En el epistolario de las malas noticias, las que son buenas pero no encuentran espacio, pasan muchas veces desapercibidas. El mes de julio pasado Uganda nos transmitía una de esas buenas noticias: el país superaba una gran batalla sanitaria al eliminar el ténanos materno y neonatal.
El tétanos es una infección potencialmente mortal, especialmente para los recién nacidos, que pueden contraerlo cuando el lugar donde llegan al mundo no está lo suficientemente limpio o cuando se les corta el cordón umbilical con un bisturí que no ha sido previamente desinfectado. Cuando el tétanos se extiende, las tasas de mortalidad infantil aumentan inmediatamente, especialmente en países donde no cuentan con sistemas sanitarios fuertes y el acceso a un tratamiento médico avanzado es prácticamente imposible.
La protección frente al tétanos neonatal comienza mucho antes de que el propio bebe haya nacido. Las madres pueden vacunarse y recibir información sobre cuáles son las condiciones básicas en las que debe producirse el parto. En los últimos años se han producido grandes avances en la erradicación de la enfermedad: la Organización Mundial de la Salud estimaba que en 2008 (el último año para el que existen estadísticas sobre el tétano), murieron 59.000 recién nacidos a causa del tétanos, una reducción del 92% con respecto a la tasa de mortalidad neonatal que la enfermedad provocaba en los años 80. Sin embargo, la batalla continúa: todavía existen 39 países en los que la enfermedad no ha sido erradicada.
Para lograr acabar con el tétanos, el país ha intensificado sus esfuerzos en los últimos años. Entre el año 2002 y 2009, las intervenciones se focalizaron en 25 distritos de alto riesgo, donde más de 2 millones de mujeres y bebés recibieron 3 dosis de la vacuna del tétanos. En 2010 las autoridades sanitarias ugandeses informaban de que la enfermedad se había erradicado, un hecho que este año se confirmaba después de un estudio de verificación desarrollado por la OMS.
Las buenas noticias, las que encuentran espacio y las que no, no llegan solas. La iniciativa, el esfuerzo y el compromiso –de todas las partes, por supuesto- suelen tener bastante que ver con su llegada. Y en las batallas sanitarias como ésta, queda claro que las victorias, las buenas noticias, no fueron nunca cuestiones imposibles.






