Níger: el trabajo más duro que te puedas imaginar

26 de Octubre de 2010 | 11:02 am por amy

Ser madre en Níger es uno de los trabajo más duros que puedas imaginarte. De hecho, nuestro “Informe Mundial de las Madres” muestra, una y otra vez, que Níger se sitúa siempre al final de la lista, como uno de los peores lugares del mundo para ser madre.

Como media, una mujer de Níger tendrá siete hijos a lo largo de su vida. Muchas mujeres forman parte además de familias polígamas, compartiendo a su marido con otras esposas. Las madres tradicionalmente cuentan con menos derechos sobre sus hijos que los padres, sin que se tengan en cuenta las leyes existentes para proteger los derechos de las mujeres. Una deferencia que queda patente en otros derechos como el de la educación. En general, en todo el país sólo un 20% de la población puede leer, desglosado por género, un 42% de hombres puede leer frente a un escaso 15% de mujeres.

El matrimonio prematuro, incluso ante de los 14 años, es algo no poco frecuente. Las familias juegan un papel muy importante en asegurarse que sus hijos se casan en un momento culturalmente aceptable y con miembros de buenas familias. Las presiones económicas y los tiempos difíciles pueden llevar a procesos de matrimonio excesivamente rápidos, empujando algunas veces a las niñas a matrimonios para los que no están preparadas. Una vez que una chica se casa, ya nunca volverá a ser considera como niña, independientemente de su edad.

No muchas mujeres dan a luz en las clínicas o en los hospitales, pero si alguna vez ves alguna de estas clínicas, entenderías por qué. Incluso viniendo de una cultura en la que te inundan con la verdad universal del “deberías ir al médico, sólo para estar segura” para todo, resulta fácil ver porque las mujeres de este país prefieren sufrir en la comodidad de sus propias casas.

En las zonas rurales las clínicas más cercanas, que pueden estar a un día o dos caminando, pueden tener apenas una personas preparadas para atender el parto. Las “salas” de maternidad –si podemos llamar sala a una habitación totalmente apartada- pueden contar con una sola cama que ha visto mejores días. La cultura dicta que no se puede gritar ni mostrar el dolor; la idea de medicarse frente al dolor es simplemente un lujo apenas alcanzable en sueños. Y no hablemos de los modos de “atención al paciente” o el “servicios al cliente”. Piensa que simplemente no existen.

Este año, las historias que hemos recogido sobre las familias que sufren la crisis de alimentos simplemente han hecho estos problemas más visibles. He leído una infinidad de estudios de caso de madres que han traído a sus hijos a las unidades intensivas de estabilización. Las historias que relatan no son nunca sólo sobre el niño o la niña admitidos – son también las historias de los otros hijos e hijas que han muerto, su lucha para sobrellevar problemas de salud aparentemente misteriosos, las presiones a las que se enfrentan dentro de sus comunidades para tratar las enfermedades de sus hijos con prácticas tradicionales a veces peligrosas y a menudo poco efectivas.

Tenemos que hacer más por las madres

Son casos de mujeres agradecidas por encontrar respuestas claras a por qué su bebé no puede comer, que están felices por verles sonreír de nuevo. Saber todo esto, conocer estas historias me hace tener mucho más respeto hacia la silenciosa calma de los rostros de estas mujeres. Pero también me hace enfandarme más ante la única palabra que puedo encontrar para definir todo esto: “horrible”. Y los desganados intentos de sacar el tema con gente que frente a estas historias me responden un “c´est comme ca” (es así) consiguen frustrarme todavía más.

Porque la realidad es que no tiene que ser así. Mejorar la vida de las madres es el camino clave para mejorar la vida de los hijos. Cuando las madres se alimentan bien, los bebés están más sanos. Unas condiciones seguras durante el parto mejorar las oportunidades de sobrevivir durante los primeros y más vulnerables días de vida. La planificación familiar mejora la salud de todos los niños. Las madres que cuentan con cierto grado de educación tienen más capacidad para identificar los problemas de salud que pueden sufrir sus hijos y conocen mejor los servicios disponibles para tratarlos.

Tenemos que hacer más por las madres de manera que cada niño, de ahora y de los que vendrán mañana, cuenten con la oportunidad que les corresponde.

Jugando a la sombra del árbol, sobre la esterilla azul

26 de Septiembre de 2010 | 1:03 pm por amy

Hace no mucho os contábamos la historia de Tsahirou; en mayo, le traían a una de las clínicas de Save the Children con una desnutrición severa y con una fuerte diarrea. El pequeño necesitaba oxígeno y antibióticos.

Poco después, su made, Salmey, nos contaba: “cuando llegamos la primera vez, apenas era  consciente de lo que estaba pasando, pero ahora está mucho mejor y está recuperando su salud”.

“Antes me costaba mucho sonreír. Cuando le traje aquí él estaba sufriendo tanto que yo no podía sonreír. Pero ahora que su salud se está recuperando siento que puedo volver a reír”

Esta semana fuimos a visitar a Tsiharou a su poblado. Nos llevó tres horas conducir hasta allí desde la ciudad más cercana, por una carretera de asfalto primero, después por una de gravilla, pasando a un camino de arena que avanzaba entre las dunas y a través del maduro y fino mijo, para concluir con un pequeño paseo a pie hasta un claro con tres casas de barro y un pequeño corral.

Nos sentamos con Tsahirou y Salmey, su made, sobre una esterilla azul debajo de un gran árbol. El frágil y esquelético bebé que había llegado a la clínica se había convertido en un pequeño sano e incluso regordete. Fue precioso ver el cambio.

“Cuando fui al centro de salud de Aguie, Tsiharou no sabia donde estaba, qué estaba pasando”, nos contaba Salmey. “Le dieron tratamiento para muchas cosas. Me quedé allí con él durante 26 días”.

“Desde que dejamos el centro, no ha tenido ningún problema. Ahora está sano pero sigo yendo al centro de Aikawa todos los meses. Me dan medicamentos para su catarro, que nunca se ha ido del todo. Tose más después de la lluvia. Ayer tenía fiebre, la primera vez desde que dejamos el centro, pero hoy ya está bien”.

En general, ha sido una buena temporada de crecimiento para las cosecha. Los cultivos están madurando y el paisaje está completamente verde. En algunos lugares ya ha empezado la recolección.

Salmey y Tsiharou están rodeados de elevados cultivos de mijo y tallos de sorgo, su comida para el año próximo. La época de lluvias en Níger está a punto de terminar y el aire seco le dará a Tsiharou la oportunidad para recuperarse del todo.

Pero los problemas en Níger están muy lejos de acabarse. Cerca de 7 millones de personas han sufrido este año la falta de comida, una emergencia de esta envergadura no se resuelve de un día para otro.

Y los cultivos en el campo de Salmey no será suficiente para volver a la normalidad –después del fracaso del pasado año- hasta la cosecha de 2011. pero ahora, aunque sigue existiendo cierta vulnerabilidad, el poblado cuenta con salud y esperanza.

Es un buen recordatorio para pararse y pensar en los más de 200.000 niños y niñas que han necesitado ayuda de emergencia este año y que la han recibido y para sonreír al pensar en la inmensa mayoría de esos niños y niñas que son capaces ahora de estar jugando con sus madres debajo de un árbol, sobre una esterilla azul o de cualquier otro color.


Abuda es una emprendedora

8 de Septiembre de 2010 | 2:46 pm por amy

Desde que estoy en Níger, paso cada día delante de las casas de adobe de los poblados. Fue muy bonito el momento en el que te empiezan a invitar a entrar.

En la casa sólo hay una habitación y me sorprende especialmente lo luminosa que es. El suelo es de arena, hay una cama, una cuna cubierta con una mosquitera azul y un pequeño armario lleno de potas y cacerolas. Un trozo de tela de saco sirve para cubrir una ventana que refleja la luz sobre la pared, cubierta con un papel beige con animadas flores rojas y rosas.

Es la casa de Abuda. Abuda tiene 27 años y vive aquí con su pequeño de siete meses, Darrida. Estamos en el poblado de Farountsoho, a 50 kilómetros de Zinder, las segunda ciudad más grande de Níger.

Abuda tiene muy poco para vivir. Su cocina es el fuego que enciende cada día en el patio; su servicio es una espacio al lado de su casa cubierto por los laterales con ramas y hojas secas; la ropa no se guarda en ningún armario, lo que tiene, lo posa sobre la cama. Pero está orgullosa de su hogar. Algunos sobres de sopa vacíos, aparecen colocados decorando la única estantería de la casa, la cama y la cuna están hechas y en la arena del suelo es imposible encontrar apenas un resto de nada.

Abuda está siendo la mejor madre que puede ser. La mosquitera no está sobre su cama; sólo cubre la cuna de su pequeño. Me explica, “me la dejó prestada un vecino cuando me quedé embarazada”. Está dando el pecho a su bebé, sabe que es la mejor manera para que siga sano. Cada día cocina y vende pastel de judías junto a la carretera para traer algo de dinero extra a casa. Sigue planificando sobre sus ingresos en el futuro; un vecino le ha prestado una cabra para que la críe; “me quedaré con la cabra hasta que tenga una cría y entonces mi vecino me la dará.” Un primer paso para empezar con su propio rebaño.

Las mujeres como Abuda abundan en todo Níger. Sin apenas educación, apoyo o recursos, salen adelante con inteligentes vías para apoyarse ellas mismas y a sus familias. Son emprendedoras y encuentran sus propios métodos para salir de la pobreza, a pesar de vivir en uno de los lugares más duros del mundo.

Conocí a Abuda hace dos semanas. Es posible que el techo de su casa se haya caído después de las fuertes lluvias que ha sufrido la zona, destruyendo las pocas cosas que tiene, quizás dañando a la cría de la cabra y dejando a Abuda y su pequeño Darrida expuestos a determinadas enfermedades. Las lluvias que están recorriendo Níger han inundado y destruido multitud de casas, inundado los cultivos y acabado con la vida de más de 50.000 animales.

No lo sé, no sé si todo eso le ha pasado a Abuda porque ahora estoy en otra zona del país. Pero, y si le ha ocurrido, ¿qué puede hacer para recuperarse? Porque no sólo significará perder lo poco que tiene sino que supondrá además asumir deudas con las que Abuda no contaba. ¿Cómo podría cocinar pasteles de judías en el fuego del patio en medio de las lluvias? ¿Quién  se pararía en la  carretera para comprarlos si no deja de llover?

Muchas familias como la de Abuda necesitan apoyo cuando situaciones como está se les plantan, de frente, en sus vidas. Una tormenta que llegue con fuerza puede destruir sus vidas. Aunque yo ahora no esté en la zona, un equipo de Save the Children está trabajando en la comunidad de Abuda, entre otras cosas, para que pueda tener acceso gratuito a la clínica más cercana, a cinco kilómetros de su casa. Nuestro compañeros saben muy bien cuáles son las familias más pobres, las que más apoyo necesitan. Prácticamente cada semana, visitan las comunidades para controlar la situación y ver en qué pueden ayudar. El próximo octubre, estamos planeando seguir la iniciativa de Abuda prestando cabras para que las primeras crías se queden en los hogares con menos recursos.

La lluvia y la recuperación

3 de Septiembre de 2010 | 3:12 pm por amy

Yo soy del Reino Unido y allí –como todos ya sabréis- llueve mucho. Y cuando llueve, molesta: los vaqueros se te calan y te congelan las piernas, los paraguas se tiran a los ojos, los conductores más graciosos te empapan en la parada del bus, etc, etc.

Aquí en Níger, cuando llueve, llueve mucho y muy fuerte y si eres pobre –y con mucha probabilidad, lo eres- la lluvia se traduce en problemas económicos. El precio de tu casa se va a pique (el agua la destruye). Tu cuenta de ahorros queda barrida (al tiempo que se hunde tu medio de sustento). Perdiste tu trabajo el pasado octubre (cuando falló la última cosecha) y tu nuevo proyecto simplemente no llega a salir a flote (igual que las semillas que acabas de plantar).

Así que te quedas sin casa, sin trabajo, sin dinero, sin comida y sin medio para lograr todo lo anterior. Y encima tu bebé, que ha estado creciendo muy débilmente cada día, se pone enfermo y no puedes hacer frente al tratamiento.

Esta pesadilla le está sucediendo ahora a muchas familias a lo largo y ancho de todo Níger. El fracaso de los cultivos, la subida de los precios y la consiguiente crisis han causado ya niveles de desnutrición muy superiores a emergencias anteriores. Y ahora las fuertes lluvias no hacen más que añadir mayor dramatismo a la situación, favoreciendo la extensión de enfermedades contra las que apenas puedes luchar si sufres desnutrición.

La semana pasada, nos llegaron más de 2.400 niños y niñas con desnutrición. 450 más que la semana anterior y 800 más que hace dos semanas.

Esta emergencia sigue aquí. Todavía quedan seis semanas más hasta la próxima cosecha y todavía es demasiado pronto para saber si va a ser buena. Mientras que 110.000 familias han resultado afectadas ya por las inundaciones, en otras zonas del país las familias siguen sufriendo la sequía y, en otros lugares, están bien. Es imprevisible, puede cambiar, pero incluso si la cosecha de este año tiene éxito, esta emergencia no cesará.

Cerca de 7.100.000 personas en Níger se han pasado los últimos seis meses sin suficiente comida para alimentarse. Imagínate si cada habitante de Escocia se pasase sin comida suficiente durante medio año. Imagínate lo que eso significaría en la productividad, la salud, los pequeños negocios y en las relaciones sociales y familiares. Imagina los disturbios, las protestas.

Esta crisis no se va a ir de la noche a la mañana y no se resolverá con un par de semanas de buenas comidas. Las familias en Níger necesitan alimento y atención médica ahora, pero también precisan apoyo para recuperarse de esta crisis. Ese trabajo de recuperación tiene que empezar cuando llegue la cosecha, justo en seis semanas, lo que significa que que se debe contar con los fondos necesarios para evitar el grave impacto de una crisis prolongada durante tanto tiempo.

Estrategias locales contra el hambre- Parte II

27 de Agosto de 2010 | 1:56 pm por amy

Al andar entre el estrepitoso bullicio de Niamey, la capital de Níger, es fácil olvidarse de que más del 80% de la población  en este país depende de la tierra para su alimentación y como medio de vida.

La mayoría son extremadamente pobres fruto de la combinación de cosechas pobres regulares- que apenas ofrecen alimentos-  y de una existencia precaria cuando las cosechas son buenas.

El funcionamiento va más o menos así : cada mes de septiembre/octubre, cuando llega la cosecha (independientemente de que sea buena o mala), los agricultores venden inmediatamente el mijo y el sorgo (un tipo de cereal) para asegurarse que contarán con suficiente dinero para pagar sus deudas.

El problema se presenta en este momento del año en el que los precios están más bajos porque hay un exceso de grano disponible (relativamente hablando) por lo que los agricultores sacan muy poco beneficio (en el caso de sacarlo).

Pero además, como la mayoría de los agricultores nigerinos no tienen ningún lugar donde almacenar los suministros, terminan teniendo que volver a comprar grano más adelante a precios inflados por los comerciantes para poder así alimentar a sus familias. Frustrante, sí.

Pero las cosas están empezando a cambiar. Los agricultores nigerinos están empezando a emplear un sistema de garantía (warrantage, lo denominan). Almacenan el grano en graneros comunitarios al tiempo que reciben ceditos (a unos tipos de interés muy bajos) para sus cosechas por parte de agencias locales de crédito.

Esto significa que pueden almacenar su grano hasta mayo, que es cuando generalmente los precios suben y pueden obtener beneficio al venderlo. Hasta ahora, cualquier beneficio de la venta durante mayo ha ido a parar a los comerciantes que habían comprado el grano en otoño a precio de coste.

Pero bajo el nuevo sistema, el agricultor puede emplear los beneficios para pagar los préstamos y cualquier tipo de excedente se puede emplear en cualquier otro tipo de medio para generar ingresos, como comprar ovejas o cabras.

Otro aliciente del nuevo enfoque es el hecho de que los agricultores tienen cada vez tienen más capacidad para almacenar grano y alimentar a sus familias a lo largo del año – evitando la profundamente frustrante necesidad de comprar su propio grano a los comerciantes.

Está llevando tiempo que este sistema de garantía despegue completamente y Save the Children está trabajando tanto con los agricultores como con las agencias de crédito en la zona de Maradi, una de las regiones más afectadas por la brutal crisis alimentaria que afecta al país.

El sistema tiene todas las posibilidades de demostrar su capacidad para sacar de la pobreza a gran parte de la población del país. Y es un honor presenciar el proceso.

Estrategias locales contra el hambre – Parte I

26 de Agosto de 2010 | 12:32 pm por amy

Ayer conocía a Adama en Niamey. Hablando con ella durante un buen rato, enseguida me contó que tenía una determinació:  retar a los comerciantes sin escrúpulos que son  causantes, en parte, de los altos precios del mijo –básico y fundamental en esta parte del mundo- y otras clases de grano que están jugando un papel muy importante en la grave crisis alimentaria en la que se encuentra el país.

Harta de no poder hacer frente a los precios exorbitantes en los mercados de la ciudad  y, por lo tanto, no poder alimentar propiamente a sus familias, Adama y otros miembros de su comunidad –asentada en una de las zonas más pobres de la capital- han decidido jugar al mismo juego que los comerciantes.

Después de cada cosecha, los comerciantes de dirigen al campo para comprar cualquier tipo de grano a los agricultores del país, lo almacenan y más tarde ponen el precio que consideran más beneficioso –para ellos, por supuesto.

Si la cosecha no es buena –como la del año pasado, que fue prácticamente nula- viajan a Burkina Faso y otros países colindantes para comprar cereales en su lugar.

Pero ahora, Adama y un grupo de vecinos están haciendo ellos mismos el recorrido, comprando grano directamente de los agricultores, que más tarde almacenan y venden a precios razonables y accesibles para los miembros de la comunidad.

El beneficio que se obtiene, se presta luego a otros miembros de la comunidad para otros proyectos. Casi todas las personas involucradas en la “misión” son mujeres y denominan al grupo “Banco de Cereales”; están muy contentas porque, aseguran, les está ayudando a cambiar sus vidas y las de sus hijos. Ahora pueden alimentar correctamente a sus familias. De hecho, sus siete hijos –con los que me la encontré en Niamey- tienen muy buen aspecto.

Como era de esperar, los comerciantes no están tan contentos. Pero para Adama, éste es el camino que ha encontrado para sobrevivir y vivir en Níger, el país menos desarrollado del mundo.

Recorrer el país entero y ni rastro de comida

19 de Agosto de 2010 | 12:05 pm por natalia

Mientras nos dirigíamos a visitar el programa en Zinder esta semana, hicimos una parada improvisada con el coche para dar pasos a algunos camellos.

Tras los camellos y los pastores les seguían un grupo formado con ganado, cabras, ovejas, después iba la madre, un hijo, dos mulas y cinco hijas. La madre, Habiba, es la única mujer en el grupo, la única mayor que su hija de 11 años, Zara.

La niña más pequeña, de sólo siete meses, va colgada a su espalda. Tiene el pelo amarillento y quebradizo que provoca la desnutrición. La hermana y segunda más pequeña, va subida a la mula y también muestra signos de desnutrición. Zara, la mayor de todas, dirige el rebaño y atiende a sus hermanas con una asombrosa eficiencia. Todos –tanto las personas como los animales- están excesivamente delgados.

La familia forma parte de la tribu Fulani que va recorriendo el norte de África con su ganado. La familia de Habiba se estaba dirigiendo en dirección sureste, habían oído que había alimentos para los animales sobre 176 kilómetros al sureste de Zinder. Y decidieron trasladarse todos juntos para averiguarlo.

La tribu Fulani viaja alredeor de toda África junto con sus rebaños, desde Egipto, Etiopía y Chad hasta Níger, Libia, Algeria y más allá. Representan algunas de las familias a las que cuesta más llegar en las crisis alimentarias. Prácticamente están en constante movimiento en busca de los mejores pastos para el ganado y para sus familias.

A pesar de su difícil estilo de vida y el duro ambiente en el que se mueven, nuestras investigaciones nos dicen que los grupos trashumantes, como la familia de Habiba, están por lo general en mejor estado de nutrición que las personas de los grupos de agricultores, que dependen única y exclusivamente de la tierra como medio de vida.

Pero Habiba me cuenta que esta ha sido la época más dura para su familia en muchos años. No ha habido suficiente alimento en ninguna parte y muchos de los animales de su ganado habían muerto. Me explicaba: “No hay comida aquí en Níger. Nos vamos hacia Nigeria, donde todo está verde”.

Más tarde empezó a caer una fuerte tormenta con truenos y la lluvia no dejó de caer durante días. Las casas por todo Níger están empezando a colapsarse por el peso del agua. Las familias se exponen ahora –además- a enfermedades transmisibles por el agua y la neumonía. Muchas de las recién cultivadas cosechas se han quedado totalmente cubiertas por el agua.

A no ser que la lluvia empiece a ser más regular pronto, este va a ser otro año de cosechas perdidas. Y si eso ocurre, esta crisis alimentaria –que ya está afectando a más personas que cualquier otras crisis alimentaria en los últimos año- va a ascender en la escala de gravedad dejando a todas las familias ganaderas y de agricultores de todo Níger todavía más desesperados.

La paradoja de las nubes

13 de Agosto de 2010 | 1:31 pm por amy

La lluvia. Alimenta los campos, sofoca el calor, ofrece agua limpia y segura, alivia la sed de las reses y los camellos.

Cuando vives en el Sahel, el comienzo de la estación de lluvias se vive como un momento emocionante. Después de un verano cociéndote al calor, rodeado de una arena que se torna en arcilla quebrada, la primera gota que te salpica te ofrece un inmensurable placer. Los primeros aguaceros fuertes ofrecen razones de sobra para importantes celebraciones este año, la lluvia es también un símbolo de esperanza de una cosecha mejor que la del pasado año, causa de la terrible crisis alimentaria que sufre hoy el país.

Sin embargo, cuando la cantidad de agua es demasiado puede ser tan destructiva como cuando es muy escasa. La tierra demasiado seca no absorbe fácilmente grandes cantidades de lluvia, generando inmediatamente peligrosas riadas. Y a continuación, el agua de la lluvia estancada se convierte en el caldo de cultivo perfecto para los mosquitos portadores de la malaria y bacterias que provocan diferentes enfermedades transmisibles. La vuelta de las lluvias no es siempre un acontecimiento simple.

Niamey, donde vivo, se asienta sobre los márgenes del río Níger, con una gran número de vecindarios y restaurantes situados en la propia orilla. Durante la época seca el del río se reduce a la mitad de su capacidad. Esto hace que se generen un gran número de pequeños islotes que ofrece pasto verde para el ganado y un lugar idóneo para los pescadores. Cuando vuelve la lluvia y repone el país, todo el agua sobrante se encamina hacia el río Níger cruzando Niamey. Y el río recompone su máxima capacidad. Esta semana, el agua del río se ha desbordado.

Mucha gente dice que no había visto el río con tal cantidad de agua en años. algunos, nunca lo habían visto así. Barrios como Goudel y Harobunda, situados justo al lado del río, se enfrentan ahora a la posibilidad de que el agua cubra sus casas. Viven allí numerosas familias.

El domingo pasado llovió mucho en Niamey. Las gotas eran enormes y el ruido sobre el tejado, ensordecedor. La tormenta me mantuvo despierta toda la noche.

Desafortunadamente, mi casa no tenía la capacidad para soportar una lluvia tan fuerte y, junto con mi familia, nos pasamos la noche corriendo por casa para tapar las goteras. Pero a pesar de las goteras, nosotros tenemos la suerte de contar con una casa que nos resguarde de la lluvia.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, en sus siglas en inglés) estima calcula que son más de 5.400 las personas en Niamey afectadas por las lluvias recientes y por la crecida del río. Hasta ahora, en torno a 2.000 personas has sido relocalizadas en escuelas para contar con un techo donde dormir. Las inundaciones están afectando a las regiones colindantes de Tillaberi y Dorso. Las previsiones alertan de la continuidad de fuertes lluvias y un potencial empeoramiento de la situación en los días que vienen.

Es la paradoja de la nubes. Un país asolado por la sequía, ahora sufre las consecuencias de las fuertes lluvias.

Llega la lluvia pero Aloubacar no puede empezar a sembrar

3 de Agosto de 2010 | 2:01 pm por amy

Llegamos justo al amanecer. Las madres, engalanadas en sus pañuelos estampados, esperan la cola frente a unas ajetreadas enfermeras, mientras las limpiadoras se apresuran a dejarlo todo listo. Las madres parecen cansadas, preocupadas, tensas.

Esperan a la cola para recibir la ración de leche terapéutica para sus bebes, que esperan en la clínica, justo a sus espaldas.

Dentro del centro, sobre la fila de cunas blancas,  descansan los niños enfermos. Entras y en seguida percibes el ligero murmullo de los lloros, pero apenas un débil gemido, nada que ver con el estrepitoso llanto de un bebe sano con hambre.

Las enfermeras se mueven por todas partes con cuidado, pesando a los niños, mirándoles la fiebre, suministrándoles los medicamentos..Hay poca luz natural, las persianas están cerradas para proteger la sala del polvo y de la abrasante temperatura del exterior. Estamos en el CRENI,  el centro de recuperación nutricional para niños y niñas enfermos severos con desnutrición y que además sufren alguna infección o enfermedad frente a la cual están demasiado débiles.

Estamos en Níger, uno de los países más pobres del mundo, donde el sol es realmente implacable en este momento del año y donde las lluvias, que apenas están comenzando, traen consigo una nueva vida y esperanza pero también mosquitos, cólera e inundaciones.

Estamos también en el lugar donde Aloubacar trajo a su hijo Dehara hace tres semanas.

Dehara tiene cuatro años, pero al verle podrías pensar que tiene poco más de seis meses. Sufre desnutrición severa y tiene malaria. Lleva aquí tres semanas. Su estado no ha empeorado pero tampoco está claro que haya mejorado. Cuando la enfermera le toma una muestra de sangre, es fácil reconocer en su gesto una mezcla de ternura y preocupación.

Aloubacar, su madre, trajo a sus otros hijos con ella al centro. ¿Dónde podrían quedarse si no? La familia al completo –la madre y sus tres hijos- ha estado viviendo aquí las tres semanas. Jamila –con nueve años, la mayor de las hermanas- se está encargando de cuidar a su otra hermana, todavía un bebé, Non Madya.

Precisamente en estas últimas tres semanas es cuando se han disfrutado las mejores lluvias de todo el año; pero mientras cuida de su pequeña enferma, Aloubacar se está perdiendo el inicio de la temporada para cultivar.

Si no logra empezar a sembrar, no podrá tener cosecha. Si no tiene cosecha, su familia no tendrá ni comida ni semillas para el próximo año. Y aún así, sabiendo todo esto, no puede dejar a su hija.

La historia de Aloubacar no es inusual, más bien, es bastante frecuente. Con las tormentas y las lluvias reactivando las tierras, la vida brota por todo Níger. Sin embargo gran parte de la población , demasiado débil o enferma o tratando desperadamente de cuidar de sus hijos, no puede hacer uso de la preciada lluvia para asegurar su alimento para 2010.

Y esta es la principal razón por la que necesitamos atención sanitaria de emergencia para niños y niñas como Dehara. Medicamentos, médicos, enfermeras, camas, mosquiteras…

Aloubacar pudo llegar al centro. Níger es un país enorme. Hay niños y niñas que lo están pasando muy mal, especialmente en la zonas más desérticas, pero sus padre son conscientes de que el lugar más cercano para pedir ayuda está a una semana de distancia a pie bajo un sol abrasador.

De ahí la importancia de los trabajadores sanitarios locales, de los coches y la gasolina para poder contar con capacidad para salir, encontrar  a esos niños, traerlos al centro y devolverles al estado de salud del que deberían estar disfrutando.

Y las familias precisan una ayuda a largo plazo. Necesitan alimentos ahora, pero también sentirse protegidos frente a la necesidad de vender semillas y herramientas por comida para apenas un par de días.

Y si no, la falta de lluvias de aquel año 2009 va a causar sufrimiento y pobreza entre las familias nigerinas para los próximos años.


El deporte más popular en mi país: la lucha o celebración de la lluvia

29 de Julio de 2010 | 9:43 am por alkassoum

Mi nombre es Alkassoum y trabajo desde Níger gestionando las ayudas y subvenciones que recibimos para nuestros programas. La gestión de este dinero es sumamente importante para lograr una perfecta financiación de los proyectos y para rendir cuentas frente a los donantes. Es, en última instancia, lo que nos permite trabajar para defender los derechos de la infancia.

A pesar de las dificultades por las que está pasando mi país, Níger, día tras día compruebo que el ser capaz de realizar mi trabajo correctamente nos ayuda a llegar a más niños y niñas. Pero hay cosas que no tienen que ver con nuestro trabajo. La lluvia, por ejemplo. Como todos y cada uno de los ciudadanos de este país, uno de mis mayores deseos en este momento es que la próxima temporada de lluvias sea buena.

Mi país es realmente maravilloso. Cuando disfrutamos de una buena época de lluvias, lo notas en la cara de cada persona. Especialmente en los poblados, donde la principal actividad es el cultivo del campo. Si tenemos buena cosecha, los vecinos muestran su alegría a través de los diferentes deportes que practicamos. Uno de ellos, y el que me gustaría compartir con vosotros, es la lucha.

¿Qué es exactamente la lucha en Níger? Practicamos el deporte de la lucha, normalmente organizada por los habitantes del poblado, al final de la época de lluvias para mostrar cómo ha ido el año. La mayoría de las veces se celebra cuando la temporada ha tenido buenas lluvias. Es un deporte tremendamente popular en Níger. Debido a su fuerza física y mística y a sus técnicas, los luchadores siguen siendo leyendas vivas.

Cada región organiza un torneo donde las distintas regiones se encuentran para descubrir quién es el héroe. En cada región se elige al luchador más popular y es en la competición donde tienen la oportunidad de demostrar su coraje. La persona que gana, el takobi, se convierte en el héroe del país.

A pesar de que al país han llegado otros deportes, mucho más modernos, la lucha sigue siendo algo rural, un deporte que aúna aspectos divertidos y culturales. Pero lo que hace que la lucha siga manteniendo su importancia y popularidad es su propia simplicidad. Algo que es igual de accesible para el rico y para el pobre.