Concluye la cumbre y Korea le pasa el relevo del G20 a Francia. Korea ha demostrado al mundo que Asia es el futuro; Francia tendrá que probar que Europa no es el pasado.
El Consenso de Seúl establece los cimientos para una nueva estructura mundial que podría traducirse en un mundo mejor para los niños y niñas más vulnerables. Pero el proceso de construcción debe empezar ya, ladrillo a ladrillo.
El comunicado del G20 destaca claramente que los países más pobres necesitan crecer pero también precisan ayuda. Ambas cosas parece que están claras pero, ¿cuál va a ser la medida para comprobar si se cumple o no se cumple?
La crisis económica ha costado la vida de más de 250.000 niños y niñas. El test fundamental para el Consenso de Seúl debería ser cuantas vidas de niños y niñas pueden salvarse. Las dudas surgen al pensar que, a pesar del comunicado, algunos países ricos puedan usar el énfasis renovado sobre el crecimiento como una razón para retroceder en sus promesas de ayuda al desarrollo.
El G20 ha declarado que lo que han prometido, será lo que aporten. En septiembre de 2009 el G20 aprobó una aportación de 22.000 millones de dólares para la Iniciativa de Seguridad Alimentaria Mundial, la misma que todavía carece de los suficientes fondos y de una estrategia clara sobre donde y como será invertido el dinero. Fue una decepción comprobar que en esta cumbre tampoco se anunció ningún avance en esta iniciativa.
Pero a pesar de los “abstractismos” del documento, también damos la bienvenida a algunos resultados que salieron de la cumbre:
- la confirmación clara de que los países más pobres precisan crecimiento y ayuda y que los países desarrollados deben mantener sus promesas de ayuda,
- el papel que está desarrollando el grupo de trabajo sobre desarrollo del G20,
- la visión expresada por el G20 de que “no hay una única fórmula para un desarrollo con éxito” y que la propiedad nacional es clave,
- el reconocimiento de que el FMI debe rendir más cuentas a los países pobres y ser más flexible en sus enfoques,
- la iniciativa de combatir la corrupción y la intención del G20 de rendir cuentas en este área.
De tanto apelar al crecimiento, esta cumbre del G20 podría haber ignorado el desarrollo completamente y el hecho de que no fuera así es algo a destacar. Ahora le toca a Sarkozy coger el relevo, agarrarlo bien y seguir corriendo. Es una carrera de fondo en la que, además de resistencia, se precisa velocidad.
