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Libia: la crisis humanitaria se esconde tras las bombas

19 de Mayo de 2011 | 3:00 pm

Mientras el mundo observa como los enfrentamientos recorren toda Libia, la crisis humanitaria “colateral” se agrava cada día. Mientras las ciudades permanecen sitiadas, su población sigue siendo olvidada, toda esa población que ha tenido que huir de sus casas para evitar la violencia, se queda escondida tras el protagonismo informativo de las bombas, del conflicto.

El conflicto en Libia está impidiendo el acceso de miles de personas a los alimentos esenciales y los servicios sanitarios básicos, dejando una huella muy profunda en la mente de los más pequeños que ven interrumpida además su educación.

Desde Save the Children llevamos mucho tiempo reclamando el acceso a Misrata y otras ciudades del oeste fuertemente golpeadas por el conflicto, pero la situación de seguridad representa un problema constante. Los bombardeos, las balas de los francotiradores y los enfrentamientos callejeros están generando cada vez más necesidades humanitarias que no logran verse cubiertas. Incluso en ciudades relativamente más tranquilas como Bengasi se escuchan los continuos disparos día tras día.

A pesar del enorme desafío que supone la situación de inestabilidad que vive el país, nuestros compañeros en Libia trabajan a contrarreloj para llegar tantos niños y niñas como sea posible. Nuestro programa de protección en Bengasi alcanza cada día a más de 1.000 niños y niñas. Estamos incrementando nuestros proyectos para lograr llegar a los 18.000.

Los niños y niñas que huyen hacia Bengasi u otras zonas colindantes, nos hablan de escenas de las que ningún niño debería ser testigo nunca. Y los enfrentamientos son continuos poniendo a más y más niños en riesgo. La experiencia demuestra que los niños y niñas que presencian tales atrocidades a menudo se encierran en sí mismos y no pueden o quieren hablar de ello con nadie. Algunos dejan de comer y dormir, encontrando muy difícil relacionarse con otras personas. Estamos ayudando a estos niños a enfrentarse a la situación y a lo que han vivido y presenciado.

Espacios para jugar, espacios para olvidar

Mano a mono con nuestros socios locales, estamos formando a profesores, psicólogos y médicos sobre como comunicar con y como ofrecer apoyo a los niños y las niñas. Juntos, hemos establecido espacios de juego seguro para los niños y niñas que han huido de la violencia, para que jugando, también puedan sentirse capaces de hablar de su experiencia. Y funciona. De hecho, la próxima semana los propios niños y niñas van a publicar su primer periódico.

Las noticias seguirán centrándose en los misiles, las bombas y las batallas diarias. Nosotros continuaremos centrados en tratar de poner una sonrisa en la cara de los niños y las niñas.

Últimos días en Japón

25 de Marzo de 2011 | 9:27 am

Sería fácil a estas alturas caer en  la trampa volverse inmune al sufrimiento ajeno. Sería fácil hacer una pregunta inoportuna o insensible. Y sería fácil etiquetarles de “víctimas” más que de seres humanos que han vivido una horrible y traumática experiencia.

Espero no caer en esa trampa. Pero de vez en cuando me dejo llevar por una historia humana de supervivencia que supone un aviso visceral  de que hay que tratar a los afectados por un desastre con respeto y dignidad.

Hoy he conocido en un centro de evacuación en las afueras de Ishinomaki a Seina, de nueve años, y a su madre Yuriko. Su historia me ha enjuagado las lágrimas de los ojos y mi traductor, que vive en la zona, ha acabado emocionalmente agotado.

El día del terremoto y el tsunami, Siena, un estudiante de cuarto grado de primaria, supo qué hacer porque lo había practicado hasta la saciedad en la escuela. Una vez que el suelo dejó de moverse, la orden fue reunirse fuera para el recuento. El tiempo aproximado de este proceso fue de 14.50 minutos.

En el patio del colegio estaba la hermana mayor de Seina, también alumna de la escuela. Se confortaron mutuamente y siguieron diferentes caminos. Fue la última vez que Seina vio a su hermana.

Decepcionado y ansioso, Seina estaba impaciente por encontrarse con su madre así que eligió pedalear hasta casa. Su hermana, cuyo nombre y edad desconozco porque a mi traductor le pareció incómodo preguntárselo (¿quién puede culparle?), decidió regresar en el bus escolar. Esta decisión le costó la vida a ella y a 94 de los 108 alumnos de la escuela. Repito: 94 de los 108 niños de una misma escuela murieron a causa del tsunami.

Me enteré de este devastador dato en mitad de mi entrevista con Seina y su madre Yuriko pero incluso antes ya sabía que algo había mal. Seina se enjuagó las lágrimas y mi traductor hizo una profunda reverencia. Entonces se giró, comenzó a llorar y me preguntó si podíamos hacer una pausa en la entrevista. Después de unos minutos volvimos a ello. Me sentía incómodo y plenamente consciente de la situación pero la familia y el traductor me aseguraron que podíamos hacerlo.

Seina me dijo que lo que más quiere es volver a su casa. Eso no es posible porque el tsunami se la llevó por delante. “No nos queda nada. Solo mi madre y yo, mi hermana ya no está con nosotros”.

Me he quedado sin palabras. Empiezo a tropezarme con mis propias preguntas, pero quiero aparentar que controlo la situación para no causar en Seina y su madre mayor angustia y molestias.Es la historia más triste que jamás he oído.

Ver a los niños y niñas forzados a vivir como sardinas en lata junto a otras familias sin hogar en refugios temporales como polideportivos o gimnasios, acurrucados en torno a estufas de queroseno para calentarse porque no hay electricidad, y saber que algunos de ellos han perdido a sus seres queridos, simplemente me deja sin palabras.

Niños como Seina necesitan desesperadamente ayuda. Puede que no tengamos los recursos para estar en todas las zonas afectadas por el tsunami ya que la devastación abarca 600 kilómetros de costa, pero llegaremos s a todos los niños y niñas que podamos con mantas, ropa de abrigo y con la creación de Espacios de Juego Seguros.

Esos son algunos de los aspectos materiales de los que nos podemos encargar. Pero no sé cómo ayudarles a superar la pérdida de una hija y hermana. No puedo imaginarme la inmensa pena, el profundo dolor de corazón.

Todo lo que puedo hacer como comunicador es hacer que el mundo sepa lo que está ocurriendo para que los niños y niñas de Japón consigan la ayuda necesaria para salir de ésta.

“Hay muchos niños que están peor que yo”. Riku, 12 años.

16 de Marzo de 2011 | 6:04 pm

A pesar de llevar ropa preparada para la lluvia, capas y capas de ropa abrigada, calcetines gordos y guantes, hoy es el día más frío que he sentido en muchos años. Para llegar a los niños y las familias en esta parte de la zona devastado tuvimos que andar muchas horas por el barro, subir por las colinas sobre los restos y restos que dejó el tsunami y recorrer muchos kilómetros hasta llegar al punto más lejano de la costa este de Japón.

Antes de que me acuséis de insistir demasiado en el frío que hace, dejadme apuntar algo. Llamo la atención sobre las gélidas temperaturas aquí para resaltar que los niños y niñas sin más opciones que permanecer refugiados en las escuelas y hospitales de la zona encuentran el calor en las pequeñas lámparas de queroseno. Y la imagen de esta situación es, cuanto menos, devastadora. La imagen con la que me encontré hoy en Ishinomaki. Podéis ver las fotos de la ciudad aquí .

Aquí conocí a Asato, de 8 años, y a Karen, de 6, y también a sus padres Koichi y Rumi apiñados todos juntos en una clase del segundo piso de esta escuela primaria con apenas unas mantas y una pequeña estufa para calentarse. Por la ventana se veía caer la nieve. Hace un frió atroz, pero la temperatura a la que llega esta vieja clase por la noche…en fin, os lo podéis imaginar.

En la misma clase conocí a Riku, de 12 años, un joven elocuente y seguro que me emocionó con sus palabras de apoyo al resto de los niños afectados. Sentados en el suelo empezó a contarme lo importante que es que el resto del mundo no se olvide de ellos. Pero puso especial énfasis en decirme, y le cito textualmente: “hay muchos niños que están peor que yo. Y tenéis que ayudarles primero. Necesitan la ayuda más que yo.”

Emergencia en Japón: lo que más preocupa a los niños es no saber qué ha ocurrido con sus amigos

13 de Marzo de 2011 | 12:54 pm

Nuestro compañero de comunicación Ian Woolverton forma parte del equipo de emergencias de Save the Children. Desde Japón nos escribe sensaciones de lo que está viendo en la zona afectada por el terremoto, el tsunami y ahora por el accidente nuclear.

Bien, hemos llegado a la ciudad de Sendai. Hemos visitado muchos centros de evacuación uno de los cuáles solía ser una escuela primaria y ahora alberga a más de 400 familias. He hablado con algunas de ellas…familias cuyos hogares han quedado parcial o totalmente destruidos por las olas del tsunami. También me he encontrado con familias que empezaban a tratar de rescatar lo que podían de sus hogares.

Ahora mismo acabamos de llegar a un centro en el que enseguida empezaremos a establecer espacios seguros. Estamos logrando excelente cooperación y coordinación con las autoridades locales, lo que nos está facilitando hacer nuestro trabajo y llegar a los niños y niñas más vulnerables. Una madre me insistía en que lo que necesitaban ahora los niños y las niñas eras juegos para olvidarse de lo que está pasando. La misma madre que me lo decía no podia disimular en tremendo estrés y pánico que el terremoto le había ocasionado.  Es difícil disimular cuando todavía sientes el temblor en tu cuerpo.

Nos aseguraremos de que los niños y las niñas se reunen con sus familias, algo fundamental en nuestro trabajo de emergencias. Luego llega el momento de tratar de ofrecerles la sensación de normalidad. Si se logra normalizar el ambiente de un niño en estas circustancias, se podrán evitar traumas psicológicos a largo plazo. Queremos dar a los niños y las niñas un espacio seguro en el que jugar y tratar de evitar el trauma. Los niños con los que he hablando están deseando ir a la escuela para estar con sus amigos y amigas. Esa es una de las cosas que más les preocupa: no saben si les ha ocurrido algo a sus amigos.

“En Pakistán el futuro está ahí para seguir adelante”

27 de Enero de 2011 | 11:54 am

Seis meses después de las increíbles inundaciones que devastaron Pakistán desde el norte hasta el sur –una zona mucho mayor que toda España- la situación de crisis para los niños y niñas del país está muy lejos de haber terminado. Siguen creciendo los casos de enfermedades y desnutrición; miles de personas no cuentan con ropa ni refugio adecuado para las heladas noches de invierno y, en la zona más afectada (la provincia de Sindh en el sur), todavía permanecen bajo el agua enormes zonas de la región. Muchos agricultores no van a poder plantar los cultivos de invierno, lo que significa que sus medios de vida y su acceso a comida va a ser muy complicado durante los próximos meses y años. Desde el propio gobierno han confirmado que algunas de las zonas más afectadas tardarán todavía otros seis meses en secarse por completo.

Recientemente llegué a Pakistán para sustituir al responsable de Save the Children para la emergencia. Decidí asumir el cargo después de una visita el pasado mes de octubre, casi tres meses después de las inundaciones, cuando comprobé con mis propios ojos la enorme crisis de la que se trataba (algo que no había podido comprobar en la insignificante cobertura ofrecida por los medios de comunicación). Por aquel entonces acababa de volver de Haití y no esperaba aterrizar en Pakistán y descubrir, de nuevo, un desastre de la misma magnitud.

Después de pasar dos semanas con el equipo de gente extraordinaria que tenemos en Pakistán, que emprendieron una increíble respuesta a la emergencia, y después de enfrentarme a una crisis de este tamaño en terreno y ver la necesidad extrema que existe en el país, sabía que iba a querer volver y trabajar aquí.

Recién llegado a mi nuevo puesto y habiendo estado en terreno durante dos semanas –en Punjab y en Sindh, las zonas más afectadas- me he dado cuenta de que todavía queda un enorme trabajo por hacer para ayudar a reestablecer la vida de las comunidades afectadas. Me preocupa mucho pensar que las cosas no van a mejorar en Pakistán durante mucho tiempo. Y lo digo especialmente después de haberme sentado a escuchar y hablar con los niños y niñas que pasan por los espacios seguros de juego. Porque me contaron cosas como que incluso antes de que el agua destrozase las escuelas, muchos de ellos llevaban dos años sin ir al colegio porque los profesores no daban las clases.

Si esa era la situación antes de las inundaciones, me temo el futuro que les espera a estos niños. De ahí que nuestras metas de respuesta a la emergencia sean tan ambiciosas.

Durante las dos primeras semanas aquí, me pasé la mayor parte del tiempo en las comunidades afectadas, hablando con los niños y los padres y escuchando sus historias sobre las inundaciones y los días después, tratando de comprender mejor cuáles son sus necesidades ahora, seis meses después. Una de las que se repitió por igual entre niños, niñas, padres y madres –una y otra vez- fue la necesidad de refugio, ropa caliente y mantas. Lo más básico. Aquí hace sol y calor durante el día pero las noches son tremendamente frías. Alguna gente vive ahora en tiendas de campaña, otros tratan de reconstruir sus casas de barro (que no resistirán el paso de otras lluvias de este tipo). Pero muchos viven debajo de lonas de plástico, sin mantas ni ropa de abrigo. Llevamos seis meses ofreciendo este tipo de ayuda y sin embargo, sigue sin ser suficiente. No hay prueba más fehaciente de la escala del desastre.

Otra de las mayores preocupaciones tiene que ver con la salud y la desnutrición. He visitado varios centros de estabilización de Save en Shikarpur (región de Sindh), donde varios niños con desnutrición  fueron reenviados por los equipos se nutrición en terreno. Estuve con cuatro madres que acompañaban a sus hijos y no pude emocionarme con uno de los niños: tenía casi dos años pero el estado de desnutrición en el que se encontraba le hacía parecer un bebé de no más de cinco meses. Otro niño no paraba de llorar, algo que sólo percibías si le mirabas porque su debilidad le impedía emitir cualquier sonido. Creo que la imagen de verle llorar en silencio fue lo que más me afectó.

Pienso y solo me acerco al imaginarme como puede ser para un padre o una madre sentir que no puedes dar lo suficiente a tu hijo. Ese pensamiento me batió de nuevo. Un sentimiento que logras vencer cuando lo piensas mejor y sabes que por lo menos esos niños están siendo ahora atendidos, que van a seguir viviendo. Ese día fui consciente de nuevo de lo importante que  es que el gobierno, los donantes y la comunidad internacional siga respondiendo cuando la emergencia entra en la denominada “fase de recuperación”.

El trabajo aquí está muy lejos de quedar terminado y todavía queda mucho tiempo para superar esa fase de recuperación. Pero cuando, hablando con la madre del hijo que lloraba en silencio, ella me decía que su hijo iba a salir adelante, sientes que todo el trabajo del mundo merece la pena y que el futuro de todos esos niños y de sus familias está ahí para seguir adelante.

Empezando en la familia con energía

20 de Enero de 2011 | 11:42 am

Hola me llamo Elisa y desde hace poco más de 3 meses me he unido a la familia de Save the Children España. Trabajo desde Quito, Ecuador, como coordinadora de emergencias para la región de América Latina y Caribe.

Mi incorporación no ha podido llegar en mejor momento; después de unos mesecitos aterrizando en la vida diaria de Quito y de Save the Children, he tenido la oportunidad de participar no sólo en la reunión anual de la institución, que tiene lugar la última semana de cada año, sino que esta vez, algunos de mis compañeros y yo hemos tenido la oportunidad de participar en un interesantísimo curso sobre seguridad organizado por Cedem (centro de estudios de desastres y emergencias) y financiado por AECID (agencia española de cooperación internacional para el desarrollo).

El curso tuvo lugar el pasado sábado 18, y aunque al principio siempre cuesta un poquito dejar a la familia sola el fin de semana, os aseguro que valió muchísimo la pena.

Nos trasladamos a las afueras de Madrid (el camino algo largo teniendo en cuenta el madrugón que supuso), en 3 equipos con 4×4 haciendo diferentes pruebas de comunicación. Se acabaron las típicas comunicaciones cómicas del “roger, se me recibe?”; ahora sé que primero se nombra a la persona o grupo que queremos contactar y después nos presentamos nosotros, así cada uno sabe cuándo y cómo comunicarnos en un comboi.

Estuvimos el día entero en una zona alejada de la civilización recibiendo formación práctica sobre las actuaciones a realizar en zonas inseguras, pero evidentemente lo mejor y más provechoso fueron las apariciones de “guerrilleros” que nos hicieron ponernos en situación, y en más de una ocasión, fueron situaciones bien delicadas.

Si bien sabía de antes que la imparcialidad de las ONGs en zonas de conflicto es un valor indiscutible, esta experiencia nos ha demostrado lo difícil que es aplicarlo en el contexto real; retenidos por un grupo guerrillero que te “motiva” a brindar con agua ardiente por “la revolución” es una situación que hasta la fecha no se me había ocurrido como superarla. Y como esta, muchas otras situaciones que realmente requieren un esfuerzo imaginativo y de mano izquierda para conseguir salir airoso cada día que salimos a la calle a realizar nuestro cometido.

Ha sido sin duda una gran experiencia formativa, pero también un gran aprendizaje personal, totalmente recomendable a todos y todas aquellas que ven su seguridad limitada mientras trabajan por un mundo mejor.

Blogueros, os deseo desde Quito un feliz año 2011 lleno de nuevos e interesantes aprendizajes!!

La educación y la vida

12 de Enero de 2011 | 12:55 pm

En una emergencia los niños y las niñas son siempre los más vulnerables. Lo primero que hicimos tras el terremoto de Haití fue establecer espacios seguros donde los niños pudiesen jugar y estar con otros niños en un ambiente seguro. Luego empezó la reconstrucción de las escuelas.

En el video hablamos con ellos, los niños y las niñas para los que la educación representa el futuro y la escuela el presente. También hablamos con Rose, una profesora que nos transmite lo difícil que fue para ellos empezar de nuevo.

Los medios y las ONGs: una relacioón difícil pero necesaria

3 de Septiembre de 2010 | 12:47 pm

Nuestro compañero de comunicación, Ian Woolverton, está en Pakistán para ayudar a nuestro equipo a hacer que la emergencia se mantenga en nuestro imaginario colectivo.

Un grupo de reporteros y productores llegan para contar la historia de la respuesta que estamos dando desde Save the Children a las víctimas de las inundaciones en el distrito del Sukkur, Sindh, en Pakistán. Aferrados a sus trípodes, sus cámaras, el bloc de notas y los micrófonos, se apresuran para captar el mejor plano, para encontrar la mejor historia.

Hoy en Sukkur, los equipos de cámara de televisión y los fotógrafos informan desde una clínica de asistencia primaria que hemos ayudado a establecer sobre la superficie de lo que solía ser un colegio – convertido ahora en hogar para más de 2.000 personas afectadas por las inundaciones.

De 9 a 5, 7 días a la semana, la gente espera la cola para ver al médico en el centro. Se ofrecen medicamentos gratuitos para aquellos que los precisen, fundamentalmente para la diarrea, la malaria y las infecciones cutáneas.

Es temprano todavía, en torno a las 9:30 de la mañana, cuando llega el primer equipo de televisión. Uno de los productores le pide a una médico que le acompañe a dar un paseo por el campo de desplazados. A los medios les gustan este tipo de cosas, contar la historia a través de los ojos del experto en el terreno.

Pero aún así, no puedo evitar fruncir el ceño. ¿Te imaginas a un periodista en Reino Unido entrando como si nada en una clínica, inmiscuirse en medio de una consulta y pedirles – aunque con mucha educación- dar una vuelta a la manzana?

En este punto, debería dejar una cosa clara. No estoy criticando a los medios. En las emergencias humanitarias, tienen un papel muy importante que desempeñar y, por lo general, lo hacen muy bien.

De hecho, las organizaciones de ayuda y los medios nos ayudamos los unos a los otros para contar historias en las emergencias. Compartimos información, es una relación de simbiosis. Pero la forma en que nosotros contamos –o quizás mejor, buscamos- las historias es diferente. Por ejemplo, a mi no me permiten grabar o sacar fotos de nadie sin su consentimiento. Si quiero usar la imagen de un niño en una historia o en una entrada para el blog, tengo siempre que grabar su nombre y otros datos pertinentes, como su edad. Por último, aunque quizás más importante, para todo lo anterior necesito el consentimiento explícito de sus padres, tutores o de las personas encargadas de su cuidado.

Pero los medios no necesitan nada de eso. Hay que admitir que algunos hacen grandes esfuerzos para obtener importante información personal sobre las personas a las que entrevistan, graban o fotografían. Pero no todos lo hacen y ese es el problema ya que poner el nombre a una cara no es algo banal, humaniza a la persona afectada en lugar de etiquetarla a modo general como víctima de un desastre.

Así que, ¿de qué manera influimos las organizaciones a la hora de ayudar a dar forma a los reportajes y noticias que los medios emiten sobre los desastres?  Respuesta corta: bastante.

Dejadme que os de un ejemplo. La CNN grabó a una de nuestras compañeras, Claire Sandford, mientras visitaba esta semana los campamentos habilitados en el distrito de Sukkur para las personas que han perdido sus hogares. Después de terminar con la grabación, Claire me llamó diciéndome que le parecía que el cámara había grabado a un niño desnudo y me pidió que por favor contactase con el periodista para que no usase esa imagen en la historia.

Como la mayoría de las organizaciones, nunca usamos imágenes en las que los niños o niñas aparezcan en situaciones que pudieran resultar degradantes. Y estoy seguro de que estaréis de acuerdo de que el código de conducta que seguimos representa una política muy sensible. Y después de todo esto, ¿cómo te sentirías si alguien sacase una cámara y la apuntase en la dirección de un niño desnudo? ¿Dónde está el respeto y la dignidad?

Así que, llamé al periodista de la CNN y le pedí que no usasen la imagen del niño en la historia. “Si, no se me ocurrió en aquel momento, pero al montar el video coincidimos en que no estaba bien usarla y decidimos quitarla”, me contestaba el corresponsal de la CNN Kyung Lah. Fin de la historia.

Volviendo al asunto de trabajar con los medios en los desastres naturales, está claro que el hecho de que hayan dirigido su objetivo a las inundaciones ha ayudado a impulsar el apoyo de los donantes internacionales. Durante los próximos seis meses, desde Save the Children queremos llegar a más de dos millones de personas –entre ellos, un millón de niños y niñas- con ayuda, principalmente alimentos y refugio. Y este objetivo no podría alcanzarse sin el apoyo de los donantes y sin el objetivo de los medios enfocando hacia el país.

Pero de vuelta a la clínica de la que hablaba al principio, intenta explicarle todo esto a la madre cuyo hijo sufre diarrea severa mientras ve como entra en la consulta un grupo de personas con cámaras, o a la madre de la niña a la que un horrible sarpullido le recorre el cuerpo y, que además, ha perdido su hogar por culpa de las lluvias. Apuesto a que se hubieran cambiado con el equipo de periodistas para entrar antes a la consulta y conseguir los medicamentos que venían buscando.

Pero debemos ser pragmáticos. Por mucho que me guste vivir en un mundo en el que no existen desastres naturales, el caso es que suceden. Y cada vez son más frecuentes. Los recursos que la comunidad de donantes tiene para ofrecer a las organizaciones son limitados por lo que, es obvio que necesitamos el apoyo de la sociedad civil. Y somos conscientes también –y de hecho lo agradecemos sobremanera- que el objetivo de una cámara y el bloc de notas de un periodista, es una de las bazas con las que contamos para que la emergencia y sus víctimas no se olviden.

El primer paso de Sajjad y su familia

17 de Agosto de 2010 | 12:31 pm

Sajjad, tiene 14 años y vive en el suburbio de Jail, en la ciudad de Bahrain, en el Swat. En Jail hay más de 50 hogares asentados sobre las orillas del río Swat. Además de las casas, está lleno de plazas, restaurantes, hoteles y hostales para los turistas que llegan de todo Pakistán. Sajjad es el mayor de cinco hermanos y estudia en la Clase 7 del Complejo Educativo del Swat, una escuela privada en Bahrain.

El padre de Sajjad es profesor y tiene una plantación de manzanas cerca del río Swat. Uno de sus mayores deseos es que a Sajjad le vaya bien en clase y pueda estudiar en la universidad.

El año pasado la familia de Sajjad tuvo que abandonar su hogar debido al desplazamiento impuesto por el conflicto entre el ejército pakistaní y los talibanes del Swat. El padre de Sajjad no obtuvo ni una rupia de su salario durante meses ya que todas las escuelas estaban cerradas mientras que, en su ausencia, todo su cultivo de manzanas se estropeó. Sin embargo, la familia logró reconstruir su vida después de que el conflicto cesase.

Y llegaron las inundaciones. El pasado 28 de julio, las zonas colindantes con el río Swat fueron golpeadas por torrentes intensos de agua, causando enorme destrucción de vidas y propiedades. Bahrain fue una de las ciudades más afectadas en Khyber Pakhtunkhawa – el agua cubrió calles enteras en menos de 24 horas. El barrio de Jail –donde vive Sajjad- quedó devastado.

Sajjad nos explicaba que llevaba lloviendo dos días cuando les dijeron que su barrio estaba totalmente cubierto por el agua. “Nuestros vecinos huyeron corriendo a lo alto de la colina. Nosotros cogimos las cosas de más valor y no mudamos a casa de mi tío, en una zona más segura. Al día siguiente comprobamos que nuestra casa había quedado totalmente destrozada”.

A la mañana siguiente el padre de Sajjad comprobaba con sus propios ojos que la cosecha de manzanas estaba cubierta por el barro y el agua. Desde aquel día –me contaba Sajjad- su padre calló enfermo y permanece todo el día en estado de depresión.

Sajjad nos dice que ha perdido todos sus libros. Al lugar donde se encuentra están llegando las distribuciones de alimentos pero parece que no son suficientes para la familia de su tío –que les está acogiendo- y para la suya.

Una de las tareas a las que hemos estado dedicados desde el principio –a parte de asistir a las familias una vez que cesaron las lluvias en el Swat- es evaluar el daño e identificar a las familias con más necesidades en las zonas más terriblemente afectadas, entre ellas Bahrain. Primero seleccionamos a las familias que habían perdido sus hogares para repartir tiendas de campaña con bambú y un kit de refugio para establecer estructuras temporales. Al haber perdido su hogar, la familia de Sajjad fue una de las seleccionadas.

En estas situaciones son pequeñas las cosas que te hacen seguir adelante y ver a Sajjid más tranquilo fue una de esas cosas. “Se que esto no va a reemplazar mi casa pero al menos será un primer paso para mi familia”, me decía.

Derrumbamientos y exhuberancia en el Swat

12 de Agosto de 2010 | 1:53 pm

Después de dos días sin respiro en Islamabad, decidí afrontar el fuerte chaparrón en mi vuelta hacia el Swat cruzando las montañas de Malakans. La carretera estaba abarrotada de tierra y pequeñas piedras hasta que llegamos a un punto en el que el abarrotamiento nos obligó a parar; los ingenieros del ejército estaban parando el tráfico. Una piedra enorme se estaba rompiendo a causa del agua y la montaña entera a punto de colapsarse.

Estuvimos allí toda la tarde, hasta que se hizo de noche. Y la piedra, con un trozo de montaña, calló por fin.

Al día siguiente, ya en el Swat, fui a visitar el distritito de Shangla para evaluar el daño causado por las inundaciones. Toda esta zona representa un pastel de exuberante vegetación y valles brillando a través del reflejo de cimas blancas y de aguas termales que brotan en cada rincón.

Pero la belleza del lugar se mezcla ahora con la magnitud de la catástrofe. Tras las reuniones con funcionarios del gobierno, hemos cuantificado hasta 250.000 personas severamente afectadas por las inundaciones y aisladas del resto de Shangla. Cerca de 70.000 personas altamente vulnerables, que se han quedado absolutamente sin nada, se encuentran esperando a recibir algún tipo de ayuda en Shahpur. Un total de 270 casas, siete puentes, dos hospitales y cuatro escuelas han resultado totalmente “barridos”, mientras que miles de personas han perdido sus granjas, su ganado y sus negocios. Desafortunadamente, la ayuda humanitaria no había llegado hasta esta zona todavía. Apenas existe un comité compuesto por autoridades civiles, fuerzas armadas y notables de la comunidad que están empleando una cadena de 50 mulas para transportar raciones básicas de alimentos para 1.400 familias en una extensión de 35 kilómetros.

Esta semana, esperamos poder ofrecer tiendas de campaña y artículos para construir hogares temporales para más de 1.000 familias así como distribuir alimentos entre 1.500 personas de las áreas más remotas del Swat superior.

El temor a más lluvias, más inundaciones y derrumbamientos persiste pero, al igual que la exuberante belleza del valle, nuestra iniciativa para ayudar a las víctimas sigue inmutable.