Nuestra compañera Caterine continúa relatando las cosas que ve y siente mientras trabaja en la emergencia en Somalia. El testimonio de hoy es muy duro pero, al igual que la situación de muchas personas en el país, real como la vida misma.
Estoy al lado de una charca de agua estancada. Parece bastante inofensiva –sucia y llena de escombros- pero inofensiva.
Cuesta creer que apenas hace unos días este agua corría con fuerza por todo el campo de Sigale, dejando una oleada de destrucción a su paso.
El líder de la comunidad me habla de los retos a los que se enfrenta la gente aquí. Le hace una seña para que se acerque a una mujer mayor que permanece sentada junto a una niña.
La historia de Nuria
Su nombre es Nuria y llegó a Mogadiscio hace unos meses. Me quiere hablar de su hija y su experiencia durante las pasadas inundaciones.
Instintivamente miro a la pequeña que está junto a ella y que ahora le coge de la mano. “No, no”, me dice suavemente Nuria, “mi hija es su madre”
“Mi hija Sophia, estaba al final de su embarazo cuando empezaron las lluvias, ya había salido de cuentas y podía dar a luz cualquier día. Estábamos pensando en criar al pequeño juntas”.
“Pero estaba preocupada. No había comido durante muchos días y eso es algo muy malo si estás embarazada. No había nada para comer. Mendigamos por comida, pero qué puedes conseguir cuando nadie a tu alrededor tiene comida?”
“Aquella noche Sophia había empezado a tener dolores muy fuertes. Estaba tumbada sobre el suelo en nuestra choza y el agua de la lluvia entraba por todas partes. Entonces empezó con el parto”.
“Yo estaba con ella y otras cinco mujeres estaban también allí intentando ayudarla. Pero la lluvia caía con fuerza y en seguida el nivel del agua subió tanto que tuvimos que cogerla y sacarla de la choza”
“No sabíamos donde podíamos llevarla, alrededor nuestra solo había gente corriendo y escapando del agua. Todas la sujetábamos en brazos y la posamos en una zona más elevada”.
“Conmigo también estaba mi nieta de seis años”. Miro a Shamos –que así se llama la niña- pero es muy tímida y escapa la mirada.
“Me sente con Sophie e intenté animarla, pero estaba muy cansada y asustada por todo el caos alrededor. Estaba demasiado cansada para terminar con el parto y empezó a temblar de frío. Estaba muy mojada. No había ningún sitio cubierto donde protegernos de la lluvia. Yo la intentaba reanimar para que siguiese con el parto”.
“Después de un rato Sophia dejó de responderme”.
Nuria deja de hablar para recuperar su postura y sacude su cabeza con fuerza. “Sophia dejó de empujar al bebé hacia fuera”.
“Lo intentamos todo pero los dos murieron”
“Ahora estoy sola con Shamso y es muy duro. Soy ya mayor y Shamso echa de menos a su madre”.
“¿Qué vamos a hacer para sobrevivir? No hay comida, ni agua, ni refugio. Estoy desesperada”.

