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Los medios y las ONGs: una relacioón difícil pero necesaria

3 de Septiembre de 2010 | 12:47 pm

Nuestro compañero de comunicación, Ian Woolverton, está en Pakistán para ayudar a nuestro equipo a hacer que la emergencia se mantenga en nuestro imaginario colectivo.

Un grupo de reporteros y productores llegan para contar la historia de la respuesta que estamos dando desde Save the Children a las víctimas de las inundaciones en el distrito del Sukkur, Sindh, en Pakistán. Aferrados a sus trípodes, sus cámaras, el bloc de notas y los micrófonos, se apresuran para captar el mejor plano, para encontrar la mejor historia.

Hoy en Sukkur, los equipos de cámara de televisión y los fotógrafos informan desde una clínica de asistencia primaria que hemos ayudado a establecer sobre la superficie de lo que solía ser un colegio – convertido ahora en hogar para más de 2.000 personas afectadas por las inundaciones.

De 9 a 5, 7 días a la semana, la gente espera la cola para ver al médico en el centro. Se ofrecen medicamentos gratuitos para aquellos que los precisen, fundamentalmente para la diarrea, la malaria y las infecciones cutáneas.

Es temprano todavía, en torno a las 9:30 de la mañana, cuando llega el primer equipo de televisión. Uno de los productores le pide a una médico que le acompañe a dar un paseo por el campo de desplazados. A los medios les gustan este tipo de cosas, contar la historia a través de los ojos del experto en el terreno.

Pero aún así, no puedo evitar fruncir el ceño. ¿Te imaginas a un periodista en Reino Unido entrando como si nada en una clínica, inmiscuirse en medio de una consulta y pedirles – aunque con mucha educación- dar una vuelta a la manzana?

En este punto, debería dejar una cosa clara. No estoy criticando a los medios. En las emergencias humanitarias, tienen un papel muy importante que desempeñar y, por lo general, lo hacen muy bien.

De hecho, las organizaciones de ayuda y los medios nos ayudamos los unos a los otros para contar historias en las emergencias. Compartimos información, es una relación de simbiosis. Pero la forma en que nosotros contamos –o quizás mejor, buscamos- las historias es diferente. Por ejemplo, a mi no me permiten grabar o sacar fotos de nadie sin su consentimiento. Si quiero usar la imagen de un niño en una historia o en una entrada para el blog, tengo siempre que grabar su nombre y otros datos pertinentes, como su edad. Por último, aunque quizás más importante, para todo lo anterior necesito el consentimiento explícito de sus padres, tutores o de las personas encargadas de su cuidado.

Pero los medios no necesitan nada de eso. Hay que admitir que algunos hacen grandes esfuerzos para obtener importante información personal sobre las personas a las que entrevistan, graban o fotografían. Pero no todos lo hacen y ese es el problema ya que poner el nombre a una cara no es algo banal, humaniza a la persona afectada en lugar de etiquetarla a modo general como víctima de un desastre.

Así que, ¿de qué manera influimos las organizaciones a la hora de ayudar a dar forma a los reportajes y noticias que los medios emiten sobre los desastres?  Respuesta corta: bastante.

Dejadme que os de un ejemplo. La CNN grabó a una de nuestras compañeras, Claire Sandford, mientras visitaba esta semana los campamentos habilitados en el distrito de Sukkur para las personas que han perdido sus hogares. Después de terminar con la grabación, Claire me llamó diciéndome que le parecía que el cámara había grabado a un niño desnudo y me pidió que por favor contactase con el periodista para que no usase esa imagen en la historia.

Como la mayoría de las organizaciones, nunca usamos imágenes en las que los niños o niñas aparezcan en situaciones que pudieran resultar degradantes. Y estoy seguro de que estaréis de acuerdo de que el código de conducta que seguimos representa una política muy sensible. Y después de todo esto, ¿cómo te sentirías si alguien sacase una cámara y la apuntase en la dirección de un niño desnudo? ¿Dónde está el respeto y la dignidad?

Así que, llamé al periodista de la CNN y le pedí que no usasen la imagen del niño en la historia. “Si, no se me ocurrió en aquel momento, pero al montar el video coincidimos en que no estaba bien usarla y decidimos quitarla”, me contestaba el corresponsal de la CNN Kyung Lah. Fin de la historia.

Volviendo al asunto de trabajar con los medios en los desastres naturales, está claro que el hecho de que hayan dirigido su objetivo a las inundaciones ha ayudado a impulsar el apoyo de los donantes internacionales. Durante los próximos seis meses, desde Save the Children queremos llegar a más de dos millones de personas –entre ellos, un millón de niños y niñas- con ayuda, principalmente alimentos y refugio. Y este objetivo no podría alcanzarse sin el apoyo de los donantes y sin el objetivo de los medios enfocando hacia el país.

Pero de vuelta a la clínica de la que hablaba al principio, intenta explicarle todo esto a la madre cuyo hijo sufre diarrea severa mientras ve como entra en la consulta un grupo de personas con cámaras, o a la madre de la niña a la que un horrible sarpullido le recorre el cuerpo y, que además, ha perdido su hogar por culpa de las lluvias. Apuesto a que se hubieran cambiado con el equipo de periodistas para entrar antes a la consulta y conseguir los medicamentos que venían buscando.

Pero debemos ser pragmáticos. Por mucho que me guste vivir en un mundo en el que no existen desastres naturales, el caso es que suceden. Y cada vez son más frecuentes. Los recursos que la comunidad de donantes tiene para ofrecer a las organizaciones son limitados por lo que, es obvio que necesitamos el apoyo de la sociedad civil. Y somos conscientes también –y de hecho lo agradecemos sobremanera- que el objetivo de una cámara y el bloc de notas de un periodista, es una de las bazas con las que contamos para que la emergencia y sus víctimas no se olviden.