Nuestra compañera Victoria se encuentra en la frontera entre Libia y Túnez. Desde allí nos explica la situación de las más de 10.000 personas que se encuentran en los campos de refugiados, 335 de las cuáles son niños y niñas.
He trabajado el último mes en la respuesta de emergencia de Save the Children al conflicto de Libia: primero desde El Cairo, apoyando a nuestro equipo situado en la frontera entre ambos países, y ahora desde Túnez. La situación en Libia permanece extremadamente insegura, tanto que para nosotros también resulta peligroso llegar y asistir a los refugiados en el oeste del país. Sin embargo, estamos preparados y esperando poder entrar a ayudar tan pronto como nos sea posible.
El equipo de Save the Children en el este se encuentra asentado en Bengasi, detectando cuáles son las necesidades más urgentes de los menores y sus familias y dedicándose a repartir los bienes básicos. Nos llegan informes desde ciudades como Ajdabiya, Brega y Misrata, donde se han producido intensos enfrentamientos entre las fuerzas de Gadaffi y la oposición lo que ha hecho que los suministros de agua, comida y medicamentos hayan descendido peligrosamente. Estamos muy preocupados por el bienestar de los niños en estas ciudades.
Aquí en la frontera con Túnez, Save the Childen ha instalado Espacios Seguros de Juego en los campos de refugiados, que acogen no tanto a libios como a emigrantes trabajadores que han escapado solos o con sus familias, lo que supone una situación especial. A principios de abril, había personas de 29 países distintos en los campos, desde Zimbawe a Pakistán, de Jordania a Togo. Los grupos más numerosos son de Sudan, Somalia, Eritrea y Chad. Hay alrededor de 10.000 personas en los campos, de los cuales unos 335 son menores.
Se estima que todos los días entre 2.000 y 3.000 refugiados cruzan la frontera. Algunos se quedan poco tiempo en los campos antes de regresar a sus países de origen pero los procedentes de lugares como Eritrea, Iraq, Palestina y Somalia, donde también existen conflictos armados violentos, todavía no saben dónde ir ni qué hacer en su próximo destino.
Rayana, Razan y Ahmed
Rayana, Razan y Ahmed nacieron en Libia aunque sus padres son naturales de Darfur, Sudán, de donde emigraron en busca de trabajo. Durante muchos años han vivido en Libia hasta debido al conflicto que azota al país se vieron obligados a abandonar repentinamente su hogar. Ahora se refugian en un campo temporal de Túnez con sus padres, esperando para volver a Sudán.
Rayana y Razan acudían a una escuela para sudaneses en Tripoli, pero el centro cerró a finales de febrero por las protestas populares. Los menores me contaron que oyeron el “ta ta ta” de los disparos en las calles de su ciudad. Rayana asegura que no le asustaban, aunque cree que a su madre sí. En palabras de Razan: “Cuando oí los disparos estaba asustado y pensé que algunos podrían entrar en casa”.
Las familias de Rayana y Razan siempre se sintieron bienvenidas en Libia y mantenían buenas relaciones con sus vecinos tras la reciente crisis. Sin embargo, después de que se acusara al régimen de Gaddafi de contratar mercenarios del África subsahariana, empezaron a tratarles con suspicacia. Ya no se sentían seguros y las mujeres temían que cuando sus maridos salían de casa no les volvieran a ver más.
Cuando sus padres decidieron abandonar Libia y trasladarse a Túnez, Rayana y Razan tuvieron que empacar rápidamente sus pertenencias. Tan sólo lo básico. Rayana olvidó su osito de peluche y ahora lo echa de menos. Ambos extrañan sus juguetes y la escuela. Cuando sean mayores, ambos quieren ser medicos, aunque Rayan duda también si ser ingeniero.
Sus madres son inflexibles: no volverán a Libia. Aunque también están preocupadas por el futuro que les espera en Sudan y cuánto tiempo tendrán que esperar en los campos de refugiados.


