Sobre la Cumbre del Clima de Cancún…¿hay alguien ahí?

Ayer llevábamos ya 10 días con la Cumbre del Clima de Cancún. A pesar del escenario idílico, el agua azul, las palmeras…el calor de Cancún no ha acogido ni una parte de la atención que se dedico al frío Copenhague. Cosas del calentamiento tal vez.

Ayer fue el último día de la Cumbre y no podemos evitar caer en el desánimo profundo. Una vez más –de nuevo otra vez- hemos perdido la oportunidad de que los “líderes” mundiales tomasen decisiones que salvarían la vida de millones de niños y niñas.

Una vez más, se ha fracasado en la oportunidad por alcanzar un nuevo acuerdo y con ello, esos mismos “líderes” mundiales están dando la espalda a los niños y niñas más pobres del mundo. Es obvio que un acuerdo para reducir la emisión de gases de efecto invernadero resulta imperativo para proteger el futuro de nuestros niños y niñas (o lo que es lo mismo, los niños y niñas del futuro) pero no deberíamos perder de vista el hecho de que los niños y niñas del presente se están muriendo ahora, hoy, como consecuencia de los efectos del cambio climático y que por tanto debemos dar apoyo para que puedan adaptarse a un clima cambiante.

En las negociaciones de estos días, los debates sobre la adaptación de los más vulnerables a lo que ya es una realidad, han gozado de una atención mínima. Mientras los cabezas de estado sigan pintando brillantes historias de economías verdes, la dura realidad arroja un humilde contraste. Resulta profundamente preocupante que los derechos y las necesidades de los niños no han tenido apenas espacio en la agenda verde de aquellos “líderes” mundiales.

La estructura del comité de adaptación (el cuerpo de gobierno clave en la toma de decisiones sobre la financiación para ayudar a la adaptación) sigue sin aclararse del mismo modo que tampoco lo hace la cuestión de como financiar la adaptación y qué peso tiene en terminus absolutos frente a la financiación del proceso de mitigación. Se ha pasado a destacar cuestiones como los daños y las medidas de respuesta ralentizando el tan necesario consenso. Así mismo, cuando si que existe  financiación sigue estando poco claro si el dinero es de nueva aportación o si es dinero “reciclado” o sacado de otros proyectos.

Que hablen los jóvenes.

Pero en medio de todo este caos de falta de decisiones, el rayo de esperanza y el entusiasmo llega de manos de los futuros líderes (ya sin comilla) del mundo: jóvenes de México, Haití, Indonesia y Belice compartían ayer historias de vidas que luchan frente a un presente de desastres naturales. Ayer compartían sus visiones en un acto que nuestros compañeros organizaban en la Cumbre.

Sus historias tenían mucho poder y sus miedos eran reales. Uno de ellos contaba: “Nosotros estamos deseando trabajar con vosotros, ¿quereis vosotros trabajar con nosotros?” Sus palabras, sin rodeos, ayudaron a los asistentes a centrarse y repensar porque estaban allí, reunidos en Cancún. Nuestros compañeros nos transmitían que fue emocionante también escuchar a Mary Robinson hablar sobre las perspectivas, los puntos de vista que solo los niños pueden ofrecer en la discusión sobre el cambio climático y que los adultos, sin embargo, son incapaces de encontrar. El también premio Nobel, Yvo de Boer, pasó a exponer su punto de vista sobre la enorme importancia de introducir esas perspectivas de los niños y los jóvenes dentro de las negociaciones sobre el clima.

Los jóvenes, los niños y niñas del presente. Los adultos del futuro. Nuevas perspectivas e innovadores puntos de vista. ¿Tienen los “líderes” (y vuelvo a las comillas) mundiales alguna voluntad de escucharles?

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