevistas con muchas preguntas: de dónde traen el agua, cuánta agua consiguen traer, cuánta necesitan, cuanto tienen, donde hacen sus necesidades, qué utilizan para recoger el agua, si se lavan las manos…

El trabajo aquí está en proceso, pero es dolorosamente lento. Y hay mucho que hacer. El agua y la comida son las preocupaciones principales. Supervivencia básica. No podemos pensar siquiera en ayudar a esta gente a prosperar- por ahora ayudarles a sobrevivir es nuestra principal preocupación.

Transmitir su desesperación

Las personas con las que hablo no dudan en expresar su desesperación. Me cuentan que vinieron a Mogadiscio porque no tenían agua en sus poblados. La mayoría llegan aquí tras días y días andando.

Hay muy poca verdura para comprar aquí. Con las mismas estructuras que utilizan para los hogares, se han levantado también pequeñas tiendas en las que apenas se venden uno o dos tipo de verduras. La gente no compra una pieza entera de verdura, todo se compra por partes.

Ataque bomba

Mientras andamos veo como un niño se esconde. Al ver a los guradias que van detrás de nosotros, con su armas, el niño echa a correr. Los guardias van con ropa normal pero sus armas, sin duda, tienen el efecto de un uniforme.

Nos vamos hacia el hotel justo antes del atardecer.

A la mañana siguiente salimos muy temprano. Todo está muy tranquilos y las calles desiertas. Siento como si Mogadiscio estuviera inspirando fuerte, como si la ciudad estuviera relajándose.

No me imaginaba por qué. Pasamos delante de edificios gubernamentales, con colas de estudiantes esperando para recoger las notas de examenes. Pocos minutos más tarde estamos despegando en el avión.

Y apenas media hora después, una bomba explota cerca del mismo edificio gubernamental donde había tanta gente esperando. Más de 100 personas muertas, entre ellas, los estudiantes.

Desde Somalia, buscar los caminos para ir a la escuela

27 de Septiembre de 2011 | 12:44 pm

Nuestra compañera Lisa Deters nos escribe desde Somalia, donde trabaja dando respuesta en educación a la emergencia.

Para muchos niños en Somalia, la llegada de septiembre significaba el comienzo de un nuevo curso escolar. Sin embargo, para una enorme cantidad de ellos, la escuela sigue siendo algo totalmente inaccesible.

Sólo en el la parte sur y centro del país, se estima que más de 1.8 millones entre los 5 y los 17 años están fuera de la escuela. Una cifra que ha aumentando de un modo espectacular con el influjo de desplazados internos que ha generado la crisis alimentaria en el país

La educación protege

Los niños y niñas desplazados se enfrentan a riesgos muy serios. La falta de comida y agua, la desaparición de un hogar y un colegio estable y la vulnerabilidad frente al abuso y la explotación.

Para los niños que se exponen a todos estos riesgos, la educación resulta esencial para ofrecer protección en un ambiente seguro. En él, los niños son capaces de adquirir conocimientos y habilidades esenciales para su propia supervivencia y en él también logran el acceso a otros servicios esenciales como son la comida, la salud o la higiene.

Y es ésta una de las razones principales por las que el equipo de emergencias de Save the Children trata de convertir el acceso a las escuelas una prioridad. Y la misión no es algo nuevo para el equipo, estamos construyendo sobre una experiencia de más de 20 años en el país.

Camellos y libros

Como miembro del equipo de emergencias, en mi trabajo se incluyen, entre otras cosas, presentar propuestas para asegurar la financiación de la educación en este contexto. Ello supone buscar continuamente alternativas para tratar de que los niños y las niñas, a pesar de la emergencia, reciban educación. Y se puede lograr de muchas maneras, como por ejemplo, el proyecto que tenemos de servicio de biblioteca en camellos que recorre la región somalí de Etiopía y que reparte libros y materiales de lectura entre las comunidades nómadas.

Otro proyecto que desarrollamos en Somalia y con el que se pretende reforzar la formación de los profesores, está especialmente enfocado en la educación de las niñas y utiliza metodologías de enseñanza que incorpora materiales desarrollados por el personal somalí local.

Esta semana está siendo muy intense pero tremendamente inspiradora ya que, al redactor y desarrollar las propuestas, hemos indagado en profundidad en el trabajo que Save the Children ha desarrollado durante años y en la creatividad que se ha buscado siempre para tratar de aunar educación, alimentación y salud en nuestros programas educativos.

Por ejemplo, dado el elevado número de niños y niñas que sufren desnutrición severa, estamos buscando oportunidades para poder integrar programas de desarrollo de la primera infancia con la respuesta en nutrición que ya estamos ofreciendo. Una de estas oportunidades es, por ejemplo, incluir dentro de nuestras clínicas de nutrición actividades de juego y desarrollo para los niños y niñas menores de 5 años.

Pero, para ser honesta, conseguir fondos para la educación en emergencias sigue siendo un reto demasiado grande. Y aquí, en Somalia, la financiación de la educación ha sido nefasta. Como resultado de ello, los programas educativos se enfrentan a terribles problemas para poder cumplir con los derechos y las necesidades de los niños y niñas somalíes.

Colabora
También puedes colaborar vía paypal:

Curso avanzado sobre respuesta a emergencias en terreno

22 de Septiembre de 2011 | 10:32 am

Tengo muchas ganas de compartir con vosotros la increíble experiencia del último curso al que he tenido la oportunidad de asistir, pero a la vez por las características del mismo no puedo compartir los detalles del contenido, ¿cómo lo hago? Pues empezando por el principio, verdad?

Save the Children cuenta con un curso muy completo de capacitación para personal humanitario que pretenda responder a una emergencia desde terreno. El curso completo cuenta con 3 fases: una semana de aprendizaje presencial donde se combinan teoría y práctica; 4 meses de enseñanza a distancia con una plataforma virtual buenísima (las clases son on-line pero a tiempo real, así pues tienes la oportunidad incluso de levantar la mano para hacer una pregunta!) y finalmente 2 semanas presenciales donde puedes poner en práctica todo el conocimiento adquirido. El cómo lo pones en práctica, ese es el secreto!

Quien quiera formarse como personal humanitario, animaros a este curso, bien vale la pena!!

Y para todos aquellos que seguís de cerca la actuación de la Unidad de Emergencias de Save the Children España, informaros que 4 de sus miembros han participado ya de este curso. Mi oportunidad ha sido este año en su Séptima edición, y ha sido gracias al apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID).

Etiopía: “La gente no se va a creer que existe un lugar así en la tierra”

29 de Agosto de 2011 | 1:59 pm

“Cuéntales que has estado en un lugar donde no hay comida, donde no tienen agua, ni escuelas, ni clínicas”.

“Cuéntales que has estado en ese lugar. La gente no será capaz de creer que existe un lugar así en la tierra.”

Esto es lo que los ancianos de un poblado etíope cercano a la frontera con Somalia me contaban cuando les pregunté si tenían algún mensaje para la gente que leería el blog.

Tristemente, existen muchos lugares como este en el Cuerno de África.

Millones de personas continúan enfrentados al riesgo del hambre y parece muy probable que la situación empeore en los próximos meses.

Un paisaje transformado

Antes de visitar los campos de refugiados quería visitar los poblados etíopes cerca de la frontera con Somalia para conocer y hablar con la gente a la que más ha afectado la sequía.

Llegamos a Bardale para encontrarnos con los ancianos en una de las reuniones que celebran en el poblado. Los debates se centraban en la terrible situación provocada por la falta de lluvia.

“Esta zona estéril, seca y cubierta de polvo donde estamos sentados solía ser verde y llena de una vegetación exuberante. Durante los últimos 4 años, se han convertido en un desierto delante de nuestros ojos”, explicaba uno de los ancianos.

Ahora los cadáveres del ganado están dispersos en el paisaje.

Y los que no han muerto por la sequía lo hacen por comer las bolsas de plástico que se quedan pegadas a las ramas y los arbustos. Para los animales hambrientos, las bolsas deben parecerles hojas frescas”.

El ganado es normalmente el único recurso de vida para la gente que vive en Bardale. Muchos hombres dicen que el número de animales ha decrecido muy rápidamente, primero fue muriendo el ganado que solía pastar en el campo, después las cabras y finalmente las ovejas.

“Ni siquiera podemos venderlas, el precio del mercado está ahora a mitad de lo que estaba el año pasado y apenas hay compradores que quieran este débil ganado”, nos cuenta un hombre.

La pérdida del ganado significa que mucha gente en Bardale no puede disfrutar de las comidas de un día viéndose forzados a presenciar como la salud de sus hijos se va deteriorando por la falta de alimentos.

Debe ser agonizante para sus padres. ¿Qué le dirías a tu hijo o tu hija si te pidiesen la cena sabiendo que no hay nada que darles?

Buscando vías para sobrevivir

A pesar del hecho de que incluso los más mayores nos contaban que nunca habian vivido una situación así de horrible, la determinación y fuerza para buscar soluciones es tremendamente inspiradora.

Ya que la mayoría son analfabetos y sin ningún tipo de formación, trasladarse a otras zonas para buscar trabajo se hace muy difícil.

Perforar la tierra en busca de agua y hacer pozos es muy caro, el agua está muy profunda y está muy salada.

Aunque agradecen profundamente los esfuerzos y la ayuda de la comunidad humanitaria, son lo suficientemente sabios como para saber que las cisternas de agua y las distribuciones de alimentos son solo soluciones temporales.

No hay mucho que puedan hacer ya en este punto de la sequía, aparte de esperar que los cielos se abran y llegue la lluvia.

Las previsiones para los próximos meses nos son muy esperanzadoras y la mayoría de la gente se resigna frente al hecho de que no habrá nueva cosecha hasta el próximo año.

Incluso si la cosecha es buena, seguirá siendo escasa.

Mientras que la atención de los medios se centra en la vida en los campos de refugiados, la situación en muchos poblados en los que permanece la gente es igual de desesperada.

Después de llegar a Bardale, quedó totalmente claro que queda mucho trabajo por hacer si queremos evitar una gran catástrofe. Aún mayor de la que estamos asistiendo. Y escuchar a los ancianos de este lugar no puede dar más fuerza para seguir trabajando.
Un texto que nuestro compañero Khurram Masood ha compartido desde Etiopía.

Colabora
También puedes colaborar vía paypal: