La paternidad responsable como camino hacia una igualdad real

30 de Abril de 2013 | 3:36 pm por natalia

Jose Francisco Sánchez Montesdeoca, coordinador de la comisión de corresponsabilidad de AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género) comparte la siguiente entrada.

Desde AHIGE llevamos más de diez años trabajo en la construcción de una sociedad más igualitaria. Si bien a las mujeres les ha tocado la conquista de la esfera pública, es decir, la incorporación al mercado laboral, la reivindicación social de la presencia en esferas de poder, tanto políticas, como económicas, etc… Y si bien queda camino por recorrer, lo cierto es que han conseguido tener más presencia en dichos espacios. Este movimiento de la mujer, tiene que verse acompañado por un movimiento del hombre hacia la esfera privada, hacia el interior de lo doméstico, los cuidados de nuestros hijos e hijas, las demás tareas domésticas, el cuidado de las personas dependientes y no debemos olvidar también hacia el interior del mundo emocional para que la consecución de una igualdad real pueda ser posible.

Centrándonos en la paternidad, las  acciones dirigidas al fomento de la paternidad activa y corresponsable surgen como respuesta a una inquietud, al detectar la ausencia sistemática de la figura masculina en las acciones educativas que a lo largo de muchos años se habían realizado en temas principalmente relacionados con la crianza y particularmente en torno al desarrollo socioafectivo de niños y niñas. Estudios y experiencias han mostrado el impacto en la vida adulta de la relación con el padre (o la carencia de ella); la relevancia de la presencia de un padre afectivamente cercano para el desarrollo socioemocional de niños y niñas; la importancia de distribuir de modo más equitativo las responsabilidades familiares cuando hay dos adultos a cargo, a fin de aliviar la tarea para ambos y permitir una mayor posibilidad de desarrollo en otros ámbitos para las dos partes.

La propuesta de un padre activo supone una forma de paternidad donde la presencia del padre no está sujeta al cumplimiento de un rol predefinido de género, sino que implica hacerse parte de las más diversas acciones de crianza; donde se espera que a través del compartir lo cotidiano y los afectos con encuentros y desencuentros, se teja un vínculo que nutra tanto al hijo o hija como a la pareja de padre y madre (aunque no vivan juntos).

La presencia del padre en la crianza y su equitativa corresponsabilidad con la madre en esta tarea, es también concebida como un derecho que cada niño y niña tienen al nacer. La Convención sobre los Derechos de los Niños y las Niñas señala en su artículo 18, que los Estados miembros deben velar porque ambos padres sean igualmente responsables del cuidado del niño y la niña, lo que implica que el acercamiento del padre a la crianza no es sólo materia del trabajo comunitario, sino también, un desafío para quienes deben diseñar políticas que afectan a la familia y a cada uno de sus miembros.

La guía “Mi papa me cuida” y los distintos talleres que realizamos en AHIGE sobre paternidad corresponsable los planteamos como una experiencia de reflexión colectiva entre hombres que han optado por ser padres o piensan optar, sobre la riqueza que ofrece la paternidad cuando se vive desde la óptica de la igualdad, la responsabilidad y el compromiso. En los talleres se parte de las propias experiencias de cada uno de los participantes y se ahondará mediante aportaciones y debates en aspectos específicos de la vivencia de la dimensión paternal en los hombres.

Criando con apego

23 de Abril de 2013 | 2:15 pm por natalia

Desde el programa de televisión planteaban la semana pasada un interesante debate: la crianza con apego: ¿produce adultos más empáticos y disciplinados?

Principios de la educación sexual en la familia

12 de Abril de 2013 | 12:10 pm por natalia

Esta entrada ha sido escrita por por Manuel Gámez-Guadix, Doctor en Psicología e investigador en la Universidad de Deusto.

La educación sexual de los hijos representa, aún hoy, un tema tabú en las relaciones de muchas familias. Con frecuencia, se da la paradoja de que la familia, incluso siendo el principal agente de socialización, no desempeña un rol importante en la educación sexual de muchos jóvenes. Algunas ideas erróneas mantienen esta situación: “Los hijos aprenden por si solos”, “hablarles de sexo les incita a ser promiscuos”, “los jóvenes de hoy tienen buena información sexual por los medios de comunicación”, “a mí no me lo explicaron y acabé aprendiendo”, etc.

Pero, ¿en qué consiste la educación sexual en la familia? Pues bien, educar sexualmente a los hijos implica trasmitirles una serie de actitudes, conocimientos y habilidades específicas sobre la sexualidad que les permitan vivirla de la forma más saludable posible.

A continuación detallo los que deberían ser, a mi modo de ver, los principios básicos de la educación sexual en la familia.

Primer principio. Trasmitir una visión positiva de la sexualidad y de las relaciones humanas. La sexualidad es una función humana fundamental que, como tal, forma parte del bienestar personal y social de la persona. Vivir de manera saludable la sexualidad es un determinante esencial de la salud y la felicidad. Además, los padres deberían trasmitir la idea de que esto depende, fundamentalmente, de uno mismo.

Segundo principio. Vivir la sexualidad también puede conllevar algunos riesgos. Por ello, sin ser alarmista, es importante informar a los hijos de los posibles problemas para que puedan evitarlos o enmendar sus consecuencias negativas si estas aparecen. Así, es de gran importancia hablar con los hijos sobre las enfermedades de transmisión sexual, los abusos sexuales o los embarazos no deseados. Y, por supuesto, sobre cómo prevenir estos riesgos.

Tercer principio. Educar en, al menos, un par de reglas de oro para vivir mejor la sexualidad. La primera es el respeto. El respecto hacia uno mismo y hacia el otro permite vivir la sexualidad sin coacciones ni imposiciones, haciendo el sexo más libre y placentero. La segunda es la responsabilidad. Así, practicar la sexualidad de forma saludable implica necesariamente ejercer la libertad sexual con conocimiento y responsabilidad.

Son muy diversas las posibles formas de expresar la propia sexualidad. Una de ellas es su vivencia a través de Internet, sobre la cual aún contamos con poco conocimiento científico. Por ello, me gustaría invitaros a participar en una encuesta sobre las experiencias sexuales a través de las nuevas tecnologías. Solo tenéis que pinchar en este link y contestar de la manera más sincera posible. Solo lleva unos minutos: http://goo.gl/3s7aO

En la próxima entrada en el blog comentaré algunos de los resultados que obtengamos.

Sobre el efecto Pigmalión y la escucha activa

16 de Enero de 2013 | 12:36 pm por natalia

Esta entra ha sido escrita por Alba García Barrera, Profesora del área de educación del Departamento de Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).

Uno de los 10 consejos que se nos ofrecen desde el manual de buenas prácticas creado por Save the Children en relación a la parentalidad positiva y el buen trato, es la escucha activa.

Cuando nuestros hijos vuelven del colegio a menudo traen consigo una infinidad de anécdotas que les han sucedido a lo largo del día, y que a veces nos transmiten a través de una incesante verborrea que nos conduce a desconectar mentalmente de lo que nos están contando. Otros niños hacen justo lo contrario: no nos cuentan nada de lo que han hecho en clase o en el recreo, y si les preguntamos incluso afirman no acordarse.

Ese momento de reunión, en el significado más puro de la palabra (volver a unirse), es una magnífica ocasión para establecer lazos afectivos con nuestros hijos. No podemos desaprovechar su momento de protagonismo, de que nos cuenten lo que han hecho, lo que han aprendido, con quién han estado, a qué han jugado… Necesitamos escucharles y que se sientan escuchados. No debemos preguntarles y desconectar, o preguntarles y rendirnos sin una respuesta. Hay que fomentar el diálogo más sincero entre padres e hijos, la comprensión y la confianza mutua. Y eso sólo se logra mediante la escucha activa, la búsqueda del efecto espejo. Escuchar lo que nos cuentan y comprobar que hemos comprendido adecuadamente lo que nos quieren transmitir a través de la reformulación de lo que nos están planteando. Expresarlo con nuestras propias palabras o preguntarle por los puntos importantes que nos ha relatado, de modo que pueda comprobar que realmente le estamos escuchando.

Dicho diálogo diario genera una dinámica especialmente importante en la relación familiar. Promueve que nuestros hijos sientan la suficiente confianza para transmitirnos sus problemas, para contarnos sus preocupaciones, sus temores, sus sueños, sus anhelos… Y llegada la adolescencia, se convertirá en una gran herramienta que jugará a nuestro favor.

Cualquier crítica es mejor aceptada si viene de quienes nos escuchan y comprenden, de quienes están a nuestro lado tanto en lo bueno como en lo malo, de quienes también saben ver en nosotros lo positivo. Elogiar es igual de importante que regañar o castigar a nuestros hijos. Los límites entre lo aceptable y lo inaceptable se forman conociendo ambos. Si sólo reprendemos a nuestros hijos y no premiamos o reforzamos también sus conductas adecuadas, no sabrán cuándo están actuando bien, llegando a pensar que todo lo hace mal e incluso volviéndose insensibles a los castigos.

Aquí entraría en juego el denominado efecto Pigmalión negativo. Cuando lo único que le transmitimos a nuestros hijos son expectativas negativas acerca de lo que esperamos que pueden hacer, estamos consiguiendo que disminuya su autoestima, su autoconcepto y su autoeficacia. Su capacidad autopercibida será más pobre y sus expectativas de resultado se volverán más escasas. Sentirá que no es capaz de hacer la tarea que se le proponga, negándose incluso a intentar llevarla a cabo. Lo mismo sucede cuando se enfrenta a un problema y, al solicitar nuestra ayuda, se la ofrecemos sin más, sin comprobar si lo ha intentado y de qué forma, sin invitarle a volver a intentarlo con nuestro apoyo. Acto que además genera unos altos niveles de dependencia en los niños. Debemos buscar su autonomía, el desarrollo de sus habilidades y su potencial individual. En ningún caso debemos etiquetarles, quedarnos con la visión de que son malos, revoltosos, tímidos, mentirosos… Y, sobre todo, no transmitírselo en nuestra comunicación con ellos. Porque tal y como les veamos, es tal y como conseguiremos que sean y se comporten.

Papás y mamás, abuelitos y abuelitas, titos y titas. Es importantísimo que aprendamos a ver todo lo bueno que tienen nuestros hijos, todo lo que son capaces de llegar a hacer. Necesitamos escucharles y aprender de ellos. No somos sólo nosotros los que debemos enseñarles.

Las rabietas y los cambios

14 de Diciembre de 2012 | 4:31 pm por natalia

Rocío Bravo, mamá y autora del blog childrenareright.com, comparte con nosotros su experiencia desde Etiopía.

Me llamo Rocío, soy mamá desde hace año y medio, y en unos meses lo seré de nuevo. Vivo en África desde hace unos años, donde empecé mi aventura en mi inocente búsqueda de cambiar el mundo, y recientemente acabo de “montar el campamento” con mi pequeña familia en Etiopía.

Ya desde pequeña siempre quise trabajar con niños, y más tarde ese deseo se juntó con el de querer mejorar el mundo: así empezó mi carrera en la cooperación internacional. Sin embargo, de vuelta en casa por baja de maternidad, y con mi bebé en brazos, decidí dejar el trabajo por un tiempo indefinido. Pensé que, sobre todas las cosas, era mi nena la que más me necesitaba. Mi madre siempre me decía que no había que irse al fin del mundo para cambiarlo, y tenía razón. La forma de criar a mi bebé es mi forma de cambiar el mundo, y escribirlo es mi manera de transmitirlo.

Escribo sobre lo que vivo y siento en mi experiencia como madre en África.

En este caso, os dejo mis reflexiones sobre las rabietas en esta vida de destino cambiante que llevamos:

Todo el mundo habla de la temida época de las rabietas de los niños pequeños. Y como todo asunto que crea una incomodidad en nuestra vida diaria posterior a tener a nuestros retoños, existen libros al respecto. Yo no me he leído ninguno (por ahora) así que no soy ninguna experta en la teoría, pero puedo considerar que poco a poco me voy sacando el título de “Experta en mi hija”, después vendrá el master y quién sabe si el doctorado…

Mi nena ha tenido algunas rabietas, y he observado que van por momentos y por épocas. Los momentos suelen coincidir con una situación en la que me encuentro cansada, molesta, triste, irritable o algo parecido. Las épocas suelen encajar con períodos de cambios que hemos tenido en nuestra vida.

Por ejemplo, el otro día, después de que los obreros consiguieran arreglar las cosas de la casa (muchas no funcionaban, ocurre mucho por aquí), por fin pudimos salir a dar un paseo. Yo estaba algo débil y cansada, pero me dije que sería buena idea airearnos, así que sin darme cuenta, por el agotamiento acumulado y por desconocimiento de las condiciones del nuevo país donde vivimos, salí de paseo a la 12 del mediodía, a 2.300 metros de altura, con un sol espléndido, aire fresco, la nena y mi tripita incipiente. Fuimos andando tranquilamente, y al rato la nena decidió que se ponía en huelga sin previo aviso (que yo hubiera visto) colgándose del brazo, yo me empezaba a marear y estábamos a 10 largos minutos de casa. Lloros y sentada espontánea. Rabieta leve. ¿Qué hacer?

Pues decidí proceder como siempre: respirar profundo para tener ideas claras, y abrazar a mi nena, que si estaba así, por algo sería. Las dos nos calmamos, me la puse en la bandolera y me dirigí a casa despacito. Al poco, sus ojos se habían cerrado. Estaba agotada y no lo había visto. En realidad, yo también lo estaba.

A veces no vemos los detalles de lo que ocurre a nuestro alrededor e intentamos razonar con un niño pequeño en su momento irracional, cuando en realidad lo que necesita es un abrazo fuerte que le traerá tranquilidad. Y cuando la calma haya llegado, entonces y sólo entonces, se puede empezar a buscar el origen del problema empatizando, “dialogando” o cada cual a su manera (si se cambia niño pequeño por adulto, el método también funciona).

Adís Abeba, 6 de Noviembre 2012

¿Atrapados en la red?: Padres, hijos y nuevas tecnologías

8 de Noviembre de 2012 | 1:21 pm por natalia
Manuel Gámez-Guadix es investigador en el Dpto. de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos  de la Universidad de Deusto y profesor en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Quiere compartir con nosotros algunas reflexiones sobre las nuevas tecnologías y la parentalidad, de su colega la Doctora Fabiola Villa profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Durante este verano tuve el placer de coincidir con la Doctora Fabiola Villa. Además de investigadora en diversos temas y de profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Fabiola Villa es la mejor psicóloga clínica que conozco. Es experta en el uso de las nuevas tecnologías entre adolescentes y ha querido compartir para este blog algunas de sus reflexiones sobre este asunto. Concretamente, lo relativo al uso que los jóvenes hacen de Internet y las redes sociales, de sus riesgos y ventajas, y de cuál debe ser la respuesta educativa de los padres para fomentar un uso saludable de la red.

Aunque Internet conlleva importantes beneficios, Villa señala que “actualmente, el uso de internet es masivo e indiscriminado. No hay demasiada información sobre cómo usarlo de manera funcional sin que sustituya otras cosas importantes. Los adolescentes cada vez pueden vivir menos sin su teléfono o sin estar conectados”. Más específicamente, explica que “uno de los principales problemas es sustituir las relaciones cara a cara por las relaciones en el ciberespacio”, “dejar de hacer una vida vinculada a lo real”.

Un mal uso de la red también puede asociarse con otros problemas. Dejar de comer, de dormir suficientes horas, deterioro académico o el descuido de los hábitos de salud son la otra cara de la moneda. Además, la doctora apunta que las nuevas tecnologías pueden potencializar problemas como el cyberbullying. En este sentido, considera que “Internet y su anonimato hace más fácil que se permitan cosas que puedan acabar amenazando la seguridad, como por ejemplo, dar información indiscriminada sobre la vida privada o que todo el mundo sepa lo que uno hace en cada momento. Y esto puede exponer a diferentes riesgos.”

No obstante, Villa recalca que Internet también tiene grandes ventajas si su uso es adecuado. Algunas de ellas, entre otras muchas: acceder a la información, poder comunicarse con la gente que no necesariamente está aquí y ahora o brindar recursos para que el aprendizaje sea más sencillo. De igual forma, según me explica, Internet cumple una importante función ayudando a los adolescentes a regularse emocionalmente. La cuestión es cómo sacarle el mejor partido y evitar los problemas.

En esta tarea, “los padres tienen un papel determinante porque ellos son los principales promotores de cómo administran los hijos su tiempo. El tiempo ha de ser ocupado en diversas actividades, como el ocio, el descanso o el tiempo para interactuar con familia y amigos”, expone Villa. Para ello, “es esencial que los educadores y padres estén informados y conozcan  los alcances de Internet”.

Otro aspecto esencial es enseñar  a los hijos a distinguir entre lo que puede ser público y lo que debería ser privado en la red. “Internet y las redes sociales han contribuido a que se haga difícil discernir lo que todo el mundo puede saber de lo que es íntimo y personal y, por tanto, no deberíamos comunicar a cualquier persona”. La reflexión primordial consiste pensar si realmente queremos que conozcan la información que vamos a publicar todas las personas que van a tener acceso a ella.

Finalmente, Villa insiste en la importancia de basar el empleo de Internet en un uso más razonado. Y es que, como bien dice, no existe un protocolo exacto y aplicable a todos y cada uno de nosotros. La mayoría de las veces el uso responsable se basa en fomentar el sentido común y el conocimiento de los riesgos.

En definitiva, “Internet es algo que existe, cambia y exige de nuestra atención para hacer un buen uso de su ventajas y no quedar atrapados en sus problemas”, afirma Villa.

Gracias Fabiola por compartir conmigo, una vez más, tu conocimiento y reflexiones.

Si quieres saber más sobre cómo sacar el máximo partido a Internet mientras te proteges de posibles riesgos, visita nuestra web: www.deaquinopasas.org

Tres grandes mitos sobre la educación de nuestros hijos

19 de Julio de 2012 | 1:36 pm por natalia

El profesor de Psicología de la Universidad Deusto de Bilbao, Manuel Gámez Guadix, comparte esta entrada.

Mito nº 1. “Un cachete a tiempo evita males mayores”.

Numerosos estudios demuestran que el castigo físico no tiene, en el mejor de los casos, ninguna consecuencia positiva sobre la conducta de los menores. Sin embargo, sí puede conllevar diversos efectos negativos, como servir de modelo de agresividad o escalar hacia el maltrato (p.ej., palizas). Por otro lado, no usar el castigo físico no significa falta de control o de normas. Más bien lo contrario. Los niños necesitan control, supervisión y normas de forma constante, estrategias que son más eficaces que el azote y la bofetada. Además, a diferencia del castigo físico, estrategias como el refuerzo, el elogio o el razonamiento verbal son muy eficaces y deberían constituir el eje central de la disciplina aplicada a los hijos.

Mito nº 2. “Si un hijo nace de una determinada manera, los padres pueden influir muy poco en él”.

Si bien es verdad que las personas nacen con una serie de características biológicas que las definen, no menos cierto es que tales características no son inmutables. La personalidad y la conducta se van definiendo y modificando a través de su interacción con la familia y con el ambiente. De ahí la importancia de que esta interacción sea adecuada, ya que indudablemente afectará a las creencias, los valores o los comportamientos de los hijos.  No obstante, aunque los padres tienen una influencia fundamental, el comportamiento de los hijos depende en última instancia de otros muchos factores. En este sentido, a menudo se piensa que los hijos se pueden “traumatizar” con facilidad por cualquier cosa que hagan los padres. Es importante no ser catastrofistas en este sentido y ser consciente de que en ocasiones es inevitable cometer errores. Culpabilizar a los padres de todo lo que les ocurre a los hijos tampoco es realista ni adecuado.

Mito nº 3. “Cualquier conflicto entre padres e hijos es malo”

Los conflictos son una parte inevitable de las relaciones humanas, incluida la familia. Lo relevante no es que el conflicto tenga lugar, sino la manera en la que padres e hijos lo resuelven. Si se resuelve de manera adecuada, puede ser una forma de solucionar problemas y promover cambios positivos. Además, en muchos casos el conflicto es necesario porque permite exponer emociones y pensamientos, y aclarar posibles confusiones. El límite entre el conflicto saludable y el problemático lo marca la excesiva frecuencia, así como el uso del chantaje o la agresión física o verbal. En cualquier caso, la resolución del conflicto pasa por la comunicación eficaz entre padres e hijos, para lo cual tan importante como expresar, es saber escuchar.

Precioso spot de televisión de la campaña de 2008 “Tus manos son para proteger. Levanta la mano contra el castigo físico”, impulsada por el Consejo de Europa con la colaboración del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte.

Nuestros hijos nos quieren

20 de Junio de 2012 | 12:22 pm por natalia

Carlos González Rodríguez, pediatra y autor de varios libros sobre crianza, alimentación y salud infantil, comparte esta entrada sobre la paternidad.

Nuestro hijos nos quieren.

No quieren aprovecharse de nosotros ni tomarnos el pelo. No están “probando los límites” para encontrar un resquicio en nuestras férreas defensas. Nos obedecen casi siempre, y de hecho buscan a menudo nuestra orientación y aprobación. Nada les hace más felices que nuestras muestras de afecto, nada les duele más que nuestro enfado.

Criar hijos es fácil. Aunque sea el primero. No necesita estudios ni experiencia, porque todos tenemos experiencia. Tal vez no hayamos sido nunca padres, pero sí que hemos sido hijos. Durante muchos años.

Recuerde.

Recuerde qué hacía, qué sentía, qué cosas le alegraban y qué cosas le dolían. Intente mirar al niño que tiene con los ojos del niño que fue.

Nuestros hijos nos quieren con corazón puro, con fe inagotable, con total desinterés. Nos quieren como nosotros les queremos, sin exigencias y sin condiciones. No nos avergoncemos de quererles.

Actualizando Firmware Hijo a 2.0

20 de Junio de 2012 | 12:05 pm por natalia

La entrada ha sido escrita por el blogger y amigo Pepo Jimenez, @kurioso.

Decía Kant que el hombre no es más que lo que la educación hace de él.. Yo he necesitado tres hijos para darme cuenta de que Kant era un absoluto impostor. Los genes cuentan demasiado. Los hijos son seres independientes, autónomos pero emborrachados con la marca del ADN de sus progenitores. Llevan un firmware (software de fábrica) más ‘propietario’ que la peor de las manzanas de Apple. Intentar acceder a su API es un trabajo duro… pero imprescindible. Este sofware viene con importantes carencias y bases de datos que hay que rellenar. Los padres están para actualizar ese código con su experiencia vital. La educación de nuestros hijos no es más que la manera que tenemos de mejorar el software que nosotros heredamos de nuestros padres…

Este software tiene tres variables que no podemos tocar. El respeto, la tolerancia y la no violencia. Los que toman atajos infringiéndolas solo están generando un código malicioso. Un virus que transmitirán a las siguientes generaciones y que dificultará terriblemente la tarea educativa de actualización. Programar desde ese respeto es parte del software universal que tenemos que transmitir. Lo más difícil es saber programar cuando somos herederos de parte de ese código malicioso. Pero en el error está la ventaja. Un hijo enseñado a látigo cómo estudiar es un padre que ha descubierto un ‘bug’ que hay que aprender a depurar No hay padres ignorantes, ni educadores inexpertos sino progenitores que ignoran su pasado.

La mejor forma de educar a tus hijos pasa primero por reconocer, analizar y mejorar la forma en que te educaron tus padres.

Firmware 2.0 actualizado

Ser madre

20 de Junio de 2012 | 11:56 am por natalia

La periodista Ana Pastor, @anapastor_tve, comparte esta preciosa entrada.

Ser madre te convierte casi desde el primer minuto en una mujer más frágil y vulnerable a la que le asoman miedos jamás conocidos. Pero al mismo tiempo te otorga una fuerza sobrehumana que te hace creer que eres capaz de cambiar el mundo al que a tu hijo le ha tocado llegar. Cada paso, cada decisión personal o profesional que tomas lo haces pensando en el futuro de tu hijo. Que pueda sentirse orgulloso, te repites. Tu actitud ante la vida en los pequeños detalles en los que tus hijos estén presentes determinarán esa imagen que se formen de ti. Por eso es tan importante la coherencia. Hacer y decir lo mismo. Aunque te equivoques. Y cuando lo hagas  tener la valentía de  dar la cara y pedir perdón.  Y ahí aparece también la dignidad. Mi madre escribe y habla con dificultad porque nunca pudo estudiar, pero podría darnos lecciones a cualquiera si hablamos de ciertos valores. Ella siempre tuvo claro que si aceptas hacer cosas por debajo de tu dignidad habrás perdido tu único patrimonio.  Es una de las batallas que no se debe perder.

Otra de las cosas que como madre me obsesiona es cómo hacerle consciente, sin hacerle sentir culpable, del privilegio que supone haber nacido en un país como España. Ha nacido en una democracia y en mayor o menor medida tiene sus necesidades resueltas. Pero eso no es lo normal para millones de personas, para millones de niños que son exactamente iguales que él y que sin embargo, morirán antes de llegar a los 5 años por haber nacido, por ejemplo, en Níger. Por eso, para mi es importante que nunca dé nada por hecho.  Que sepa que su privilegio es circunstancial, que quizá hoy puede repetir merienda porque otros hacen una comida al día, que tirar la comida no debería formar parte de nuestra cotidianidad, que está sano porque le ponemos vacunas …etc…Que valore todo ello como algo extraordinario. La cuestión no es hacerle sentir culpable pero sí conseguir que cuando tenga edad suficiente contribuya a cambiar las cosas. Quejarse sólo no es suficiente.

El relato anterior suena bien, pero después hay que ponerlo en práctica. Y ahí empieza lo difícil. Ser madre es el mayor desafío al que me he enfrentado.  Se funciona a base de prueba-error. Muchas veces te asaltan las dudas: ¿demasiado dura? ¿demasiado flexible? Caerse y levantarse. Quizá esa sea  la única clave que yo conozco: no rendirse.