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Porque siempre ganamos las personas

24 de Septiembre de 2011 | 9:59 am

De nuevo en Vallecas, de nuevo en la oficina. Atrás quedan los días en el terreno, sintiendo de cerca el trabajo constante y el papel profundamente determinante que ejercen los trabajadores sanitarios en países como Camboya. Países en los que la población rural vive en zonas remotas, donde acudir a consulta no queda a la vuelta de la esquina, donde las lluvias hacen el camino hacia la ayuda más largo y la falta de recursos, muchas veces, dejan a muchas personas sin apenas camino.

Como os hemos ido contando, mientras nosotros –yo y Adolfo, Adolfo y yo- estábamos allí, mis compañeros estaban en Nueva York, presionando a los gobiernos y la ONU por un mayor compromiso con los trabajadores sanitarios y, por tanto, con la supervivencia de los niños, las niñas y sus madres.

Y se han logrado avances. Allí en Nueva York, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, presidía un evento sobre la estrategia global de salud materna e infantil, un marco de trabajo que se había lanzado un año antes desde la ONU para acelerar el progreso para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio 4 y 5, destinados a reducir la mortalidad de madres e hijos para el año 2015. No hemos llegado a cubrir todas las peticiones que nos hubieran gustado, pero en la Asamblea se alcanzaron 100 nuevos compromisos en una amplia esfera de sectores distintos que se traducen en que 44 de los 49 países con las peores tasas de mortalidad materno infantil se han sumado con fuerza a los compromisos.

Porque no se trata solamente de que los países del norte destinen dinero a la salud materno infantil de los países de sur. Sin el compromiso y la toma de decisiones de los gobiernos en los países receptores, el dinero no sirve para nada. Por eso es destacable señalar los objetivos marcados, entre muchos otros, por países como Bangladesh, Etiopía, Nepal o República Democrática del Congo.

Bangladesh se ha comprometido a doblar el porcentaje de nacimientos atendidos por un trabajador sanitario cualificado para el año 2015 así como a ofrecer formación para más de 3.000 matronas; además, va a reforzar el personal en los centros sanitarios de distrito para que cuenten con matronas 24 horas al día, incluyendo atención obstetricia de emergencia.

Etiopía incrementará de un 18% a un 60% la proporción de nacimientos atendidos por profesionales cualificados

Nepal formará y utilizará a más de 10.000 nuevas asistentas al parto y financiara servicios gratuitos de salud materna entre la población a la que es más difícil de llegar.

Por su parte, la República Democrática del Congo se compromete a reducir la mortalidad materna en un 20% para el año 2015 y ofrecerá atención obstetricia y acceso gratuito a la secciones de cesárea.

Invertir en los trabajadores sanitarios es invertir en personas

Si una matrona trabaja en un país en el que no existen sistema de referencia de pacientes, en el que nunca sabe si va a recibir su salarios, si su propia seguridad va a estar protegida…no sorprende que esa matrona abandone el sistema bien hacia otro país, bien hacia un sector privado financiado, muchas veces, por inversores extranjeros.

Y sin embargo, y a pesar de las circunstancias, muchas de las matronas que viven esta situación permanecen en sus puestos de trabajo. Por eso, por ellas y todos los trabajadores sanitarios, necesitamos ahora seguir adelante con el trabajo a nivel de país para reforzar el compromiso político manifestado y concretarlo en acción y hechos. Se necesitan más trabajadores sanitarios y mucho más apoyo para los que ya están trabajando.

Como señalaba ayer un completo post en el blog sobre desarrollo en el diario británico The Guardian, todos estos compromisos suponen una reordenación de los fondos públicos hacia la mano de obra, hacia los trabajadores, después de décadas dominadas por una ideología pro mercado y una enorme carencia de inversión en los profesionales. En el pasado más reciente, y a nivel general, “los países han tendido a equilibrar los presupuestos recortando puestos de trabajo entre los funcionarios sin tener en cuenta que una mano de obra completa y sana es una condición indispensable para el crecimiento económico”, apunta en su post el periodista Jonathan Glennie.

Desde Save the Children creemos que somos las personas las que podemos cambiar el mundo. Por eso, terminada esta semana de campaña, nos queda mucho por hacer en el apoyo a todas estas personas que cada día salvan millones de vidas, los trabajadores sanitarios.

La educación primaria universal y los pasos que quedan por andar

21 de Septiembre de 2010 | 2:54 pm

El Banco Mundial anunciaba ayer una inyección de 750 millones de dólares destinados la educación primaria universal. Mis compañeros en Nueva York contaban que cuando lo escucharon en un primer momento antes del inicio de la Cumbre de los ODM, pensaban que sería el anuncio más adelantado de los compromisos que otros donantes y estados influyentes irían anunciando después. Sin embargo, más tarde nos dimos cuenta de que esos 750 millones serían desembolsados durante los próximos cinco años, es decir, que anualmente se comprometen a aportar 150 millones de dólares. Era esa la oportunidad del Banco Mundial para ponerse al día con su ayuda a la educación de los países más pobres.

Si el logro de la educación básica universal precisa una cantidad anual de 16.000 millones de dólares, sólo nos queda esperar que otros estados aprovechen la Cumbre de los ODM como ocasión para anunciar un incremento en sus compromisos y promesas para con la educación primaria universal, o para llegar al menos a los compromisos que prometieron en anteriores reuniones.

Un nuevo informe revelaba hoy que más de 69 millones de niños siguen sin ir a la escuela y que muchos donantes, como Francia y Alemania, no usan correctamente  sus presupuestos precisamente para financiar su propio sistema universitario. El informe también explica que los países más pobres están sufriendo recortes de hasta 4.600 millones de dólares en sus presupuestos para educación y también que Somalia es ahora mismo el peor país del mundo para los niños y niñas en edad de ir a la escuela. La Campaña Global por la Educación presentaba también otro informe en el que repasaba los diez peores países donde ser estudiante y a continuación solicitaba un plan urgente para garantizar la plena escolarización en educación primaria.

Con todo y por ello, recogimos la noticia del Banco Mundial con cautela y a la espera de los siguientes pasos. Todos los que tienen que darse hasta 2015 y que, esperamos, empiecen a andarse desde aquí.

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El Banco Mundial anunciaba ayer una inyección de 750 millones de dólares para la educación primaria universal. Mis compañeros en Nueva York contaban que cuando lo escucharon en un primer momento antes del inicio de la Cumbre de los ODM, pensaban que sería el anuncio más adelantado de los compromisos que otros donantes y estados influyentes irían anunciando después. Sin embargo, más tarde nos dimos cuenta de que esos 750 millones irían siendo desembolsados durante los próximos cinco años, es decir, que anualmente se comprometen a aportar 150 millones de dólares. Era esa la oportunidad del Banco Mundial para ponerse al día con su ayuda a la educación de los países más pobres.

Si el logro de la educación básica universal precisa una cantidad anual de 16.000 millones de dólares, sólo nos queda esperar que otros estados aprovechen la Cumbre de los ODM como ocasión para anunciar un incremento en sus compromisos y promesas para con la educación primaria universal, o para llegar al menos a los compromisos que prometieron en anteriores reuniones.

Un nuevo informe revelaba hoy que más de 69 millones de niños siguen sin ir a la escuela y que muchos donantes, como Francia y Alemania, emplean mal sus presupuestos para financiar su propio sistema universitario. El informe también explica que los países más pobres están sufriendo recortes de hasta 4.600 millones de dólares en sus presupuestos para educación y también que Somalia es ahora mismo el peor país del mundo para los niños y niñas en edad de ir a la escuela. La Campaña Global por la Educación presentaba también otro informe en el que repasaba los diez peores países donde ser estudiante y a continuación solicitaba un plan urgente para garantizar la plena escolarización en educación primaria.

Con todo y por ello, recogimos la noticia del Banco Mundial con cautela y a la espera de los siguientes pasos. Todos los que tienen que darse hasta 2015 y que, esperamos, empiecen a andarse desde aquí, desde la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Por si había alguna duda, te dejo mi huella dactilar

21 de Septiembre de 2010 | 10:25 am

Nuestros compañeros siguen haciendo ruido desde la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Ayer, la actriz Claire Danes se unía a los millones de personas que han  dejado sus huellas dactilares en una original petición organizada por nuestros compañeros en la Terminal Grand Central de Nueva York, la estación de trenes más grande del mundo.

El artista neoyorkingo Ian Wright reunió en el rostro de una niña los tres millones de huellas de las personas que desde 40 países del mundo han querido sumarse a nuestra campaña a favor de la supervivencia infantil.

Con el acto de ayer queríamos representar visualmente la enorme movilización que se ha logrado en todo el mundo para gritar bien fuerte que no estamos dispuestos a tolerar la tremenda tasa de mortalidad infantil y neonatal.  Y en lugar de firmas, hemos querido presentar ante los representantes de la ONU las huellas de más de tres millones de personas. Por si cabía alguna duda.

Volvemos a la Cumbre

20 de Septiembre de 2010 | 5:40 pm

El Director General de Save the Children UK, Justin Forosyth, escribe dese Nueva York. Está en la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y he querido compartir por aquí sus impresiones.

Ya estoy en Nueva York para otra Cumbre de la ONU. Como muchas de las personas que pasarán por aquí estos días, llevo haciendo campaña en cumbres internacionales durante casi 20 años, la mayor parte desde fuera pero algunas veces también desde dentro –como cuando trabajaba para el gobierno británico.

Por eso, soy muy consciente que las cumbres a menudo decepcionan y mucho. Cuando trabajaba para Oxfam recuerdo que acabamos llamando al paquete de medidas propuesto en el G8 celebrado en Canadá “cacahuetes para África”- para enfado de Tony Blair. Pero también ha habido momentos con más luz; recuerdo lo bien que nos lo pasamos cuando fuimos arrestados después de ser perseguidos a través de todo un parque por la policía francesa con las caras gigantes de cartón de los líderes del G8.

Pero algunos de ellos fueron diferentes. En las reuniones del G8 en Colonia y Gleneagles, los líderes de los países más ricos del mundo llegaron al acuerdo histórico de cancelar la deuda y ofrecer 50.000 millones de dólares de ayuda extra al año, junto con el compromiso de ofrecer acceso universal al tratamiento de VIH/Sida. Y fue en la Cumbre de la ONU del año 2000 en la que los líderes mundiales establecieron los concretos y bastante tangibles Objetivos de Desarrollo del Milenio.

La presión pública a través de campañas como Make Poverty History ayudó a alcanzar todos estos logros. Millones de personas se movilizaron para gritar fuerte y los líderes mundiales se vieron obligados a escuchar y actuar.

Sabemos que algunas de las promesas que se hicieron no se han cumplido y que el progreso ha sido demasiado lento pero también es cierto que en la última década millones de niños y niñas han logrado ir a la escuela y sobrevivir y superar su quinto cumpleaños. Hoy en día, muchas más madres en el mundo superan el parto. África ha crecido económicamente y la corrupción ha salido y sigue saliendo a la luz.

Así que hoy, en el primer día de la Cumbre, y después de 10 años de la firma de los ODM, deberíamos reconocer también los avances porque es una manera de demostrar lo que es posible cuando existe voluntad política y un propósito común. Debemos seguir construyendo sobre esos avances e intensificar, acelerar nuestros esfuerzos. El peligro hoy es que justo cuando empezamos a lograr un cierto progreso –aunque demasiado lento y desigual- los gobierno podrían tirar todo por la borda si se finalmente se recortan los recursos y la energía se pierde en otras prioridades. No podemos dejar que esto ocurra.

Resulta vital que en esta cumbre se hagan dos cosas. Los Gobiernos y otras instituciones internacionales se deben volver a comprometer a cumplir con las promesas que habían hecho. Y el resto del mundo –con Ban Ki Moon “a la cabeza”- deben acordar un plan concreto para ofrecer el cambio que se precisa durante los próximos cinco años –hasta la fecha que se puso como límite. Porque si hay alguien que se merezca esos compromisos, son los niños. El futuro.