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El periodo de Soudure

27 de Junio de 2012 | 2:25 pm

Bárbara Mineo, Coordinadora de Acción Humanitaria, escribe tras una reciente visita a nuestros proyectos en Mauritania.

En años normales el período que va de Junio a Septiembre se conoce en Mauritania como el período de Soudure.  Se trata del periodo más difícil del año en el que las familias tienen pocas reservas alimentarias y se dedican a sembrar para la nueva cosecha.

Este año, el periodo de Soudure se ha  anticipado y las familias han agotados sus reservas mucho antes que el mes de Junio. La escasa cosecha del año anterior, la pérdida de animales y los escasos recursos económicos disponibles de las familias más vulnerables son las causas más inmediatas de la actual crisis en Mauritania, pero no las únicas.

Durante mi última visita en Mauritania, la semana pasada, he recorrido muchos kilómetros en coche  para llegar hasta los pueblos en los que Save the Children está interviniendo. El paisaje es muy desolador y la situación de las familias también.

Bajo estas duras condiciones climáticas, (una media de 40 grados) y con un déficit energético debido a la insuficiencia alimentaria, las familias, principalmente niños/as y mujeres, se encargan de esta segunda siembra con la esperanza de poder cosechar algunos “condiments” -  básicamente hortalizas -  para alimentarse.

Ahora es el momento más crítico. Ahora es necesario seguir apoyando a las familias a superar la fase más dura del año y esperar a que la cosecha sea mejor que al año anterior.

2011. Un año de emergencias, un año de respuestas.

9 de Enero de 2012 | 4:20 pm

Nuestra compañera Catherine nos resume el que ha sido uno de los años más intensos para el equipo internacional de emergencias de Save the Children.

2011 ha sido uno de los años más intensos para el equipo de emergencias de Save the Children en todo el mundo. El más intenso en nuestros más de 90 años: 45 emergencias en 38 países diferentes.

Y en cada una de estas 45 emergencias, siempre, los primeros días resultan críticos. Es muy siempre, una línea que marca la diferencia entre la vida y la muerte. Cuanto más rápido se responda a una emergencia, más vidas se lograrán salvar.

Este año llevamos aviones a zonas de conflicto, nos enfrentamos a la amenaza nuclear en Japón, lanzamos respuestas frente a un número enorme de inundaciones, sequías y terremotos.

Y hoy, 31 de diciembre, seguimos trabajando a un ritmo constante, con precaución, pero sin descanso, en países dominados por el conflicto. A lo largo de todo este año que hoy acaba hemos logrado llegar a más de 3.3 millones de niños y niñas en situaciones de emergencia.

Hemos usado barcas destartaladas para distribuir ayuda entre las familias de Sri Lanka, donde las peores lluvias en 100 años habían forzado a las personas a abandonar sus hogares. Fuimos capaces de responder de inmediato, distribuyendo paquetes de comida y artículos esenciales entre más de 4.000 personas.

Apenas unos días después, Brasil sufría también unas fuertes lluvias que causaron enormes desprendimientos, provocando la muertes de alrededor de 500 personas y dejando sin acceso a multitud de hogares y escuelas. Dimos apoyo a más de 9.000 niños y niñas y les ayudamos a superar la situación.

Libia

Los violentos enfrentamientos en Libia expusieron a miles de niños y niñas en peligro, dejando a las familias sin gasolina, agua o electricidad.

Un grupo de emergencia entró en Libia, bajo riesgo extremo, para distribuir artículos esenciales entre las familias y ayudando a los niños y niñas aterrorizados, incapaces de huir de las escenas de violencia y muerte. Las paredes de nuestra oficina quedaron empapeladas de mapas del país, necesitábamos saber al instante el recorrido que seguían los enfrentamientos para saber por donde podíamos acceder para ofrecer ayuda.

Japón

En marzo del año pasado, un enorme terremoto golpeó la costa este de Japón, seguido de un terrible tsunami y múltiples réplica que provocaron la muerte de más de 15.000 personas.

La destrucción hizo que cientos de miles de niños, niñas y familias se quedaran ningún tipo de refugio y dejó a muchos niños y niñas separados de sus padres en medio del pánico y el caos. Desde Save the Children lanzamos una acción inmediata, con un llamamiento que nos permitió llegar a más de 5.000 personas.

Costa de Marfil

La violencia en Costa de Marfil puso en peligro a miles de niños y niñas que quedaron atrapados en sus hogares, por el temor de huir. Muchos otros escaparon con sus familias – o separados de ellas- a campos de desplazados en su país o en la vecina Liberia.

Desde el principio de la emergencia, estuvimos allí distribuyendo ayuda inmediata (alimentos, jabón, mantas y colchones). Nuestros compañeros y compañeras trabajaron sin descanso para reunir a los niños y niñas que se habían visto separados de sus familias y apoyando a todos aquellos que más ayuda precisaban.

Cuerno de África

Millones de niños y niñas se ha visto expuestos al hambre extrema tras la devastadora sequía que sufrió toda la región del Cuerno de África. Nosotros ya estábamos allí cuando se lanzaron las primeras alertas. De hecho, mucho antes de que se hicieran oficiales y junto con muchas otras organizaciones que estábamos en terreno, lanzamos alarmas importantes de la situación que ya se predecía.

Los medios de comunicación mundiales empezaron a informar de la situación en junio. El número de personas en riesgo fue creciendo vertiginosamente: de los 7 millones en el mes de junio a los 13 millones de personas afectadas en la actualidad. La del Cuerno de África representa nuestra respuesta más importante en los más de 90 años de trabajo.

Sin el dinero que contamos en nuestro Fondo de Emergencias tendríamos que haber espearado a que los medios mundiales empezaran a informar para así poder justificar nuestros llamamientos. Sin embargo, gracias a vuestro apoyo y a los muchos años de trabajo y experiencia, no tenemos que esperar. Ya estamos allí.

La tercera calamidad: llega la lluvia a Mogadiscio

19 de Octubre de 2011 | 3:45 pm

Han empezado las lluvias. En un país agotado por la sed, donde miles de personas y una gran cantidad del ganado ha muerto como consecuencia de la sequía, podrías pensar que la llegada de la lluvia es la mejor noticia que pueden recibir.

Y nuestra oficina de Somalia es todo un hervidero de actividad – pero no porque lo estemos celebrando.

Mientras que la lluvia será muy bien recibida en muchas áreas de la región, en Mogadiscio estamos organizando con urgencia una nueva respuesta: la de las lluvias y las consecuentes inundaciones.

Triple calamidad

Las paredes de nuestra oficina ya estaban cubiertas con mapas de Somalia y las rutas de acceso. El coordinador de nuestro equipo sobrevive a base de una dieta de cigarros y este que me estoy tomando, ya es el cuatro café del día.

Todo el mundo está agotado. La de Somalia ya es una triple calamidad – sequía, después las inundaciones y, por encima de todo, el constante estado de guerra.

Y son las personas que viven en los campos las que se encuentran al borde de la supervivencia.

Los campos

Los campos en Mogadiscio se denominan campamentos para desplazados internos. Estas personas han huido des sus hogares, temiendo su seguridad o desesperados por encontrar algo para comer o, en el peor de los casos, empujados por ambas situaciones.

Las familias vienen a Mogadiscio con la esperanza de encontrar algo –un poco de comida, agua limpia o un lugar seguro donde sobrevivir. Los buenos sitios ya están cogidos –hay edificios, casas y tiendas improvisadas. Hay otro terreno cerca, en peores condiciones pero que, de igual modo, ya está cogido por aquellos que no pueden permitirse los edificios, las casas ni las tiendas.

El único espacio que queda libre para vivir es donde nadie quiere ir. Son las tierras más bajas, con tendencia a inundarse o bien en las fueras de los asentamientos, siempre los más peligrosos.

O puede ser un lugar donde se junten todas las peores condiciones, con el campamento de Sigale, peligroso y localizado en un lugar en donde las inundaciones son una amenaza. Pero estás desesperado y te vas a quedar.

Ahora han llegado las lluvias y ya se han apoderado del campo, que ya está completamente rodeado por un remolino de agua y barro.

Las letrinas se han inundado y todo está sucio. Tus hijos todavía juegan porque son niños, pero juegan en una agua demasiado sucia que probablemente les hará ponerse enfermos.

No tienes ningún sitio donde lavarte las manos, hacer la comida y mucho menos lavar la ropa. Es peligroso y además es indigno. Y lo mismo seguirá ocurriendo durante todo el mes, porque ese es el tiempo que duran aquí las lluvias.

Es solo cuestión de tiempo que las enfermedades transmitidas por el agua empiecen a extenderse. El terreno está fértil: el lugar está mugriento y sobrepoblado.

Los niños y las niñas ya están muy débiles por la falta de comida, mucho más susceptibles frente a las enfermedades.

Hay mucho trabajo por hacer durante este mes, que se suma a la respuesta a la crisis alimentaria. Podemos intentar reconducir el agua, ayudar a drenarla fuera del campo, traer la mayor cantidad de suplementos sanitarios frente a la transmisión de enfermedades, etc.

Mogadiscio está catalogada como “la ciudad más peligrosa de la tierra”. Resulta paradójico pensar que incluso la lluvia –que tanto se ha esperado en el país y en todo la región- haya pasado a ser una brutal amenaza.

Desde Somalia, buscar los caminos para ir a la escuela

27 de Septiembre de 2011 | 12:44 pm

Nuestra compañera Lisa Deters nos escribe desde Somalia, donde trabaja dando respuesta en educación a la emergencia.

Para muchos niños en Somalia, la llegada de septiembre significaba el comienzo de un nuevo curso escolar. Sin embargo, para una enorme cantidad de ellos, la escuela sigue siendo algo totalmente inaccesible.

Sólo en el la parte sur y centro del país, se estima que más de 1.8 millones entre los 5 y los 17 años están fuera de la escuela. Una cifra que ha aumentando de un modo espectacular con el influjo de desplazados internos que ha generado la crisis alimentaria en el país

La educación protege

Los niños y niñas desplazados se enfrentan a riesgos muy serios. La falta de comida y agua, la desaparición de un hogar y un colegio estable y la vulnerabilidad frente al abuso y la explotación.

Para los niños que se exponen a todos estos riesgos, la educación resulta esencial para ofrecer protección en un ambiente seguro. En él, los niños son capaces de adquirir conocimientos y habilidades esenciales para su propia supervivencia y en él también logran el acceso a otros servicios esenciales como son la comida, la salud o la higiene.

Y es ésta una de las razones principales por las que el equipo de emergencias de Save the Children trata de convertir el acceso a las escuelas una prioridad. Y la misión no es algo nuevo para el equipo, estamos construyendo sobre una experiencia de más de 20 años en el país.

Camellos y libros

Como miembro del equipo de emergencias, en mi trabajo se incluyen, entre otras cosas, presentar propuestas para asegurar la financiación de la educación en este contexto. Ello supone buscar continuamente alternativas para tratar de que los niños y las niñas, a pesar de la emergencia, reciban educación. Y se puede lograr de muchas maneras, como por ejemplo, el proyecto que tenemos de servicio de biblioteca en camellos que recorre la región somalí de Etiopía y que reparte libros y materiales de lectura entre las comunidades nómadas.

Otro proyecto que desarrollamos en Somalia y con el que se pretende reforzar la formación de los profesores, está especialmente enfocado en la educación de las niñas y utiliza metodologías de enseñanza que incorpora materiales desarrollados por el personal somalí local.

Esta semana está siendo muy intense pero tremendamente inspiradora ya que, al redactor y desarrollar las propuestas, hemos indagado en profundidad en el trabajo que Save the Children ha desarrollado durante años y en la creatividad que se ha buscado siempre para tratar de aunar educación, alimentación y salud en nuestros programas educativos.

Por ejemplo, dado el elevado número de niños y niñas que sufren desnutrición severa, estamos buscando oportunidades para poder integrar programas de desarrollo de la primera infancia con la respuesta en nutrición que ya estamos ofreciendo. Una de estas oportunidades es, por ejemplo, incluir dentro de nuestras clínicas de nutrición actividades de juego y desarrollo para los niños y niñas menores de 5 años.

Pero, para ser honesta, conseguir fondos para la educación en emergencias sigue siendo un reto demasiado grande. Y aquí, en Somalia, la financiación de la educación ha sido nefasta. Como resultado de ello, los programas educativos se enfrentan a terribles problemas para poder cumplir con los derechos y las necesidades de los niños y niñas somalíes.

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Sentirse seguro dentro de un campo de refugiados

23 de Agosto de 2011 | 9:40 am

Nuestro compañero Gabriel Nehrbass comparte una cuidada descripción de un fin de semana de trabajo en el campo de refugiados de Kobe, en Etiopía.

Voy a intentar resumir el fin de semana pasado para compartir lo que son los días de trabajo en un lugar en el que la sequía y sus consecuencias marcan la vida diaria de las personas.

Imagina una continua tormenta de polvo que distorsiona tu visión y se mete por tu nariz -por tu boca- cada vez que respiras. Imagina un desierto rojo oxidado con miles de tiendas de campaña blancas salpicando el horizonte hasta allá donde te alcanza la vista. Trata de visualizar a padres con la tristeza acoplada a sus ojos y niños sin sonrisa en sus rostros. Estamos en el campo de refugiados de Kobe, en Etiopía, donde 24.000 personas recién llegadas han sido realojadas. Hay otros dos campos con su total capacidad cubierta (40.000 personas en cada uno de ellos) y esta semana abrirá un cuatro para refugiar a las personas que siguen llegando. Cada día 300 personas llegan desde Somalia, 2.400 cada semana. Llegan desde distintas partes del país, desde distintas culturas y con dialectos diferentes.

Todo lo que queda atrás con la huida

Muchos adultos pero muchos más niños y niñas se encuentran en riesgo. La mayoría están demasiado delgados y sufren desnutrición debido a la huida y a la sequía que azota en sus hogares. Apenas muestran energía para hablar. Sin embargo, te acercas a un hombre, a una mujer o a un niño, sonríes y les tiendes tu mano para saludarles y decir “hola, como estás” con las pocas palabras que conoces del idioma somalí y su expresión revive en un segundo. Sonríen y con su sonrisa alcanzas a captar un atisbo de quienes son y de todo lo que han dejado atrás.

Apenas hace unas semanas las personas que ahora tengo a mi alrededor eran maestros, pastores, granjeros, comerciantes. Algunos de los niños iban a la escuela (otros muchos no) mientras que otros se dedicaban a ayudar a sus familias con el ganado. Tenían vidas en familia, sueños, esperanzas y aspiraciones, como tú y como yo. Y ahora están aturdidos, desconcertados frente a un futuro incierto.

En estos campos no hay ningún sitio para que los niños jueguen o se sienten seguros. Hay extraños por todas partes. Es difícil determinar en todo momento quién vive dentro del campo y quién viene de las zonas colindantes. Durante el día, muchos niños se esconden en las tiendas donde viven con sus familias y solo algunos de ellos se atreven a jugar entre los arbustos que rodean las inmediaciones de los campos.

La cruda realidad de los centros de tránsito

El centro de tránsito arroja una imagen incluso más dura. Los niños caminan entre basura y heces. Están escuálidos. Tiendas improvisadas con cartones y ramas ofrecen escaso refugio a los recién llegados. Aquí, en estos centros de tránsito, las familias tendrán que esperar hasta que les concedan la documentación necesaria para acreditarse como refugiados. Esto puede llevar unos días o pueden ser semanas de espera. Apenas te cuentan lo que les ha ocurrido durante las dos últimas semanas. ¿qué vieron?, ¿qué dolor les acompañó durante su trayecto?, ¿a quién perdieron?, ¿qué aspectos de su experiencia pesarán sobre ellos para el resto de sus vida?, ¿cuánto tiempo se quedarán en los campos?, ¿cuánto va a durar la sequía en el Cuerno de África?

Visita una de nuestros centros nutricionales (que también son tiendas de campaña) y el nudo en tu corazón se intensifica. Los niños están tan delgados que la ropa no cubre los huesos que sobresalen. La mayoría de ellos mantienen una mirada tan fija en sus caras que apenas te ven; otros levantan su cabeza muy levemente para apenas mirarte. No hay sonrisas.

Puesta en marcha de los espacios seguros

Este fin de semana estoy aquí para comenzar con el programa de protección en este nuevo campo de refugiados así como en el centro de tránsito que se ha creado a la entrada, centrándose en la creación de espacios seguros de juego. Al mismo tiempo sigo coordinando el incremento de nuestros programas de distribución de alimentos por todas las regiones de sur. La sequía a lo largo y ancho de todo el Cuerno de África es una crisis mucho mayor que el enorme flujo de refugiados y sin embargo, nuestro trabajo en protección de la infancia es siempre prioritario.

Antes de la construcción de los centros de espacio seguro, tuvimos que realizar las pertinentes negociaciones con distintos niveles del gobierno, reunirnos con el comité de refugiados, planificar con ACNUR, reunir a todo el personal y hacer entrevistas entre los refugiados, comprar todo el material, negociar con un constructor y describir con dibujos la localización y las dimensiones del primero de los espacios seguros, las letrinas y la vaya alrededor. Nada es fácil y nada se puede hacer sin movilizar un montón de trámites.

Todo eso fue el sábado. Para el domingo por la mañana la construcción de dos espacios seguros ya estaba terminada. Estuvimos trabajando toda la noche, haciendo todo lo posible por lograr avanzar rápidamente. La mañana del domingo estuve con la formación de los supervisores de los centros; todos ellos llevan trabajando tiempo en los campos de refugiados. Y son gente excepcional no solo por la forma en la que realizan su trabajo sino por el modo en el que tratan al resto de refugiados, como si fueran hermanos y hermanas. La personificación de la empatía.

Los centros ya están funcionando. Los niños y niñas refugiados, de todas las edades, vienen a los espacios seguros precisamente para eso, para sentirse seguros frente al daño y el abuso, para jugar, expresar lo que sienten, aprender, descansar, socializar con sus iguales y para, simplemente, ser niños.

Espacios para más de 17.000 niños y niñas

Pero los espacios también sirven para identificar y ofrecer soluciones a cuestiones de abuso infantil en los campos; desde abuso y violencia sexual, a identificación de menores no acompañados y casos médicos que deberían ser remitidos a nuestros programas o a programas de otras organizaciones como Médicos sin Fronteras. De las observaciones que recogemos en estos espacios, desde Save the Children trabajamos a todos los niveles con la administración de los campos, los padres, los niños, el comité de refugiados y otras organizaciones para resolver los problemas.

Miles de niños pasarán por aquí esta primera semana de funcionamiento de los espacios y seguiremos incrementando el programa teniendo en cuenta de que, solo en este campo, hay más de 17.000 niños y niñas.

Llego rendido a mi cama el domingo por la noche y el lunes, a las 5 de la mañana, el coche ya me está esperando para dirigirme a las afueras del campo y volver de nuevo a mi trabajo habitual de coordinación de las distribuciones de alimentos. Me siento muy afortunado por haber podido participar en la puesta en marcha del programa de protección y espacios seguros en el campo. Nunca me olvidaré de este fin de semana de color polvo, de tristeza y de delgadez extrema pero, sobre todo, de la sonrisa que llega después de preguntar en mi pobre somalí “hola, ¿cómo estás?”

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“En su mirada ves tristeza profunda pero una gran determinación”

18 de Agosto de 2011 | 10:11 am

Nuestra compañera Lourdes acaba de llegar de Kenia después de estar allí ofreciendo apoyo en la respuesta a la emergencia del Cuerno de África. Desde allí nos escribió para describirnos la situación.

Les ví llegar en una carretilla. La empujaba un hombre joven, sobre ella una mujer excepcionalmente guapa, como la mayoría de las somalíes, y extremadamente delgada con un niño en brazos. Se pusieron en fila para recibir alimentos hasta que puedan registrarse en el campo de refugiados. Me llamó la atención cómo el papá jugaba a levantar la carretilla para hacer reír a su bebé. Un pequeño juego y una gran sonrisa en mitad de tanta tragedia. No pude evitar acercarme a hablar con ellos, a preguntarles por su historia. Quince días caminando, quince días empujando una carretilla para traer a su mujer, que no tiene movilidad en las piernas, y su bebé de dos años hasta Dadaab.

Hubi ha llegado sola con sus seis hijos. Perdió a dos en tan sólo un mes y decidió escapar de la sequía y el hambre. Su marido es un hombre mayor y no ha podido completar el camino. Se tuvo que quedar en uno de los pueblos por los que pasaron y espera que se reúna pronto con ella.

Afortunadamente no está sola, en Dadaab se ha encontrado con familiares que la van a ayudar a levantar una pequeña choza en la que se refugiará con sus hijos hasta que pueda registrarse en uno de los tres campos de refugiados. Un proceso que llevaba dos semanas y que ahora se ha ampliado hasta cuatro por el gran número de refugiados que están llegando hasta aquí.

Nathifa tiene 26 años y ha llegado hasta aquí con su marido y sus cuatro hijos. Comenzó el viaje con cinco pero a su bebé se le escapó la vida por el camino. Faduma perdió a su marido en Somalia y hizo el viaje sola con sus siete niños, dos de ellos nunca llegaron a Dadaab.

En este rincón del Cuerno de África, todos y cada uno de los 16.000 refugiados que esperan en las afueras de los campos a ser registrados tienen una historia triste que contar. Como si no fuese suficiente que lo hayan perdido todo, sus cultivos y su ganado, que hayan tenido que abandonar su hogar, su tierra, sus raíces, que hayan tenido que viajar durante días y noches interminables sin casi agua o alimentos, la mayoría además ha vivido la tragedia la perder a algún hijo por el camino, algunos incluso al llegar a Dadaab, cuando pensaban que lo peor ya había pasado.

Cuando estás sentada a su lado sobre la tierra ocre, escuchando sus historias, no puedes llorar. En cierto modo es como si no tuvieses derecho porque ellas no lloran. En su mirada ves una tristeza profunda pero también una gran determinación. Tienen que ser fuertes para el resto de sus hijos, que se abrazan a ellas buscando refugio, el mismo que ellas han venido a buscar a Dadaab.

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Somalia: Aisha, Mohammed y la esperanza

5 de Agosto de 2011 | 1:37 pm

Nuestra compañera Rachel Palmer escribe desde Somalia.

Es horrible admitirlo pero después de pasar dos semanas en Bosasso, Puntlandia, escuchando un montón de historias horribles y viendo la imagen de cientos y cientos de niños con desnutrición, llega un punto en que empiezas a acostumbrarte.
Si quieres hacer bien tu trabajo no te queda más remedio que asimilar poco a poco lo que oyes, lo que ves.
Así era hasta hoy.

Hoy conocí a una pequeña de apenas 4 meses que sufre desnutrición severa. Aisha. Empecé a hablar con la que creía que era su madre, Faouma, que la sujetaba en brazos en la clínica mientras me contaba la sucesión de acontecimientos que la llevaron a traer a Aisha hasta el centro.
De pronto se hizo evidente que la joven no era en realidad la madre de Aisha. Me contó que su madre murió el día después de dar a luz a Aisha. Murió a causa del intenso sangrado que sufrió en su casa, una choza en uno de los campos de desplazados internos de Bosasso.

Aisha entró en la clínica de estabilización el 30 de julio pesando apenas 2 kg y con complicaciones más allá de la desnutrición severa que sufre.

Faouma era amiga y vecina de la madre de Aisha y cuando murió ya le había prometido que cuidaría de su bebé. Faouma ya tiene 9 hijos. Dejó de dar el pecho al más pequeño para poder alimentar a Aisha, que ha estado enferma desde que nació.

Pensaba que esto ya era suficientemente desgarrador y me estaba costando mucho contener las lágrimas. No podía evitar pensar que le iba a deparar a Aisha el futuro en un país donde 1 de cada 4 niños mueren antes de su quinto cumpleaños y donde sólo el 17% de la población sabe leer y escribir.

Inmediatamente después de esta conversación, la realidad golpea de nuevo. El médico trajo a la sala al pequeño Mohammed, de casi 2 años. Era el hermano de Aisha, al que cuidaba otro vecino y que también había sido admitido en la clínica. También sufría desnutrición y apenas pesaba poco más de 6 kg.

Imagina

29 de Julio de 2011 | 2:01 pm

Imagina que vives en un pueblo rural con tu familia. Lo primero que haces al levantarte cada día es mirar al cielo y buscar una nube cargada de agua. El aire es espeso y caliente y sientes cómo las partículas de arena se te pegan en la piel, en los ojos, en el paladar. Un año más de sequía, van demasiados ya. Has perdido seis vacas y ocho cabras por falta de alimento. Llevas meses intentando engañar el hambre de tus hijos con una comida al día pero no pueden continuar así. Estás totalmente desesperado y no tienes a dónde ir.

Vendes el poco ganado que te queda aunque está en tan mal estado que a penas te dan nada por él. Con el poco dinero que consigues compras alimentos y te pones en marcha. Caminas durante 23 días con toda tu familia, aprovechando las noches para engañar a la sed. Tu objetivo es llegar a un lugar donde te han contado que te pueden ayudar. Ese lugar se llama Dadaab. Es el campo de refugiados más grande y más antiguo del mundo. Y esta es la historia de las más de las más de 1.200 personas que están llegando diariamente hasta este lugar, a 90 kilómetros de la frontera con Somalia.

El camino hacia Dadaab está salpicado de cadáveres de animales. Una señal inequívoca de que el agua y la vida están directamente relacionados. La tierra es de color rojo y el sol implacable, a pesar de que esta no es la época del año más cálida. Osman un hombre de 35 años llegó aquí con su mujer Amina, de 23, hace cuatro semanas. El tiempo que tardaron en registrarlos como refugiados. Perdieron a uno de sus cinco hijos en el camino. Les conocí en el hospital de IFO, uno de los tres campamentos que juntos son conocidos como Dadaab. Cuando llegué acababan de bañar a su hija Yusra de 14 meses que llegó hasta aquí deshidratada y desnutrida.

En todo el Cuerno de África las sequías prolongadas de los últimos años están obligando a las familias a abandonar sus hogares en busca de ayuda. En toda la región diez millones de personas dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir. Solo a Dadaab, desde enero de 2011 han llegado más de 60.000 personas, aproximadamente 40.000 son niños y niñas. La mayoría llegan descalzos y tan sólo con lo que tienen puesto y un 17% sufren malnutrición severa. Desde Save the Children estamos trabajando para mitigar las necesidades más inmediatas de los niños, niñas y sus familias en la región proporcionándoles alimentos, agua potable, medicinas y atención sanitaria.

Osman y Amina nos despidieron con la esperanza de que Yusra se recupere para poder verla crecer y compartir su vida con ella. Las familias que llegan a Dadaab solo quieren una cosa, que sus niños sobrevivan. No desean que se conviertan en médicos o abogados, ni siquiera que les cuiden cuando sean mayores, sólo quieren verles crecer.

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Una vez que la emergencia llega a este nivel, solo tienes unos días para actuar

20 de Julio de 2011 | 8:17 pm

Nuestra compañera Catherine Carter nos escribe desde Somalia.

Cuando llegué a Dadaab, la primera persona que conocí había huido de Somalia.  Después de señalarme a sus pies ensangrentados me contó que había andando todo el camino con sus dos hijos a cuestas.

Me contó que la arena estaba tan caliente que acabó quemándose los pies. Su marido se había quedado para tratar de proteger su hogar. No sabía si volvería a verle jamás.

La siguiente persona con la que hablé también tuvo que caminar. Durante todo un mes. Le resultó difícil cuanto tiempo había sido porque “todos los días parecían el mismo: andar bajo el calor abrasador, sentir el hambre en su estómago, tratar de calmar a sus hijos.

Declaración oficial de hambruna

Y lo mismo con la siguiente persona; la siguiente y así sucesivamente. Recuerdo mirar alrededor del centro, a todos los somalíes haciendo cola, a todos los niños, muchos todavía cubiertos por la arena del trayecto…ahí fue cuando me di cuenta de la verdadera  magnitud de la situación de la que estaba siendo testigo.

Esta mañana la ONU ha declarado oficialmente situación de hambruna en Somalia. Save the Children ha respondido a hambrunas y hambrunas extremas durante más de 90 años.

Esa fue nuestra primera misión, en 1919, cuando Eglatyne Jebb empezó a hablar en nombre de los bebés afectados por la desnutrición durante la I Guerra Mundial.

En 1921 Eglantyne citaba a un niño armenio con el que había hablado. “Miles de personas…cansadas, enfermas y hambrientas. Tuve que llevar en brazos a mi hermano pequeño. Un día noté que no se movía ni lloraba. Llamé a mi madre y en seguida se dio cuenta de que estaba muerto. No teníamos nada para darle de comer.”

Más de 90 años después de aquello hoy me encuentro con los mismos testimonios.

Sabemos lo que ocurre cuando las familias están desesperadas. He escuchado testimonios de familias que obligan a sus hijos a comer hojas para llenar sus estómagos.

Hemos presenciado situaciones en las que los niños estaban tan débiles por falta de alimento que se veían incapaces de sacar energía para masticar.

Hemos visto a madres dar a sus hijos barro para comer y rezando para que les mantuviese con vida un día más. Una vez que el hambre alcanza este grado, apenas tienes unos días para poder actuar.

Estamos salvando vidas

Save the Children está actuando. Hemos multiplicado por tres la escala de nuestra respuesta en todo Somalia.

Somos muy pocas las organizaciones operativas en Somalia y con nuestra respuesta pretendemos llegar a más de medio millón de los niños y las familias más afectados por la hambruna.

Pero no podemos hacerlo solos.

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Cólera en República Dominicana

11 de Julio de 2011 | 1:02 pm

Hola de nuevo! Esta vez os cuento un poquito sobre mi experiencia en República Dominicana durante la pasada semana (20 a 26 de junio 2011).

Estuve en ese maravilloso país caribeño para participar en una capacitación sobre educación en emergencias, pero dada la gravedad de la situación en el país por los brotes de cólera detectados, me puse manos a la obra con los compañeros de Save the Children República Dominicana para la elaboración de una propuesta de respuesta a la emergencia.

El cólera ha cobrado al país la vida de 62 personas, y se calculan 7000 casos de cólera detectados, estando 22 de las 32 provincias afectadas a la fecha. A pesar de la gravedad de la situación, y aunque instituciones gubernamentales como el Ministerio de Salud o el Centro de Operaciones de Emergencia están fuertemente trabajando en su respuesta, el Gobierno no ha decretado la declaración de emergencia. República Dominicana es un país que vive principalmente del turismo, y se considera que por cuestiones políticas la declaratoria nunca verá la luz.

La experiencia en situaciones similares nos muestra como acciones de promoción de la higiene son un gran método para la prevención del contagio de esta enfermedad, acciones tan sencillas como el lavado de manos por ejemplo, puede reducir drásticamente el contagio. Recordar a todos y todas que el 15 de octubre es el Día Mundial del lavado de manos. Intentemos que ese esfuerzo no se quede en un solo día!!