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Palabras que pesan: resiliencia o la capacidad del ser humano de sobreponerse

18 de Mayo de 2011 | 10:59 am

Acababa de unirme al equipo de Save the Children cuando de pronto me topé de bruces con la palabra: resiliencia. Entonces –y después de asegurarme con la RAE de lo que estábamos hablando- no tenía idea de que acabaría entendiendo que hay pocas palabras que encierren tanta fuerza.

Freddy tiene seis años y participa en un programa que llevamos a cabo en Colombia para ayudar a los niños y niñas a sobreponerse a situaciones que han vivido fruto de la violencia en su país. Resiliencia se refiere a la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. De resiliencia hablamos mucho en la última de las jornadas sobre participación que organizaron mis compañeros de Barcelona. La Doctora en Psicólogía Noemi Pereda nos habló en su intervención de la victimología del desarrollo que explica que “los niños y los adolescentes son víctimas del maltrato y de la violencia en mayor medida que los adultos, por su dependencia y falta de autonomía”. Sucede que cuando todavía eres niño, ese maltrato provoca “alteraciones en tu sistema de creencia frente a la vida”. ¿En qué creer si los adultos desmoronan todo aquello en lo que creías?

Noemí nos explicó que la terapia que tiene que recibir un niño que ha sido víctima de violencia para poder rehacer su vida – y con ella, de nuevo, su sistema de creencias- debe tener en cuenta su propia cultura. Siempre.

Siguiendo con vidas rehechas, en la mesa explicaron que no sería hasta 1996, con la publicación del Informe Machel -sobre las repercusiones de los conflictos armados en los niños- cuando el mundo se plantearía la necesidad de que niños y niñas soldado recibiesen apoyo para reinsertarse. En aquel informe, Graça Machel señalaba “que la forma en que los niños víctimas de conflictos armados afrontan y reaccionan a los acontecimientos estresantes vividos puede variar significativamente de una cultura a otra y, aunque puede haber algunos síntomas “universales”, la forma en que cada cultura los expresa y les da significado es distinta”.

“La danza, el teatro, el arte son fundamentales pero está claro que el que habla, el que comparte sus sentimientos, su rabia, su miedo…tiene muchas más posibilidades de recuperase”, explicaba Chema Caballero que también estuvo allí con nosotros. Chema, sabe muy bien de lo que habla. Este misionero javeriano lleva más de media vida dedicado a la reinserción de los ex niños soldado en Sierra Leona y esa media vida en contacto con esa realidad le permite a uno hablar con conocimiento de causa  y sin peros que valgan. Chema emocionó hablando de situaciones límite en las que ningún ser humano debería encontrarse nunca. Y mucho menos un niño. Pero también nos contó historias de niños y niñas, hoy ya adultos, que han logrado rehacer sus vidas y siguen hoy tratando de ser felices.

Antes de la intervención de Chema y de Noemí, Omar Sally Dia, desde Mauritania, nos habló de la situación de los niños talibés, forzados a mendigar para costearse su estancia en la madraza o escuela coránica y, muy a menudo, maltratados por los marabouts, responsables de su educación religiosa.  Si la realidad de estos niños es difícil de conocer en países como Senegal, donde se estima que existen más de 100.000, todavía resulta más difícil encontrar información sobre su situación en Mauritania donde apenas existen cifras y donde se suma la complejidad característica del país. De esta realidad trataré de profundizar en los próximos días porque merece una atención especial y la intervención de Omar fue muy clarificadora. Faltó tiempo para todas las preguntas que el público tenía para él.

Participar desde el corazón

De nuevo por la tarde volvimos a la cuestión que nos ocupada, la participación. En uno de los talleres en los que estuve, el de Participación de niños, niñas y adolescentes en Promoción de la Cultura de la Paz, escuché muchas cosas inspiradoras. Empezando por la frase “cada uno tiene que participar en aquello en lo que se sienta implicado”. Lo contaba una representante de la Red Juvenil de Acción Contra Minas de Colombia, formada por jóvenes que buscan un cambio positivo que ayude a minimizar el impacto de las minas antipersonas en su país. Gran iniciativa la suya y sí, desde el corazón.

Desde el corazón se habló mucho y emocionar emocionó ver a la gente compartir sus experiencias con esa ilusión, con esas ganas. Ganas de cambiar el mundo.

Muchas gracias a todas ellas por dos días muy reconfortes y también a los voluntarios y voluntarias que estuvieron allí ayudando en todo. Aquí os dejo una foto de algunos de ellos y ellas. Con sonrisa grande :)

A veces nos olvidamos de que los jóvenes de hoy serán los políticos del futuro

12 de Mayo de 2011 | 9:26 am

Después de pasarme casi nueve horas rodeada de juventud e infancia con ganas de cambiar el mundo, me tranquiliza pensarlo. Los jóvenes de hoy algún día serán los políticos del futuro. Luego están también las voces que hablan de una juventud nini, de jóvenes a los que no interesa nada ni nadie…haberlos “haylos”, por supuesto, igual que el mundo está lleno –por desgracia- de adultos hipócritas y a veces, incluso, bastante corruptos.

De la jornada de ayer en Barcelona me quedo con muchas cosas. Me quedo, por ejemplo, con la madurez de los niños del Consejo de Infancia de Caldes de Montbui, en Barcelona, y en concreto del  niño de 5º de primaria que con gesto serio y actitud sincera expuso al público sus motivos: “Yo quiero ayudar a las personas que llegan de otros países, de los países pobres. Pero no quiero ayudarles un poquito y ya está, queremos ayudarles de verdad.” Y, ¿por qué participar en política siendo tan pequeño? “Porque siento que desde el Consejo los adultos me escuchan y siento también que mis padres me apoyan.”

Porque eso es cierto y también se dijo en las jornadas: la participación debe enseñarse y fomentarse en la escuela pero tiene que empezar por la familia. Y surge entonces la pregunta, ¿dejamos participar a nuestros hijos en casa? Desde mi experiencia personal he de decir que de todo lo que tengo que agradecer a mis padres, el hecho de que en casa siempre me hiciesen partícipe de las cosas que nos afectaban a todos, de los problemas económicos –cuando los había-, de las alegrías, de los buenos y de los malos días…de todo eso, siempre les estaré agradecida porque me ayudó a valorar. El valor de las cosas y el valor de lograrlas.

De logros se habló también mucho en las jornadas. Además de las ponencias, los niños, niñas y jóvenes trabajaron en grupos compartiendo experiencias de participación en política, en medio ambiente, a través del arte y en salud. En este último punto a todos nos encantó conocer las experiencias que nos contaron, desde la prevención y desde la enfermedad. Desde el  Consejo de Jóvenes del Hospital San Juan de Dios, una iniciativa que solo tiene réplicas similares en EEUU e Inglaterra y en la que espero profundizar más adelante. También en salud, pero desde el campo de la prevención, conocimos la experiencia de los Agentes de Salud Juveniles que, desde L´Hospitalet de Llobregat, pretenden concienciar a otros jóvenes sobre cuestiones de salud. ¿Cómo? A través del baile, la música y la poesía (en primera persona disfruté sonriendo de las tres modalidades artísticas con las que nos deleitaron).

Y siguiendo con el arte, desde Paraguay dos chicos nos explicaron su experiencia como payasos con el proyecto Cachivaches desde Paraguay, un país que es origen y punto de tránsito de miles de víctimas de trata. Con el clown callejero, los jóvenes tratan de concienciar a otros jóvenes de los peligros de esta situación. A todos nos convencieron, con su arte y sus ganas de compartir energía.

En unos días compartiremos las experiencias en vídeo. Aunque la sensación de compartir palabras, ganas y alegría, cierto es, que sólo ocurre cuando una escucha, siente, se sorprende y luego admira.

La difícil realidad de muchos niños y niñas en África

En la jornada de hoy escucharemos a Omar Sally Dia con el que trabajamos junto a su organización en Mauritania para defender los derechos de los niños talibés. En toda la zona de África occidental, miles de niños son obligados por sus marabouts a mendigar para financiar las escuelas coránicas o madrazas donde reciben su educación religiosa. Además de ser sometidos a la explotación, a menudo reciben maltratos por parte de sus marabouts. Es algo que está aceptado por la sociedad. El fenómeno es especialmente importante en Senegal donde se calcula que podría haber cerca de 100.000 niños pidiendo por las calles. Pero las cifras son también muy elevadas en los países colindantes como Gambia, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Malí y Mauritania. Omar nos explicará las particularidades de la situación en Mauritania, un país en el que además se une otra realidad que diferencia a las personas y también a las escuelas coránicas: el color de la piel. En Mauritania las personas negras del Africa subsahariana son minoritarios frente a una mayoría árabe dominantes.

Chema Caballero nos hablará de la situación de los niños y niñas soldado. Chema es de sobra conocido por su espectacular labor en la reinserción de estos niños y niñas, especialmente en Sierra Leona.

Por la tarde, seguiremos aprendiendo con los talleres temáticos. Compartiendo experiencias y aprendiendo unos de otros. Estos son los jóvenes que algún día cambiarán el mundo.