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“No soy doctor, soy Nassirou”

12 de Julio de 2012 | 12:19 pm

Un coche acaba de llegar a toda velocidad. Desde dentro aparece un hombre que ayuda a salir a una madre con un bebé en sus brazos. El pequeño está muy débil.

Estamos en Aguie, en el centro de estabilización de Save the Children en la región de Maradi, al sur de Níger. Aquí llegan los casos de los niños y niñas con desnutrición severa que necesitan ayuda urgente.

El hombre comienza con el proceso. Lo primero, una silla para que la madre se siente; recoge una ficha con el historial médico del pequeño, le registra, le mide, le pesa en una báscula. Comprueba el tipo de desnutrición que le ha traído hasta aquí y las complicaciones que la enfermedad han podido provocar en su salud.

El hombre no cede ni un segundo de concentración pero todo lo hace con un cuidado fascinante. Nassirou, el hombre al que llevo observando un buen rato, es compañero y responsable sanitario de este centro.

- “Hola doctor, encantado de conocerle”, me presento.
- “No soy doctor, soy Nassirou”, me responde, al tiempo que su gesto de concentración se torna en una acogedora sonrisa.

Nassirou es uno de nuestros trabajadores sanitarios, contratados localmente y formados por Save the Children. Su trabajo consiste en recoger de las pequeñas clínicas rurales a los niños y niñas con desnutrición severa para traerles al centro de estabilización y tratar la enfermedad.

Pero más que un trabajo, lo de Nassirou es una forma de estar en el mundo, de compromiso con su país. Con su gente.

“Hago este trabajo porque las mujeres y los niños de mi país están sufriendo y necesitan ayuda. Y lo hago 24 horas al día cuando hace falta. Es mi responsabilidad como nigerino. Si hay organizaciones extranjeras que vienen a aquí a ayudar, también nosotros mismos tenemos que ayudarnos los unos a los otros”, me explica Nassirou.

En una emergencia alimentaria, la labor de los trabajadores sanitarios locales es imprescindible. Solo gracias a ellos podemos llegar a los niños y niñas que padecen desnutrición severa en los poblados más alejados.

Y solo gracias a tu ayuda podemos apoyar su trabajo.

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¿Y si no pudieras comprar comida?

29 de Mayo de 2012 | 1:53 pm
Imagina que no pudieras comprarte comida.

El problema no es que no haya alimentos en las tiendas, simplemente, no puedes comprarlos.

Ves la comida apilada y colocada en las estanterías de los supermercados, pero no eres capaz de comprarla.  Los precios han llegado tan alto, que estás en ese punto en que no puedes alcanzarlos.
¿Qué harías?

Suben los precios, bajan los ingresos

Esto es exactamente lo que está pasando en algunas zonas de Níger, un país en el que millones de personas -especialmente niños y niñas- corren el riesgo de sufrir desnutrición.
Un país donde la mayoría de las madres saben que sus hijos tienen muchas probabilidades de sufrir una desnutrición tan severa que les impida llegar a los cinco años.
Aquí, donde una combinación de  la subida en el precio de los alimentos (resultado en gran parte de la especulación en los mercados internacionales) junto con la inseguridad en los países vecinos se traduce en que las familias ya no puedan permitirse comprar lo que necesitan. El precio de algunos bienes ha alcanzado picos inalcanzables mientras que la mayoría de los padres han visto como sus ingresos han caído. Muchos no lograr lleva al hogar nada de dinero.

¿Y qué hay de cultivar tu propia comida? Os estaréis preguntando. Muchas familias nigerinas cultivan alimentos, especialmente alimentos básicos aquí como son el mijo o el sorgo, que muelen y mezclan con agua o leche para hacer puré de cereales.

Podrías pensar que esto solucionaría el problema y reduciría la dependencia de los mercados. Pero durante el año pasado, una combinación de falta de lluvias y escasez de cultivos hacen que las familias dependan más de comprar alimentos al mismo tiempo que los precios tocan su pico más elevado.

Los padres y madres nigerinos hacen todo lo que pueden para mantener a sus hijos con vida.
Están vendiendo todo lo que tienen, a los precios más bajos del mercado y dejando comidas para apenas comer solo una vez. Algunos están sacando a sus hijos de la escuela para ayudarles a encontrar dinero y reducir costes. Algunos están recurriendo a alimentarse de comida para los animales.
Pero entonces, ¿como podemos ayudar?

Aunque ya estamos en terreno apoyando la emergencia, el grado de ayuda no es suficiente para la cota de crisis que está alcanzando el país. Hoy, un millón de niños y niñas todavía se encuentran en riesgo extremo en toda la región del Sahel donde, al igual que en Níger, países vencimos como Mali, Burkina Faso y Mauritania, la población se enfrenta a una inminente crisis alimentaria.
Sabemos que podemos hacer más, que podemos ayudar a salvar la vida de más niños y niñas antes de que sea demasiado tarde. Pero también sabemos que no hay manera de que lo hagamos sin ayuda.



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La delgada línea que separa la muerte de la supervivencia

10 de Abril de 2012 | 3:42 pm

Una compañera que trabaja en el equipo de Níger nos escribe sobre el relato de Soueba  la delgada línea que separa la muerte de la supervivencia.

Fue todo un alivio sentir algo de fresco al entrar en la clínica y protegerme del sol abrasador que pega fuerte en Níger. Mientras me lo muestra todo, el doctor me explica que la clínica tiene tres zonas o fases, cada una de las cuáles se dedica a tratar las distintas etapas de desnutrición infantil y cualquier enfermedad asociada.

Me adentró en la fase uno, donde los niños se encuentran en el estado más crítico. La mayoría permanecen tumbados lánguidamente, con sus madres junto a sus camas en un estado cercano al aturdimiento. Se hace muy difícil permanecer allí mucho tiempo, la imagen es muy dura, mucho más dura que la mayoría de imágenes que he presenciado a lo largo de mis años de trabajo. Continúo con la fase dos, donde los niños y las niñas que logran sobrevivir inician el camino a la recuperación. Aquí es donde mi vista se fija en Soueba que acaba de dar de comer a su bebé Mansour. Me siento a su lado y me presento.

En la habitación hace calor pero es agradable lo limpio y tranquilo que está todo.

Soueba comparte conmigo su historia e intento comprender la terrible experiencia por la que ha pasado en las últimas dos semanas. Su positivismo y el gran aprecio que muestra a la ayuda que recibe se hacen cada vez más remarcables. “Llevamos aquí 12 días pero esta es la primera vez que venimos a la clínica. Somos de un poblado que está bastante lejos. Mansour estaba enfermo y durante tres días tuvo mucha diarrea por lo que le llevamos al centro sanitario más cercano para que le diesen medicamentos.

Después de otros tres días seguía enfermo y mi madre le volvió a llevar al centro sanitario, que está a dos horas andando desde nuestro poblado. En el centro llamaron a un coche de Save the Children para trasladar a Mansour a vuestra clínica de Aguie. Su abuela vino primero con él y luego llegué yo.”

La historia de la enfermedad que se prolonga y de la lucha para llegar a las instalaciones sanitarias se escucha constantemente en estas zonas remotas y desiertas de Níger. Sin embargo, cuando sigue contándome su historia me doy cuenta de la gravedad de la situación a la que se enfrenta.

“El otro niño que vino con nosotros desde un poblado cercano al nuestro murió al llegar. Cuando llegamos, Mansour estaba a punto de morir. Ahora puede gatear y ya se está recuperando y no dejo de dar gracias a Dios por ello.”

En el mismo coche, un niño murió y el otro sobrevivió. La línea de la supervivencia es así de fina.

Cuando me doy cuenta, un grupo de mujeres se ha sentado en torno a nosotras formando un círculo. Soueba explica lo que ella considera que es la raíz del problema. “Nuestra principal preocupación es la comida, no hay alimentos suficientes para todos en el poblado y este año la cosecha ha sido mucho peor que la del año pasado –además de la sequía, ha habido una plaga insectos. Los niños tienen hambre y sin carne ni legumbres, prácticamente solo se alimentan de mijo.”

Para cualquier niño, alimentarse con una dieta tan limitada conlleva en la mayoría de los casos retrasos en el crecimiento, lo cuál tiene un impacto de por vida.

La hermosa sonrisa de Soueba y su manera de agradecerlo todo continúa hasta el final de nuestro encuentro en la clínica. Al terminar insiste de nuevo en lo agradecida que está por todo lo que ha recibido.

“Quiero que Mansour crezca y vaya a la escuela para que alguna vez pueda convertirse en trabajador sanitario y ayudar a otros niños con los mismos problemas que él tiene ahora.”

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