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Cuando las clases no empiezan por septiembre

28 de Septiembre de 2011 | 12:25 pm

Siempre he tenido con Septiembre la sensación de los inicios. Los planes, los proyectos, las ilusiones. Nada de enero, todo en septiembre. Creo que poco tenga que ver con que haya países y calendarios, como en Etiopía, en los que es septiembre el primer mes del año. Más bien creo que son los recuerdos de la vuelta al cole, los libros de nuevo, los amigos, el pupitre, los rotuladores…esa rutina que por septiembre volvía a la vida y que marcaba de nuevo el ritmo de los días.

Ayer una compañera explicaba desde Somalia lo difícil que está siendo lograr que los niños y niñas del país vuelvan a la escuela. Triste realidad que, sin embargo, no se encuentra aislada. Ahora mismo existen, al menos, seis países en los que, de no tomarse acciones urgentes, los niños y niñas no pueden volver a la escuela o donde el regreso sigue siendo muy complicado: Costa de Marfil, Libia, Yemen, algunas partes de Etiopía, de Somalia y de Kenia.

El común denominador entre todos estos países no es otro que una emergencia; todos están pasando o apenas acaban de pasar bien por situaciones de conflicto armado, por el que los colegios han quedado derruidos o semiderruidos -si es que algo que ha atravesado una bala puede de verdad quedar derruido solo a la mitad- o bien siguen afectados por desastres naturales que han obligado a los profesores y a los propios estudiantes a huir.

La gran olvidada en las emergencias

A pesar de que es de sobra conocido el tremendo papel que la educación juega en cualquier emergencia, ésta sigue siendo una de las grandes olvidadas en financiación. El mayor porcentaje de fondos humanitarios que se ha logrado para emergencias recientes ha sido de apenas un 26%, mientras que hay emergencias, como la de Libia, que no han superado el 0% de fondos destinados a la educación.

La educación en Somalia, un país sumido en una crisis continua, ha recibido un 18% del total de ayuda humanitaria, apenas una quinta parte de lo que se necesita, seguido de Kenia, que sólo ha logrado un 16%. Todo ello se traduce en que apenas se pueden llevar a cabo programas educativos a gran escala, que los ministerios de educación de los países no logran dar abasto y que, en consecuencia, un mayor número de niños y niñas se quedan sin recibir una educación.

En casos como el de Somalia, esto puede significar que toda una generación puede verse apartada de recibir su derecho a la educación.

Distintas circunstancias, el mismo resultado: los niños no pueden ir a la escuela

En Costa de Marfil, miles de estudiantes no van a poder hacer sus exámenes porque se han visto obligados a desplazarse internamente, las dificultades para la reincorporación o por hacerse imposibles el pago de las tasas de los exámenes. En una de las regiones más afectadas por el reciente conflicto al oeste del país, todas las escuelas permanecen todavía cerradas  debido a los rumores de un posible regreso de las hostilidades. Ello se ha traducido en que muchas familias han tenido que huir de nuevo.

En Libia el pasado 17 de septiembre se abrían de nuevo las escuelas. Sin embargo, con muchas de ellas todavía sin preparar para la reapertura (dañadas, acumulación de munición sin explosionar o todavía ocupados por personas desplazadas), muchos colegios van a soportar varios turnos cada día con la consiguiente dificultad para los propios estudiantes. Es obvio que va a ser difícil reorganizar el sistema educativo tras meses de conflicto cuando la financiación del mismo no ha recibido nada absolutamente de la ayuda humanitaria destinada al país.

Más de 7 millones de niños y niñas deberían haber empezado ya la escuela en Yemen y en Somalia más de 200.000 niños y niñas en edad escolar han dejado la escuela y se han visto obligados a migrar hacia zonas urbanas y hacia la frontera con Kenia y Etiopía en busca de comida y protección. Una cantidad que se suma a lo más de 1.8 millón de niños y niñas que ya estaban fuera de la escuela en el país antes de que la sequía se tornase en emergencia. Además, hasta el 50% de los profesores del país no volverán a las aulas debido al desplazamiento y la falta de alimentos en muchas zonas.

La actual crisis en el Cuerno de África pone de manifiesto la importancia de trabajar a través de los programas de los programas educativos para ofrecer de un modo conjuntamente educación, comida y atención sanitaria. Una evidencia que, emergencia tras emergencia, tratamos de poner sobre la mesa. Porque la educación no solo es un derecho fundamental del niño, no solo ofrece protección y la oportunidad de recuperar la normalidad en la vida de los niños sino que, además, la educación es la herramienta fundamental y la estructura principal sobre la que construir la paz de cualquier país.

¿Por qué morir tan pronto?

27 de Julio de 2011 | 11:52 pm

¿Por qué morir tan pronto? Nuruddin Farah, escritor somalí, nominado el Premio Nobel y una de las grandes figuras de la literatura africana, titulaba así su primera novela allá por el año 1965. Farah, que en sus libros se centra especialmente en el papel de la mujer somalí en la sociedad, sigue hoy escribiendo sobre su país para, como dice, “mantenerlo vivo”.

Hamina tiene 60 años. En Somalia tener 60 años significa haber superado la esperanza de vida con la que, los estándares internacionales, marcan a las personas al nacer. 54 años. En Somalia, hoy más que nunca, las personas mueren demasiado pronto. 1 de cada 6 niños no llegará a cumplir los 5 años de edad. Según el último Estado Mundial de la Madres que publicábamos este año, Somalia ocupa el último lugar en lo que a bienestar del niño se refiere.

En la foto Hamina se tapa la cara para que nuestra compañera, la persona con la que está hablando, no le vea las lágrimas. Hamina se dedicaba al pastoreo pero ahora vive refugiada en las afueras de Qardho. Hasta aquí llegó después de que la sequía y la muerte de su ganado le obligase a desplazarse. Cada día morían 10 cabras hasta que un día casi murieron todas.

“Llegué aquí desde Dahar, a más de 200 kilómetros de aquí. Tenía 400 cabras y tres camellos, la vida nos iba bien hasta que llegó la sequía. Los problemas empezaron hace 6 meses. Cada día morían 10 cabras, al día siguiente 10 más…hasta que apenas nos quedaron unas pocas con las que no lograríamos sobrevivir. Nos pusimos a caminar durante tres días y tres noches hasta que llegamos aquí, hace ya dos meses. Imagínate, a mi edad y tener que caminar tanto, sosteniendo a mis nietos. Apenas teníamos comida y tampoco agua y hoy veo como mis nietos se quedan más y más débiles. Solo comemos una vez al día y a veces nada. El marido de mi hija va todos los días a Qarhho a buscar trabajo pero no hay nada y los niños tampoco pueden ir a la escuela. Gracias a Dios, algunas personas del pueblo nos dejan a veces sus camellos y vamos a buscar agua que traemos en latas. Cuestan 1/4 de dólar pero apenas nos queda dinero para pagar eso. Muchos pastores han llegado hasta aquí como nosotros, esto está lleno de familias.”

La cultura somalí está llena de poesía y por tanto de metáforas. Cuando estoy a punto de terminar de leer el relato de Hamina me sorprende su metáfora. “Si te fijas bien alrededor verás como las personas que han llegado hasta aquí huyendo se mantienen apretadas en sus refugios de paja bajo los árboles. Me siento como si fuéramos gente normal y de repente nos hubiésemos vuelto ciegos. ¿Te puedes imaginar lo que puedes esperar de una persona que de repente se vuelve ciega. Aquí no tenemos futuro, no tenemos nada”.

La gente huye dentro pero sobre todo huye fuera.

La gente en Somalia está huyendo, bien a otras parte del país, bien a los campos de refugiados de Etiopía y Kenia. La situación en la región de Puntalandia, al norte de Somalia, ha empeorado, especialmente en los campos de desplazados. Los últimos informes alertaban que 1 de cada 4 niños en los campos de Bosaso y Karkar sufrían desnutrición. A los campos situados en torno a la capital del país, Mogadishu, han llegado cerca de 21.000 personas desde principios de este mes.

Por su parte, los campos de refugiados en Dadaab, en Kenia, reciben una media de 1.270 somalíes cada día; entre el 1 y el 19 de julio se registraron 100.000 nuevas llegadas. Nuevas llegadas a un campo en el que ya no cabía nadie más. En Etiopía, el número de refugiados somalíes que han llegado desde principios de año supera los 78.000. En ambos países, las tasas de desnutrición que se registran entre los refugiados recién llegados se sitúan en torno al 45%, superando los límites considerados de emergencia.

Como decía Farah, es necesario escribir sobre el país para que este siga vivo pero lo que también queda claro es que necesitamos ayudar muchos más para que el país y su gente sobrevivan a esta terrible emergencia.

LaFoto: Sofía y las emociones

22 de Julio de 2011 | 11:19 am

Hay cosas que son universales. La emoción, por ejemplo. Todos nos emocionamos por distintos motivos pero siempre hay algo que activa el proceso de manera especial. Una sonrisa, dos personas desconocidas ayudándose mutuamente, dos ancianos de la mano.

Cada uno encontramos la emoción en cosas distintas. Pero también hay emociones universales. Las que vienen de los niños, por ejemplo. Ver como una niña de aproximadamente 6 años lleva en brazos a su hermana pequeña para recibir ayuda. Esta imagen ha reactivado mi emoción una y otra vez durante todos estos días en los que la emergencia en el Cuerno de África ha sido nuestra principal preocupación. Nuestra principal fuente de emoción. Porque emocionarse ayuda a seguir trabajando con energía. Porque sin emoción no habría lucha.

Sofía tiene 6 años y está sola con su hermana pequeña, Suada, de 2 años. La pequeña llevaba unos días enferma y Sofía decidió subirla a su espalda y buscar ayuda. Ambas llegaron a uno de nuestros puntos de alimentación en Lagbogol, Kenia, a tiempo para salvar la vida de Suada. La desnutrición severa que sufría podría haber acabado con su vida sino hubiese recibido el suplemento nutricional que necesitaba.

Como Sofía y Suada, miles de niños y niñas se quedan solos y al cargo de sus hermanos pequeños mientras sus padres salen a buscar alimento en trayectos a pie que les pueden llevar días, semanas o incluso meses. La sequía en toda la región del Cuerno de África enfrenta a cerca de 10 millones de personas a la crisis humanitaria más terrible del momento.

Mientras en Kenia, una cuarta parte de los niños de las zonas afectadas sufren desnutrición severa, en Somalia, esta cifra se ha duplicado en los últimos seis meses y hoy más del 87% de la infancia del país se expone al peor grado de desnutrición. Junto con Etiopía, los tres países son los más afectados por la emergencia en el Cuerno de África. Allí estamos trabajando sin descanso para poder salvar la vida de los miles de niños y niñas afectados por el hambre y la desnutrición severa. Ayúdanos a salir de esta emergencia.