Este post ha sido escrito por Natalia Quiroga, coordinadora de contenidos online.
Este año se cumplen 75 años del bombardeo de Guernika. Atroz suceso de nuestra historia que por edad no me tocó vivir pero que, por memoria histórica, tuve la suerte de estudiar desde el colegio. Y digo suerte porque solo recordando y analizando los errores que la humanidad ha cometido seremos capaces de crear un mundo mejor. El mundo que nos merecemos.
Con motivo de este aniversario, nuestra compañera Eva Silván, Delegada en Euskadi, participaba ayer en la inauguración en el Museo de la Paz de Gernika de Bizkaia de nuestra exposición “Prohibido Volar”, una recopilación de imágenes de 16 de los mejores fotoperiodistas en conflictos (entre ellos, Gervasio Sánchez, que esta semana recibía nuestro Premio Save the Children 2012).
A parte de la exposición –que recopilamos hace unos años- existe un libro con las imágenes y con textos de muy diversos escritores, periodistas, directores de cine, etc. Y también poetas como Ángel González, quizás uno de los mejores poetas de la poesía reciente.
Comparto –hoy que hacía mucho ya que nos escribía en el blog- el poema que Ángel nos cedió para el libro y para la exposición.
Ciudad Cero
Una revolución.
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.
Imaginé más tarde
lo que es la lucha en calidad de hombre.
Pero como tal niño,
la guerra, para mí, era tan sólo:
suspensión de las clases escolares,
Isabelita en bragas en el sótano,
cementerios de coches, pisos
abandonados, hambre indefinible,
sangre descubierta
en la tierra o las losas de la calle,
un terror que duraba
lo que el frágil rumor de los cristales
después de la explosión,
y el casi incomprensible
dolor de los adultos,
sus lágrimas, su miedo,
su ira sofocada,
que, por algún resquicio,
entraban en mi alma
para desvanecerse luego, pronto,
ante uno de los muchos
prodigios cotidianos: el hallazgo
de una bala aún caliente,
el incendio
de un edificio próximo,
los restos de un saqueo
—papeles y retratos
en medio de la calle…
Todo pasó,
todo es borroso ahora, todo
menos eso que apenas percibía
en aquel tiempo
y que, años más tarde,
resurgió en mi interior, ya para siempre:
este miedo difuso,
esta ira repentina,
estas imprevisibles
y verdaderas ganas de llorar.

