Ser madre en Níger es uno de los trabajo más duros que puedas imaginarte. De hecho, nuestro “Informe Mundial de las Madres” muestra, una y otra vez, que Níger se sitúa siempre al final de la lista, como uno de los peores lugares del mundo para ser madre.
Como media, una mujer de Níger tendrá siete hijos a lo largo de su vida. Muchas mujeres forman parte además de familias polígamas, compartiendo a su marido con otras esposas. Las madres tradicionalmente cuentan con menos derechos sobre sus hijos que los padres, sin que se tengan en cuenta las leyes existentes para proteger los derechos de las mujeres. Una deferencia que queda patente en otros derechos como el de la educación. En general, en todo el país sólo un 20% de la población puede leer, desglosado por género, un 42% de hombres puede leer frente a un escaso 15% de mujeres.
El matrimonio prematuro, incluso ante de los 14 años, es algo no poco frecuente. Las familias juegan un papel muy importante en asegurarse que sus hijos se casan en un momento culturalmente aceptable y con miembros de buenas familias. Las presiones económicas y los tiempos difíciles pueden llevar a procesos de matrimonio excesivamente rápidos, empujando algunas veces a las niñas a matrimonios para los que no están preparadas. Una vez que una chica se casa, ya nunca volverá a ser considera como niña, independientemente de su edad.
No muchas mujeres dan a luz en las clínicas o en los hospitales, pero si alguna vez ves alguna de estas clínicas, entenderías por qué. Incluso viniendo de una cultura en la que te inundan con la verdad universal del “deberías ir al médico, sólo para estar segura” para todo, resulta fácil ver porque las mujeres de este país prefieren sufrir en la comodidad de sus propias casas.
En las zonas rurales las clínicas más cercanas, que pueden estar a un día o dos caminando, pueden tener apenas una personas preparadas para atender el parto. Las “salas” de maternidad –si podemos llamar sala a una habitación totalmente apartada- pueden contar con una sola cama que ha visto mejores días. La cultura dicta que no se puede gritar ni mostrar el dolor; la idea de medicarse frente al dolor es simplemente un lujo apenas alcanzable en sueños. Y no hablemos de los modos de “atención al paciente” o el “servicios al cliente”. Piensa que simplemente no existen.
Este año, las historias que hemos recogido sobre las familias que sufren la crisis de alimentos simplemente han hecho estos problemas más visibles. He leído una infinidad de estudios de caso de madres que han traído a sus hijos a las unidades intensivas de estabilización. Las historias que relatan no son nunca sólo sobre el niño o la niña admitidos – son también las historias de los otros hijos e hijas que han muerto, su lucha para sobrellevar problemas de salud aparentemente misteriosos, las presiones a las que se enfrentan dentro de sus comunidades para tratar las enfermedades de sus hijos con prácticas tradicionales a veces peligrosas y a menudo poco efectivas.
Tenemos que hacer más por las madres
Son casos de mujeres agradecidas por encontrar respuestas claras a por qué su bebé no puede comer, que están felices por verles sonreír de nuevo. Saber todo esto, conocer estas historias me hace tener mucho más respeto hacia la silenciosa calma de los rostros de estas mujeres. Pero también me hace enfandarme más ante la única palabra que puedo encontrar para definir todo esto: “horrible”. Y los desganados intentos de sacar el tema con gente que frente a estas historias me responden un “c´est comme ca” (es así) consiguen frustrarme todavía más.
Porque la realidad es que no tiene que ser así. Mejorar la vida de las madres es el camino clave para mejorar la vida de los hijos. Cuando las madres se alimentan bien, los bebés están más sanos. Unas condiciones seguras durante el parto mejorar las oportunidades de sobrevivir durante los primeros y más vulnerables días de vida. La planificación familiar mejora la salud de todos los niños. Las madres que cuentan con cierto grado de educación tienen más capacidad para identificar los problemas de salud que pueden sufrir sus hijos y conocen mejor los servicios disponibles para tratarlos.
Tenemos que hacer más por las madres de manera que cada niño, de ahora y de los que vendrán mañana, cuenten con la oportunidad que les corresponde.










