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2011. Un año de emergencias, un año de respuestas.

9 de Enero de 2012 | 4:20 pm

Nuestra compañera Catherine nos resume el que ha sido uno de los años más intensos para el equipo internacional de emergencias de Save the Children.

2011 ha sido uno de los años más intensos para el equipo de emergencias de Save the Children en todo el mundo. El más intenso en nuestros más de 90 años: 45 emergencias en 38 países diferentes.

Y en cada una de estas 45 emergencias, siempre, los primeros días resultan críticos. Es muy siempre, una línea que marca la diferencia entre la vida y la muerte. Cuanto más rápido se responda a una emergencia, más vidas se lograrán salvar.

Este año llevamos aviones a zonas de conflicto, nos enfrentamos a la amenaza nuclear en Japón, lanzamos respuestas frente a un número enorme de inundaciones, sequías y terremotos.

Y hoy, 31 de diciembre, seguimos trabajando a un ritmo constante, con precaución, pero sin descanso, en países dominados por el conflicto. A lo largo de todo este año que hoy acaba hemos logrado llegar a más de 3.3 millones de niños y niñas en situaciones de emergencia.

Hemos usado barcas destartaladas para distribuir ayuda entre las familias de Sri Lanka, donde las peores lluvias en 100 años habían forzado a las personas a abandonar sus hogares. Fuimos capaces de responder de inmediato, distribuyendo paquetes de comida y artículos esenciales entre más de 4.000 personas.

Apenas unos días después, Brasil sufría también unas fuertes lluvias que causaron enormes desprendimientos, provocando la muertes de alrededor de 500 personas y dejando sin acceso a multitud de hogares y escuelas. Dimos apoyo a más de 9.000 niños y niñas y les ayudamos a superar la situación.

Libia

Los violentos enfrentamientos en Libia expusieron a miles de niños y niñas en peligro, dejando a las familias sin gasolina, agua o electricidad.

Un grupo de emergencia entró en Libia, bajo riesgo extremo, para distribuir artículos esenciales entre las familias y ayudando a los niños y niñas aterrorizados, incapaces de huir de las escenas de violencia y muerte. Las paredes de nuestra oficina quedaron empapeladas de mapas del país, necesitábamos saber al instante el recorrido que seguían los enfrentamientos para saber por donde podíamos acceder para ofrecer ayuda.

Japón

En marzo del año pasado, un enorme terremoto golpeó la costa este de Japón, seguido de un terrible tsunami y múltiples réplica que provocaron la muerte de más de 15.000 personas.

La destrucción hizo que cientos de miles de niños, niñas y familias se quedaran ningún tipo de refugio y dejó a muchos niños y niñas separados de sus padres en medio del pánico y el caos. Desde Save the Children lanzamos una acción inmediata, con un llamamiento que nos permitió llegar a más de 5.000 personas.

Costa de Marfil

La violencia en Costa de Marfil puso en peligro a miles de niños y niñas que quedaron atrapados en sus hogares, por el temor de huir. Muchos otros escaparon con sus familias – o separados de ellas- a campos de desplazados en su país o en la vecina Liberia.

Desde el principio de la emergencia, estuvimos allí distribuyendo ayuda inmediata (alimentos, jabón, mantas y colchones). Nuestros compañeros y compañeras trabajaron sin descanso para reunir a los niños y niñas que se habían visto separados de sus familias y apoyando a todos aquellos que más ayuda precisaban.

Cuerno de África

Millones de niños y niñas se ha visto expuestos al hambre extrema tras la devastadora sequía que sufrió toda la región del Cuerno de África. Nosotros ya estábamos allí cuando se lanzaron las primeras alertas. De hecho, mucho antes de que se hicieran oficiales y junto con muchas otras organizaciones que estábamos en terreno, lanzamos alarmas importantes de la situación que ya se predecía.

Los medios de comunicación mundiales empezaron a informar de la situación en junio. El número de personas en riesgo fue creciendo vertiginosamente: de los 7 millones en el mes de junio a los 13 millones de personas afectadas en la actualidad. La del Cuerno de África representa nuestra respuesta más importante en los más de 90 años de trabajo.

Sin el dinero que contamos en nuestro Fondo de Emergencias tendríamos que haber espearado a que los medios mundiales empezaran a informar para así poder justificar nuestros llamamientos. Sin embargo, gracias a vuestro apoyo y a los muchos años de trabajo y experiencia, no tenemos que esperar. Ya estamos allí.

El incremento de la violencia y la inseguridad en Abidjan plantea un reto para la ayuda de emergencia

25 de Marzo de 2011 | 12:54 pm

Nuestra compañera Annie nos escribe desde Costa de Marfil con una clara descripción de lo que está ocurriendo en el país.

Es mi segundo día en Abijdan, la principal ciudad de Costa de Marfil y que ha sido escenario de la escalada de violencia e inseguridad desde las elecciones presidenciales de noviembre de 2010.

La principal diferencia respecto a lo que me había acostumbrado en los dos años que viví aquí  la percibí antes incluso de llegar al país. En el avión que cubría la ruta desde París a Abidjan, más de la mitad de los asientos estaban vacíos. En el aeropuerto de Canadá me encontré por casualidad con un artista de reagge de Costa de Marfil que acababa de actuar en Montreal, mi ciudad natal y que es conocido por sus opiniones políticas y por los llamamientos realizados al presidente saliente, Laurent Gbagbo, para que deje el poder.

Como tanta gente con la que he hablado durante las últimas dos semanas que he estado en casa, se sorprendió de oír que regresaba a Abidjan justo ahora, cuando cerca de 300.000 personas han tenido que abandonar sus hogares en la capital económica del país. Se prevé que más aun están planeando volver a sus pueblos familiares tan pronto como puedan asegurarse salir de forma segura de la ciudad.

Ya en Abidjan, nuestro conductor no me llevó al apartamento donde he vivido los últimos dos años sino a la casa de otro compañero que estimaron más segura que la mía ya que resulta más fácil evacuar a los cooperantes si están agrupados en una residencia. Pero en parte se trataba también porque en mi antiguo edificio residen muchos trabajadores de la misión de Naciones Unidas a los que en los últimos meses las televisiones locales les han acusado de apoyar al grupo rebelde Nuevas Fuerzas.

Mientras conducía esa misma mañana me di cuenta de que se habían multiplicado los puestos de control alrededor de la ciudad, extendiéndose hasta el vecindario donde está situada nuestra oficina. De hecho, en el camino que lleva hasta ella hay un nuevo puesto de control en el que no está  claro si lo regentan militares vestidos de civil o civiles armados.

Una vez en la oficina me encontré con los compañeros que han comenzado ya a distribuir utensilios básicos de hogar e higiene a algunos de los cientos de miles de desplazados que en las últimas semanas ha provocado la creciente escalada de violencia. La necesidad es abrumadora y, sumando nuestros esfuerzos a los de otras agencias humanitarias internacionales, aun no hemos conseguido llegar a la mitad de la población desplazada de la zona de Abidjan.

Es difícil identificar a los desplazados que están quedándose en casa de familiares y no en centros de tránsito y otro de los principales obstáculos es la dificultad para acceder a las áreas donde se han refugiado. La seguridad sigue siendo extremadamente imprevisible, con fuego cruzado, morteros y granadas que se oyen todos los días desde lo que han designado como zona segura, que es donde vivo y trabajo.

Justo ayer, seis proyectiles de mortero impactaron en Abobo, zona pro Ouattara y que además es la zona de Abidjan donde se han visto los más graves damnificados en las últimas semanas.

¿Cómo se encuentran los menores en medio de todas las tensiones? A pesar de las dificultades para moverse de manera segura por Abidjan, Save the Children ha empezado a responder a las necesidades de los niños y niñas y sus familias, para lo que ha hablado con ellos.

Los menores con los que he hablado están asustados y echan de menos a sus amigos. Quieren volver a la escuela y a su rutina. Un niño nos contó cómo tuvo que atravesar un bosque para ponerse a salvo porque tenía miedo de quedarse en su barrio. Otra niña de siete años caminó junto a su familia por el monte para ponerse a salvo acarreando sus pertenencias en una bolsa y a su hermano pequeño en la espalda. Estas familias han perdido mucho pero estamos haciendo todo lo posible para asegurarnos que no pierdan su dignidad, sean capaces de mantener a sus hijos e hijas limpios y calientes y se puedan preparar su propia comida.

A pesar de que nos enfrentamos a muchos retos, es genial ver que estamos ahí fuera trabajando con dedicación y determinación para satisfacer las necesidades de los menores y sus familias. La semana pasada comenzamos las distribuciones, continuamos esta semana y continuaremos durante las venideras. Estamos reforzando nuestra colaboración con otras agencias y trabajando para conseguir los materiales más urgentes tales como comida, mantas, medicinas, artilugios para cocinas, jabón, detergente…para estas las familias que han tenido que abandonar sus hogares.