Entradas añadidas ‘Costa de Marfil’

LaFoto: Solidaridad con mayúsculas

6 de Abril de 2011 | 9:42 am

En la foto se ve a mucha gente. Hay muchos más pero yo me refiero exactamente a 23 de las personas que hay en la foto, concretamente a la suma de 10+13.

La mitad de este número primo son de la familia de Alfred, la otra de Marie. Alfred y Marie apenas se conocían hace unos días pero la historia de sus vidas comparte un nexo de causalidades. Que no casualidades. Alfred es de Liberia y hace unos años la guerra es su país le empujó a buscar refugio en Costa de Marfil. “Allí me trataron muy bien”, nos cuenta. Marie es de Costa de Marfil y hace unos días huyó hacia Liberia con su marido y sus hijos. Entonces Alfred –que un día pudo regresar a Liberia con su familia- se encontró con Marie, recordó lo bien que se habían portado con él en el país vecino y decidió que donde caben 10, caben 23. Una historia de solidaridad, de esas que van con mayúsculas.

El resto de la historia, los detalles y los testimonios, los contábamos ayer.

Sin noticias de sus padres. Testimonios de un conflicto.

4 de Abril de 2011 | 12:42 pm

Una vez, de pequeña, me perdí. Quiero decir, de mis padres. No fue mucho tiempo (no debí de pasar más de 2 horas perdida) pero recuerdo exactamente la sensación de desesperanza que tenía. Aquello sucedió mucho antes incluso de haber entendido lo que las palabras esperanza y desesperanza significaban.

Supongo que la historia os sonará porque, al que más o al que menos, alguna vez os pasaría aquello de soltaros de la mano de vuestros padres y de repente perderles de vista. A ellos, sus manos, pero sobre todo sus voces.

Nos llega el testimonio de Landry, desde  Costa de Marfil, y con él he recuperado intacto aquel sentimiento de desesperanza. Salvando una distancia enorme e insalvable: Landry y sus hermanos pequeños perdieron de vista a sus padres en medio del caos de su huida. Huida del sonido de disparos, del verde militar de un grupo de hombres con armas a los que vio a través de la ventana de su clase. De huida de un conflicto que poco o nada tienen que ver ellos.

“Estaba en la escuela cuando escuchamos disparos. Todo el mundo se fue de la escuela y corrió para llegar a casa rápidamente. Busqué a mis padres pero estaban en la huerta. Cogí a mis dos hermanas pequeñas y a mi hermano y fui hasta allí para buscar a mis padres…. Pero todo el mundo corría de un lado a otro y nos perdimos. No pude encontrar a mis padres. Seguimos a un grupo de gente que no conocíamos. Caminamos todo el día, ninguno llevábamos zapatos, cruzamos un río en barca….Todos pasamos mucho miedo. Pasamos esa noche durmiendo en el bosque y allí había muchos niños llorando. Mis hermanos tienen todos menos de 10 años y estaban muy cansados. No comí nada durante dos días seguidos, sólo teníamos tres bananas y se las dí a mis hermanos.”

El testimonio de Landry nos llega a través de una compañera desde el campo de refugiados de Bahn, en el condado de Nimba, en Liberia. Allí está con sus dos hermanas y su hermano pequeño y con el sentimiento de desesperanza de no saber donde está la mano de sus padres. “Todavía no sé que les ha pasado a mis padres. Estoy muy preocupado”, comenta.

Familias de acogida para los niños y niñas refugiados

La historia de Fulgence se parece mucho a las de Landry. Tampoco sabe nada de sus padres desde enero, cuando salió huyendo con sus hermanos pequeños después de escuchar disparos. Como Landry, está muy preocupado por no saber donde están.

“Estábamos jugando al fútbol en el campo cuando vimos un grupo de soldados y empezamos a escuchar disparos. Cogí a mi hermano, Junio, y fui a buscar a mis padres pero no les encontré. Seguimos a un grupo de gente y caminamos durante todo el día. Llegamos a una ciudad y dormimos junto a la carretera. Al día siguiente seguimos caminando hasta que llegamos a una ciudad cerca de Liberia. Nadie nos cuidaba. No tengo miedo pero no sé donde están mis padres, no les veo desde hace tres meses y me preocupa pensar qué les puede haber pasado. Mi hermano pequeño no para de preguntar por ellos pero no le puedo decir nada. Mi hermano iba a la escuela en Costa de Marfil pero no ha vuelto desde enero. No quiero estar aquí. En casa, sé lo que tengo que hacer, pero aquí no me siento cómodo siendo un refugiado.”

Nuestros compañeros trabajando en el campo de refugiado han ubicado a Fulgence y su hermano en una familia de acogida. Christine es la mujer que pasa con ellos la mayor parte del tiempo y con ellos estará hasta que cese la violencia y puedan volver a su país, a Costa de Marfil. Entonces continuará la búsqueda de sus padres.