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LaFoto: La mano que se aferra a la vida

4 de Agosto de 2011 | 10:24 am

La mano de Seynab sujeta la de su bebé, Hafsa. O más bien es revés, Hafsa se aferra al dedo de su madre Seynab en un acto tan intuitivo como la necesidad de un bebé de sentir la seguridad del contacto con sus padres.

Hafsa se aferra a su madre pero sin fuerza. Sin la fuerza que el estado de desnutrición severa que sufre le permite. Con apenas seis semanas de vida, Hafsa todavía no sabe que la vida para su familia y para tanta gente en el campo de refugiados de Dadaab, es muy difícil estos días. Como muchas de estas personas, sus padres también eran pastores en Somalia y también lo han perdido casi todo como consecuencia de la sequía.

Mientras Seynab sujeta con un dedo la mano de su pequeña, explica que la falta de alimentos le ha impedido generar suficiente leche como para dar el pecho a Hafsa y piensa que es esta la razón de que la pequeña esté sufriendo fiebre y diarrea y se encuentre en el estado de desnutrición en el que se encuentra.

Estos días celebramos la Semana de la Lactancia Materna en 170 países del mundo. Desde Save the Children defendemos la lactancia por su gran contribución al bienestar del bebé durante sus primeros años de vida. En el caso de Hafsa, sin embargo, la lactancia de la leche de su madre representa una cuestión de supervivencia.

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¿Por qué morir tan pronto?

27 de Julio de 2011 | 11:52 pm

¿Por qué morir tan pronto? Nuruddin Farah, escritor somalí, nominado el Premio Nobel y una de las grandes figuras de la literatura africana, titulaba así su primera novela allá por el año 1965. Farah, que en sus libros se centra especialmente en el papel de la mujer somalí en la sociedad, sigue hoy escribiendo sobre su país para, como dice, “mantenerlo vivo”.

Hamina tiene 60 años. En Somalia tener 60 años significa haber superado la esperanza de vida con la que, los estándares internacionales, marcan a las personas al nacer. 54 años. En Somalia, hoy más que nunca, las personas mueren demasiado pronto. 1 de cada 6 niños no llegará a cumplir los 5 años de edad. Según el último Estado Mundial de la Madres que publicábamos este año, Somalia ocupa el último lugar en lo que a bienestar del niño se refiere.

En la foto Hamina se tapa la cara para que nuestra compañera, la persona con la que está hablando, no le vea las lágrimas. Hamina se dedicaba al pastoreo pero ahora vive refugiada en las afueras de Qardho. Hasta aquí llegó después de que la sequía y la muerte de su ganado le obligase a desplazarse. Cada día morían 10 cabras hasta que un día casi murieron todas.

“Llegué aquí desde Dahar, a más de 200 kilómetros de aquí. Tenía 400 cabras y tres camellos, la vida nos iba bien hasta que llegó la sequía. Los problemas empezaron hace 6 meses. Cada día morían 10 cabras, al día siguiente 10 más…hasta que apenas nos quedaron unas pocas con las que no lograríamos sobrevivir. Nos pusimos a caminar durante tres días y tres noches hasta que llegamos aquí, hace ya dos meses. Imagínate, a mi edad y tener que caminar tanto, sosteniendo a mis nietos. Apenas teníamos comida y tampoco agua y hoy veo como mis nietos se quedan más y más débiles. Solo comemos una vez al día y a veces nada. El marido de mi hija va todos los días a Qarhho a buscar trabajo pero no hay nada y los niños tampoco pueden ir a la escuela. Gracias a Dios, algunas personas del pueblo nos dejan a veces sus camellos y vamos a buscar agua que traemos en latas. Cuestan 1/4 de dólar pero apenas nos queda dinero para pagar eso. Muchos pastores han llegado hasta aquí como nosotros, esto está lleno de familias.”

La cultura somalí está llena de poesía y por tanto de metáforas. Cuando estoy a punto de terminar de leer el relato de Hamina me sorprende su metáfora. “Si te fijas bien alrededor verás como las personas que han llegado hasta aquí huyendo se mantienen apretadas en sus refugios de paja bajo los árboles. Me siento como si fuéramos gente normal y de repente nos hubiésemos vuelto ciegos. ¿Te puedes imaginar lo que puedes esperar de una persona que de repente se vuelve ciega. Aquí no tenemos futuro, no tenemos nada”.

La gente huye dentro pero sobre todo huye fuera.

La gente en Somalia está huyendo, bien a otras parte del país, bien a los campos de refugiados de Etiopía y Kenia. La situación en la región de Puntalandia, al norte de Somalia, ha empeorado, especialmente en los campos de desplazados. Los últimos informes alertaban que 1 de cada 4 niños en los campos de Bosaso y Karkar sufrían desnutrición. A los campos situados en torno a la capital del país, Mogadishu, han llegado cerca de 21.000 personas desde principios de este mes.

Por su parte, los campos de refugiados en Dadaab, en Kenia, reciben una media de 1.270 somalíes cada día; entre el 1 y el 19 de julio se registraron 100.000 nuevas llegadas. Nuevas llegadas a un campo en el que ya no cabía nadie más. En Etiopía, el número de refugiados somalíes que han llegado desde principios de año supera los 78.000. En ambos países, las tasas de desnutrición que se registran entre los refugiados recién llegados se sitúan en torno al 45%, superando los límites considerados de emergencia.

Como decía Farah, es necesario escribir sobre el país para que este siga vivo pero lo que también queda claro es que necesitamos ayudar muchos más para que el país y su gente sobrevivan a esta terrible emergencia.

LaFoto: Sofía y las emociones

22 de Julio de 2011 | 11:19 am

Hay cosas que son universales. La emoción, por ejemplo. Todos nos emocionamos por distintos motivos pero siempre hay algo que activa el proceso de manera especial. Una sonrisa, dos personas desconocidas ayudándose mutuamente, dos ancianos de la mano.

Cada uno encontramos la emoción en cosas distintas. Pero también hay emociones universales. Las que vienen de los niños, por ejemplo. Ver como una niña de aproximadamente 6 años lleva en brazos a su hermana pequeña para recibir ayuda. Esta imagen ha reactivado mi emoción una y otra vez durante todos estos días en los que la emergencia en el Cuerno de África ha sido nuestra principal preocupación. Nuestra principal fuente de emoción. Porque emocionarse ayuda a seguir trabajando con energía. Porque sin emoción no habría lucha.

Sofía tiene 6 años y está sola con su hermana pequeña, Suada, de 2 años. La pequeña llevaba unos días enferma y Sofía decidió subirla a su espalda y buscar ayuda. Ambas llegaron a uno de nuestros puntos de alimentación en Lagbogol, Kenia, a tiempo para salvar la vida de Suada. La desnutrición severa que sufría podría haber acabado con su vida sino hubiese recibido el suplemento nutricional que necesitaba.

Como Sofía y Suada, miles de niños y niñas se quedan solos y al cargo de sus hermanos pequeños mientras sus padres salen a buscar alimento en trayectos a pie que les pueden llevar días, semanas o incluso meses. La sequía en toda la región del Cuerno de África enfrenta a cerca de 10 millones de personas a la crisis humanitaria más terrible del momento.

Mientras en Kenia, una cuarta parte de los niños de las zonas afectadas sufren desnutrición severa, en Somalia, esta cifra se ha duplicado en los últimos seis meses y hoy más del 87% de la infancia del país se expone al peor grado de desnutrición. Junto con Etiopía, los tres países son los más afectados por la emergencia en el Cuerno de África. Allí estamos trabajando sin descanso para poder salvar la vida de los miles de niños y niñas afectados por el hambre y la desnutrición severa. Ayúdanos a salir de esta emergencia.

Misión de Rescate

22 de Octubre de 2010 | 1:51 pm

Comparto un artículo publicado en The Times sobre la liberación de nuestro compañero Frans en Somalia.

Las palabras “buena noticia” y “Somalia” tienden a aparecer en la misma frase tan a menudo como “Donald Trump” y “modesto”.

Así que no pretendo menospreciar la liberación de Frans Barnard, un trabajador británico de Save the Children secuestrado en Somalia, al decir que su rescate puede haber sido eclipsado por algo, posiblemente, aún más conmovedor.

El Sr. Barnard no fue liberado por una misión de rescate armado, o mediante el pago de un rescate de grasa. Su rescate fue el fruto de la negociación incansable con sus captores por ancianos de los clanes locales.

Durante bastante tiempo los gobiernos occidentales han buscado una forma de contener la amenaza de Somalia, un pozo turbulentas de la insurgencia islamista. Ahora, la liberación del Sr. Barnard, quien se encontraba en Somalia para determinar si sería seguro para abrir un programa de alimentación infantil allí, ofrece un atisbo de esperanza en la oscuridad – la pequeña chispa de la que, como Dante, dijo, puede estallar una llamarada.

La intervención de los ancianos es alentadora la evidencia de que la arquitectura tribales de Somalia sobrevive, aunque sea en estado raquítico. Los ancianos sentían instintivamente que no era correcto que un empleado de una organización humanitaria que había estado trabajando en el área durante 40 años, y que había desarrollado fuertes vínculos con la comunidad local, fuese pagado tan brutalmente. Su comportamiento es un homenaje a Save the Children, una de las pocas organizaciones de ayuda internacional cuyo compromiso de llevar asistencia humanitaria a quienes más necesitan ha hecho que deje de lado sus reparos sobre trabajar en uno de los rincones más peligrosos del mundo.

Guiados por su sentido de la justicia y la decencia, los ancianos de los clanes dieron un primer paso en un camino muy largo. Ellos y Save the Children han encontrado en el otro un compañero de viaje que comparte su determinación para mantener viva la esperanza y la humanidad en un país abandonado desde hace tiempo por muchos como una causa perdida.