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Ser niño hoy en Camboya

18 de Septiembre de 2011 | 8:50 pm

Supongo que, como a una, a cualquiera se le hace difícil estar aquí en Camboya y no sentir una especie de escalofrío aterrador ante cualquier mención, recuerdo o referencia a la época de barbarie por la que, no hace tanto tiempo, pasó este país.

Supongo también que el escalofrío se hace mucho más intenso si te pones a investigar sobre como fue esa época para los niños y niñas que, alejados de sus padres y madres, fueron forzados a dejar de ser lo que eran: niños.  En el libro “Children of Cambodia´s killing fields”, Dith Pran,el mismo periodista en cuya historia se basa la película “Los gritos del silencio”, recoge toda una serie de testimonios de los supervivientes que dejaron de ser niños durante el holocausto camboyano, la época de opresión entre 1975 y 1979 en la que el régimen de los Jemeres Rojos, dirigidos por un sanguinario Pol Pot, provocaban un genocidio que acabaría con cerca de una tercera parte de toda la población del país. Una de las barbaridades más horribles de las que ha sido capaz el ser humano.

Y cuando digo que dejaron de ser niños y niñas no es solo por el hecho de que, como el resto de la población, se les envío a campos de trabajo con jornadas de 14 horas; porque todos fueron separados de sus padres y madres, de sus amigos; tampoco es solo porque, como dice el libro, se les forzase a borrar de su cabeza el concepto de familia y cualquier sentimiento relacionado con el amor hacia ella…dejaron de ser niños y niñas fundamentalmente porque se les negó su existencia.

Ser niño hoy en Camboya

La realidad ha cambiado mucho y hoy, más de 30 años después, los niños y niñas de Camboya son lo que les corresponder ser: niños (solo hay que ver la fuerza de sus sonrisas).  Sin embargo, y como siempre, la infancia sigue siendo el sector más vulnerable también aquí, en Camboya. Muchos niños y niñas viven hoy sin sus padres por razones como el VIH que ha dejado huérfanos a más de 140.000 niños y niñas, según cifras del año pasado.

Camboya cuenta con la tasa de mortalidad de menores de 5 años más elevada de toda la región del sudeste asiático. Además, como nos contaban nuestros compañeros al llegar a la oficina, existe un gravísimo problema de desnutrición infantil, con magnitudes que alcanzan el 45% de los niños y niñas del país. Sin duda la pobreza, que afecta a más de una tercera parte de la población y que azota especialmente a las zonas rurales, responde a la principal causa de esta terrible realidad.

La falta de protección es otro de los problemas que afectan a los niños y niñas de Camboya.  Más de 1.5 millón de niños y niñas camboyanos menores de 14 años se ven forzados a trabajar, muy a menudo en los que se consideran trabajos peligrosos para su propia salud. El índice de abusos sexuales y violaciones a menores en Camboya no sólo continúa siendo muy alto, sino que sigue aumentando y la incidencia del matrimonio infantil y la trata de niñas para la explotación sexual (dentro y fuera del país) sigue siendo una de las principales preocupaciones.

Con todo y sopesando con perspectiva la mirada al terrible pasado en el que los niños dejaron de ser niños y a un presente en el que, pudiendo serlos, los niños viven todavía amenazados por una vulnerabilidad exagerada…no puedo evitar sentir de nuevo un escalofrío. Y, por supuesto,  las ganas de trabajar, colaborar, gritar, denunciar… para que, en cualquier parte, ser niño signifique siempre lo mismo.

Thembi y la voz de una vida junto al SIDA

29 de Diciembre de 2010 | 6:54 pm

Thembi me contó su historia algo así como hace un año. En realidad en ese momento su historia había recorrido ya medio mundo, pero ese día –de algo así como hace un año – yo escuché a Thembi como si su historia fuera la única que nunca me hubiesen contado. Quizás como nunca antes había escuchado.

Supongo que sucede que hay voces que de fuertes te golpean dentro del alma y de dulces te sacuden las entrañas. La de Thembi ganaba por dulce y por fuerte, pero sobre todo por energía desbordada.

Quizás fuese eso lo que pensase el periodista de una radio americana que un día decidió dejar a Thembi una grabadora para que retratara con palabras sus días en un pequeño pueblo de Sudáfrica en el que el SIDA seguía siendo algo así como un fantasma a voces o un secreto a medias. Con solo 19 años, Thembi fue primero VIH positiva, luego tuvo SIDA, antes se enamoró por lo alto, luego se lo contó a sus padres, habló con sus vecinos, tuvo un bebé precioso, río con sus juguetes y logró más de un hazaña de las que no cabrían en los cuentos de héroes ni en los de soldados de Salamina.

Durante casi dos años Thembi dejó grabada su vida con el SIDA. Acabaría recorriendo el mundo con su historia de superación y de huida de los estigmas. Thembi sonrió mucho y, aunque el SIDA acabó con su vida, la enfermedad nunca logró apagar lo contagioso de su sonrisa.

Comparto la historia que Thembi dejó grabada con subtítulos añadidos y, aunque larga, os pido que os detengáis no tanto en el acento de sus frases sino más en la tilde de sus palabras.

Hace unos días traté de buscar a Thembi de nuevo, en Internet. Las sorpresas de Google hicieron que descubriese que su historia va a llegar al cine y que sus palabras se han hecho dibujo. El gran Nobel de la Paz, Desmond Tutu, presenta aquí un retazo de la historia de Thembi.