Entradas añadidas ‘crisis alimentaria’

Historias de reencuentros en Etiopía

30 de Noviembre de 2011 | 2:50 pm

Nuestro compañero Getachew Dibaba comparte una preciosa historia de reencuentros desde el campo de refugiados de Boqolmayo, en Etiopía.

Kedeja Adem, de 34 años, llegó a Etiopía con sus cuatros hijas y uno de sus hijos desde Somalia, hace tres años, cuando su país sufría el conflicto que supuso multitud de retos físicos, emocionales y psicológicos para su población. También para Kedeja, que se vio obligada a trasladarse a este campo de refugiados de Boqolmayo. Aunque se encuentra en un lugar mucho más seguro para ella y para sus hijos, no ha dejado de sentir el dolor de haber dejado a sus otros dos hijos en su país, junto a su madre.

“Incluso sintiéndome segura en este campo, estaba muy preocupada de mis dos hijos y de la familia que he dejado en Somalia. No sabía qué hacer para ayudarles”, comenta Kedeja.

Cuando el flujo de refugiados comenzó en julio debido a la sequía extrema y el conflicto que asolaba el país vecino, Kedeja pensó que mucha gente se desplazaría hacia Etiopía, pero nunca creyó que también sus dos hijos tomarían esa decisión. Tampoco estaba segura de cómo personas que se conocían podrían encontrarse en los campos de refugiados, teniendo en cuenta que cada día llegaban más de 1000 personas a Dolo para trasladarse a cada uno de los cuatro campos asentados en esta zona fronteriza entre Somalia y Etiopía.

“Estaba muy triste y solía llorar todos los días”, nos cuenta Kedeja, recordando el tiempo de separación entre ella y sus hijos.

El reencuentro

Hablamos en pasado de la tristeza porque a veces, las cosas cambian. Para Kedeja todo cambió cuando se produjo la reunificación con sus dos hijos, Meslah y Assad, que llegaron a Dolo en agosto y pudieron encontrar a su madre gracias a Save the Children.

“Lloré, lloré mucho pero esta vez era la alegría la que me hacía llorar. Nunca creí que volvería a verles”, cuenta Kedeja. “Agradezco mucho a las personas de Save the Children haber hecho el esfuerzo para ayudarme a reunirme con ellos”.

“Estábamos con nuestra abuela, pero cuando murió no teníamos ningún sitio donde ir”, nos cuenta Meslah. “Siempre tuve la esperanza de que volvería a encontrarme con ella algún día. Cuando llegamos a Dolo, le dijimos a la gente del campo que queríamos encontrar a nuestra madre. Después de unos días nos trajeron al campo de Boqolmayo y encontramos a nuestra madre. Me puse muy contento de verla de nuevo, muy feliz”, insiste Meslah, que tiene ahora 16 años.
“Quiero recibir educación aquí y algún día convertirme en médico”, continúa Mesah.

El programa de protección de Save the Children ayuda a buscar y reunificar en los campos a los niños y niñas que han sido separados de sus familias. También hemos establecido un Comité de Protección en los campos en los que los miembros son los propios refugiados y que no solo se ocupan de ayudar a la reunificación sino que también protegen a los niños y niñas de cualquier peligro.

Una vez que la emergencia llega a este nivel, solo tienes unos días para actuar

20 de Julio de 2011 | 8:17 pm

Nuestra compañera Catherine Carter nos escribe desde Somalia.

Cuando llegué a Dadaab, la primera persona que conocí había huido de Somalia.  Después de señalarme a sus pies ensangrentados me contó que había andando todo el camino con sus dos hijos a cuestas.

Me contó que la arena estaba tan caliente que acabó quemándose los pies. Su marido se había quedado para tratar de proteger su hogar. No sabía si volvería a verle jamás.

La siguiente persona con la que hablé también tuvo que caminar. Durante todo un mes. Le resultó difícil cuanto tiempo había sido porque “todos los días parecían el mismo: andar bajo el calor abrasador, sentir el hambre en su estómago, tratar de calmar a sus hijos.

Declaración oficial de hambruna

Y lo mismo con la siguiente persona; la siguiente y así sucesivamente. Recuerdo mirar alrededor del centro, a todos los somalíes haciendo cola, a todos los niños, muchos todavía cubiertos por la arena del trayecto…ahí fue cuando me di cuenta de la verdadera  magnitud de la situación de la que estaba siendo testigo.

Esta mañana la ONU ha declarado oficialmente situación de hambruna en Somalia. Save the Children ha respondido a hambrunas y hambrunas extremas durante más de 90 años.

Esa fue nuestra primera misión, en 1919, cuando Eglatyne Jebb empezó a hablar en nombre de los bebés afectados por la desnutrición durante la I Guerra Mundial.

En 1921 Eglantyne citaba a un niño armenio con el que había hablado. “Miles de personas…cansadas, enfermas y hambrientas. Tuve que llevar en brazos a mi hermano pequeño. Un día noté que no se movía ni lloraba. Llamé a mi madre y en seguida se dio cuenta de que estaba muerto. No teníamos nada para darle de comer.”

Más de 90 años después de aquello hoy me encuentro con los mismos testimonios.

Sabemos lo que ocurre cuando las familias están desesperadas. He escuchado testimonios de familias que obligan a sus hijos a comer hojas para llenar sus estómagos.

Hemos presenciado situaciones en las que los niños estaban tan débiles por falta de alimento que se veían incapaces de sacar energía para masticar.

Hemos visto a madres dar a sus hijos barro para comer y rezando para que les mantuviese con vida un día más. Una vez que el hambre alcanza este grado, apenas tienes unos días para poder actuar.

Estamos salvando vidas

Save the Children está actuando. Hemos multiplicado por tres la escala de nuestra respuesta en todo Somalia.

Somos muy pocas las organizaciones operativas en Somalia y con nuestra respuesta pretendemos llegar a más de medio millón de los niños y las familias más afectados por la hambruna.

Pero no podemos hacerlo solos.

Colabora
También puedes colaborar vía paypal:

La sequía y la guerra: la lucha por vivir en Somalia

13 de Julio de 2011 | 2:25 pm

Sonia Zambakides, es la responsable de Emergencias en Somalia.

“Esta sequía nos ha dejado en la miseria y la guerra se ha llevado lo poco que nos quedaba”, me contaba la joven Habiba, de 28 años, al llegar a Bosaso, al norte de Somalia.

Habiba había viajado durante 8 días en un camión lleno de gente desde Mogadishu con dos de sus hijos: Mona, que tiene 3 años, e Ismael, que solo tiene 3 meses. Todos sufren desnutrición severa. Habiba ya no puede alimentar a su bebe Ismael porque ha dejado de dar leche y el pequeño ha estado enfermo con vómitos y diarrea desde que nació.

Habiba tiene un tercer hijo que se llevó su abuela. Ellos también huyeron. Lo último que Habiba supo de ellos fue que estaban en una ciudad en el centro de Somalia hace dos semanas y desde entonces no tiene idea de donde están ni de si están bien.

Los robos

Habiba se las había apañado para reunir 40 dólares y tener algo para huir hacia Bosaso. Su marido había sido asesinado en Mogadishu y no era seguro seguir allí. Nos contó que se había gastado todo el dinero en viaje en camión y que no le quedaba nada para comprar comida para ella y sus hijos.

Durante el trayecto, el camión tenía que parar constantemente por los grupos militares y los  que viajaban veían como les robaban lo poco que les quedaba. Y mientras, cada vez que el camión paraba, Habiba se dedicaba a pedir a la gente comida y agua, aún a sabiendas de que corría el riesgo de ser arrestada o detenida.

La explosión

Pero el viaje cada vez iba a peor. Cuando llegaron a las afueras de Galkayo, una ciudad que bordea Somalia central y Puntland, el camión explotó. Habiba nos mostró las quemaduras en todo su brazo y pierna derecha; cuando el camión empezó a arder, ella estaba en la cabina del camión y le llegaron todas las llamas. No ha recibido ningún tratamiento para sus quemaduras y no puede permitirse una visita al hospital o comprar medicamentos. Cuando llegó a Bosaso, su ropa estaba quemada y hecha pedazos y tampoco tenía ropa para cambiar a sus hijos.

Tristemente, Habiba es solo una de las muchas personas que están llegando desde otras partes de Somalia, totalmente hundidos en la miseria, desesperados por encontrar un lugar seguro para sus familias. Han perdido su cosecha, su ganado y no tienen dinero. Están luchando para poder sobrevivir con apenas una comida al día o sin comer en todo el día.

Cuando llegaron aquí, las cosas no estaban mucho mejor en los campos de refugiados. La gente está viviendo en muy malas condiciones. No hay letrinas o instalaciones para lavarse, muchas de las viviendas están hechas de cartón y piezas de chapa.

Muchas de las mujeres intentan encontrar trabajo ocasional como limpiadoras o cocineras, para ganar dinero y poder alimentar a sus familias. Eso significa que tienen que dejar a sus hijos solos todo el día, los mas mayores cuidando de los más pequeños.

“Estoy contenta de estar en un lugar donde hay paz y no más disparos y bombas”, añade Habiba. “Ahora necesito encontrar un lugar para vivir e ingresos para poder dar de comer a mis hijos.”

Save the Children está alimentando a más de 9.000 niños y niñas en los 60 centros de alimentación que tenemos establecidos en Somalia central y Puntland, pero necesitamos expandir nuestro trabajo para ofrecer comida para las madres y sus hijos, refugio y atención sanitaria, y educación y protección para aquellos niños que están solos todo el día cuidando de sus hermanos.

Colabora
También puedes colaborar vía paypal: