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Crisis en Libia: Esperando en la frontera

10 de Abril de 2011 | 7:38 am

Nuestra compañera Victoria se encuentra en la frontera entre Libia  y Túnez. Desde allí nos explica la situación de las más de 10.000 personas que se encuentran en los campos de refugiados, 335 de las cuáles son niños y niñas.

He trabajado el último mes en la respuesta de emergencia de Save the Children al conflicto de Libia: primero desde El Cairo, apoyando a nuestro equipo situado en la frontera entre ambos países, y ahora desde Túnez. La situación en Libia permanece extremadamente insegura, tanto que para nosotros también resulta peligroso llegar y asistir a los refugiados en el oeste del país. Sin embargo, estamos preparados y esperando poder entrar a ayudar tan pronto como nos sea posible.

El equipo de Save the Children en el este se encuentra asentado en Bengasi, detectando cuáles son las necesidades más urgentes de los menores y sus familias y dedicándose a repartir los bienes básicos. Nos llegan informes desde ciudades como Ajdabiya, Brega y Misrata, donde se han producido intensos enfrentamientos entre las fuerzas de Gadaffi y la oposición lo que ha hecho que los suministros de agua, comida y medicamentos hayan descendido peligrosamente. Estamos muy preocupados por el bienestar de los niños en estas ciudades.

Aquí en la frontera con Túnez, Save the Childen ha instalado Espacios Seguros de Juego en los campos de refugiados, que acogen no tanto a libios como a emigrantes trabajadores que han escapado solos o con sus familias, lo que supone una situación especial. A principios de abril, había personas de 29 países distintos en los campos, desde Zimbawe a Pakistán, de Jordania a Togo. Los grupos más numerosos son de Sudan, Somalia, Eritrea y Chad. Hay alrededor de 10.000 personas en los campos, de los cuales unos 335 son menores.

Se estima que todos los días entre 2.000 y 3.000 refugiados cruzan la frontera. Algunos se quedan poco tiempo en los campos antes de regresar a sus países de origen pero los procedentes de lugares como Eritrea, Iraq, Palestina y Somalia, donde también existen conflictos armados violentos, todavía no saben dónde ir ni qué hacer en su próximo destino.

Rayana, Razan y Ahmed

Rayana, Razan y Ahmed nacieron en Libia aunque sus padres son naturales de Darfur, Sudán, de donde emigraron en busca de trabajo. Durante muchos años han vivido en Libia hasta debido al conflicto que azota al país se vieron obligados a abandonar repentinamente su hogar. Ahora se refugian en un campo temporal de Túnez con sus padres, esperando para volver a Sudán.

Rayana y Razan acudían a una escuela para sudaneses en Tripoli, pero el centro cerró a finales de febrero por las protestas populares. Los menores me contaron que oyeron el “ta ta ta” de los disparos en las calles de su ciudad. Rayana asegura que no le asustaban, aunque cree que a su madre sí. En palabras de Razan: “Cuando oí los disparos estaba asustado y pensé que algunos podrían entrar en casa”.

Las familias de Rayana y Razan siempre se sintieron bienvenidas en Libia y mantenían buenas relaciones con sus vecinos tras la reciente crisis. Sin embargo, después de que se acusara al régimen de Gaddafi de contratar mercenarios del África subsahariana, empezaron a tratarles con suspicacia. Ya no se sentían seguros y las mujeres temían que cuando sus maridos salían de casa no les volvieran a ver más.

Cuando sus padres decidieron abandonar Libia y trasladarse a Túnez, Rayana y Razan tuvieron que empacar rápidamente sus pertenencias. Tan sólo lo básico. Rayana olvidó su osito de peluche y ahora lo echa de menos. Ambos extrañan sus juguetes y la escuela. Cuando sean mayores, ambos quieren ser medicos, aunque Rayan duda también si ser ingeniero.

Sus madres son inflexibles: no volverán a Libia. Aunque también están preocupadas por el futuro que les espera en Sudan y cuánto tiempo tendrán que esperar en los campos de refugiados.

Aliviando las heridas de una guerra

31 de Marzo de 2011 | 3:52 pm

Acabo de pasar una semana en Sri Lanka visitando un proyecto ubicado en el norte del país.

A final de mayo del 2009 terminó la guerra entre los Tigres Tamiles y las fuerzas armadas gubernamentales tras casi 30 años de conflicto armado. Se trata de un país fragmentado entre tamiles y cingaleses. Han sido años muy duros en los que no ha habido ningún respeto para los derechos humanos. Se han usado minas antipersona, bombardeos a colegios y hospitales, ataques suicidas y reclutamiento de menores, torturas, ataques indiscriminados contra población civil, desapariciones… . Ambas partes implicadas han escrito una de las historias más tristes de los últimos años en esta parte del mundo.

Save the Children con financiamiento del Gobierno Vasco está apoyando la reparación y equipamiento de 12 escuelas en 4 de los 5 distritos de las provincia del Norte. No sólo se trata de la reparación de las mismas sino que se trabaja para construir espacios amigables y seguros para la infancia. Para conseguir este propósito es necesario invertir en construcción, dotarles de letrinas, apoyar instalaciones deportivas y recreativas, dotarles de equipamiento, mobiliario, materiales escolares, incentivar la participación de los comités de padres y profesores y garantizar los estándares mínimos de educación que Save the Children realiza en sus intervenciones en el ámbito educativo.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de las escuelas fueron ocupadas por el ejército en alguno de los tramos de la guerra, especialmente en la fase final cuando las fuerzas armadas gubernamentales fueron ganando terreno a los tigres tamiles. Actualmente hay un contexto de máximo control por parte del gobierno respecto al trabajo de las ONGs. Se trata de una situación post bélica en la que mucha población está retornando a sus lugares de origen. Es difícil encontrar gente que no hay perdido algún familiar durante el conflicto a que no haya sido desplazado por las amenazas de los enfrentamientos armados. Solo por dar un dato actual, todavía quedan 100.000 refugiados tamiles en la India esperando regresar a sus lugares de origen en los que han sido destruidos y ocupados durante los últimos años.

A pesar de todas las desgracias que han sufrido en las zonas donde se ubica nuestro proyecto, los niños y niñas continúan sonriendo, disfrutan en el colegio, incluso regresan cuando han terminado las clases, sueñan con ser doctores/as y profesores y profesoras, algunos de ellos y ellas caminan varios kilómetros todos los días para poder llegar a clase, también los padres hacen contribuciones para pagar a los profesores y profesoras. Después de este viaje reconfirmo que nosotros y nosotras también debemos hacer un esfuerzo para mejorar su situación educativa.

Quiero aprovechar este artículo para agradecer personalmente a las personas que participaron en la formulación y la presentación de la propuesta ya que gracias a estas personas y al compromiso del equipo de Save the Children en Sri Lanka ubicado en las oficinas del Norte han posibilitado que más de 6000 niños y niñas del norte del país puedan ejercer su derecho de acceso a la educación después de una guerra que ha pasado desapercibida para la mayoría de la sociedad española.